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El impacto social y económico que provoca en Brasil la leishmaniasis visceral —una enfermedad infecciosa, letal si no se trata, transmitida por la picadura de mosquitos del género Phlebotomus— aumentó 83 por ciento en los últimos 26 años, según un estudio publicado en la revista PLos Neglected Disease.
 
Hablar de “carga” de enfermedad significa ir más allá de las tradicionales estadísticas de mortalidad y morbilidad para reflejar los impactos sociales y económicos, a partir de indicadores como los años de vida perdidos por muerte prematura y los años vividos con incapacidades derivadas de la dolencia.
 
Según el estudio —el primero en analizar la carga de las leishmaniasis en las 27 unidades federativas brasileñas—, las regiones Nordeste y Sudeste del país se concentran los mayores valores de años de vida perdidos por muerte prematura para la leishmaniasis visceral, debido al proceso de urbanización de la enfermedad a partir de la década de 1990.
 
Esta enfermedad afecta principalmente a perros pero se transmite a los humanos. Anualmente se producen entre 700.000 y un millón de nuevos casos y entre 20.000 y 30.000 muertes.

“El aumento de la carga de la leishmaniasis visceral en Brasil revela la necesidad de medidas constantes de prevención y control de la enfermedad”, afirmo a SciDev.Net la bióloga Juliana Bezerra, del Laboratorio de Epidemiología de las Enfermedades Infecciosas y Parasitarias de la Universidad Federal de Minas Gerais, que integra el grupo Global Burden of Disease (GBD) Brasil.

Los datos muestran que en 1990, cinco estados brasileños —Mato Grosso do Sul (MS), Tocantins (TO), Rio Grande do Norte (RN), Maranhão (MA) y Piauí (PI)— presentaban las mayores tasas de años perdidos por muerte prematura para la enfermedad.

El aumento de la carga de la leishmaniasis visceral en Brasil revela la necesidad de medidas constantes de prevención y control de la enfermedad”.

Juliana Bezerra, Universidad Federal de Minas Gerais.

 
En el año 2000, ya eran diez: además de los cinco anteriores, aparecieron también Roraima (RR), Pará (PA), Ceará (CE), Pernambuco (PE) y Paraíba (PB).
 
En 2016, llama la atención la presencia en este ranking del estado de Minas Gerais (MG), ubicado en la región más desarrollada del país.
 
“El actual panorama del país, de baja inversión en investigación, contribuye con ese nuevo escenario. La preocupación es que, con la expansión de la leishmaniasis visceral que afecta a los perros en el país, en breve otras regiones —como, el estado de São Paulo— presenten un aumento de la carga de la enfermedad”, añadió Elisa Cupolillo, experta del Laboratorio en Investigación en Leishmaniasis del Instituto Oswaldo Cruz, que actúa como servicio de referencia en identificación y genotipado para la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
 
La investigación también analizó impactos de otros tipos de leishmaniasis, La cutánea y la mucocutánea, que afecta a la piel y a la mucosa, respectivamente, destruyendo los tejidos.
 
Para estos tipos, los mayores valores de años de vida perdidos por incapacidad se registraron en la región Norte, debido a las condiciones ecológicas, sociales y migratorias que favorecen la ocurrencia de esas formas clínicas.
 
Según Bezerra, el estudio de la carga de las leishmaniasis en las 27 unidades federativas puede ayudar a comprender mejor las diferencias regionales y decidir qué medidas tomar en cada caso.
 
“Esto es importante para el establecimiento de un sistema de vigilancia adecuado, para la adopción de medidas de control más efectivas y puntuales, la dirección del uso racional de recursos disponibles, y la toma de decisiones destinadas a reducir la transmisión de los parásitos”, afirma la autora principal del artículo.


Figura - taxa de YLL para Leishmaniose Visceral e taxa de YLD para leishmaniose cutânea e mucocutânea nos estados brasileiros
Tasas estandarizadas por edad de años de vida perdidos por leishmaniasis visceral (A) y años vividos con discapacidad por leishmaniasis cutánea y mucocutánea (B) por 100.000 habitantes entre 1990, 2000 y 2016 considerando las unidades federadas de Brasil.
Crédito: cortesía.

En cuanto a las franjas por edad, los resultados muestran que los menores de 10 a 14 años son los que presentaron mayores valores de años de vida perdidos por muerte prematura debido a esta enfermedad.
 
Esto significa que si un niño muere con sólo un año debido a este tipo de leishmaniasis en un estado donde la expectativa de vida es de 60 años, serán 59 años perdidos por muerte prematura.
 
Para la leishmaniasis cutánea y mucocutánea los años de vida perdidos por incapacidad son un poco más altos en las edades de 75 a 79 años o más.
 
Las estimaciones del estudio fueron generadas a partir de los bancos de datos sobre mortalidad, notificación por enfermedad e informaciones hospitalarias y ambulatorias obtenidas por el Sistema Único de Salud brasileño.
 
Cupolillo resalta la importancia del estudio en revelar los impactos sociales y económicos de la enfermedad pero usando datos ya existentes. “El estudio trae una información que ya conocíamos, pero que estaba oscura. La enfermedad impide que la población trabaje, hace que los niños mueran rápidamente, aumenta los estigmas sociales de los individuos incapacitados, afecta el sistema de salud y causa impactos en la economía, ya que esa población no contribuye a la generación de recursos”, analiza.
Mortalidad y morbilidad
Según un estudio de 2016, publicado en el Boletín de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 2000 y 2011 murieron en Brasil 76.847 personas como consecuencia de las llamadas enfermedades tropicales olivadas, aquellas que atraen poco interés de la industria farmacéutica y afectan principalmente a los países más pobres. La enfermedad de Chagas, la esquistosomiasis y la leishmaniasis fueron las que más muertes causaron.
 
La leishmaniasis visceral está presente en 12 países de las Américas, y Brasil responde por 96 por ciento de los casos reportados en el continente (de 4.200 a 6.300 casos por año). En tanto, la forma cutánea se registra en 20 países del continente, y es endémica en 18 de ellos.
 
A lo largo del período estudiado, 84.922 casos de la forma visceral fueron confirmados en Brasil —de ellos 7,4% fatales en 2016—, mientras que 687.780 casos de leishmaniosis cutánea y mucocutánea fueron notificados, con baja tasa de mortalidad pero alta incapacidad.


Enlace al estudio en PLOS Neglected Tropical Diseases