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La hepatitis llegó a América en distintas épocas, que coinciden con las corrientes migratorias euroasiáticas que recibió el continente. Así lo dedujo un estudio de investigadoras brasileñas que investigó el origen y diseminación de la hepatitis B genotipo D en nuestra región.
 
El D es uno de los diez genotipos descritos para el virus de la hepatitis B (identificados con letras de la A a la J), cada uno de los cuales difiere en cuanto a su distribución geográfica y su potencial de afectar la evolución clínica de la enfermedad.
 
Las conclusiones del estudio de reconstrucción, publicado en PLOSOne, son varias y concurrentes con los movimientos masivos de personas y sus resultados son importantes en contextos de alta migración como los actuales.

Conocer cómo el virus se dispersó y diseminó a través del tiempo puede ser útil para prevenir situaciones similares, sobre todo en lugares con altos niveles de transmisión”.

Natalia Araujo - Laboratorio de Virología Molecular del Instituto Oswaldo Cruz, Brasil.


Mostró, por ejemplo, que Siria es la ubicación original más probable de la variedad D1, tanto para Brasil (que tiene la colonia árabe más grande del mundo fuera del Medio Oriente; mayormente de Siria y el Líbano) como para Argentina, donde se introdujo tardíamente a principios de la década de 1980.

Para la variedad D2, el origen pudo haber sido Europa central y oriental (Estonia, Polonia, Rusia y Serbia), a través de migrantes posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El origen del D3 se marca en Italia y España, y se dispersó por Sudamérica, con Brasil como punto de derivación desde fines del siglo XIX y principios del XX.
 
El cuarto subgenotipo se originó en la isla de Martinica, ya que afecta sobre todo a descendientes de poblaciones africanas esclavizadas, desde donde se dispersó a Sudamérica. Cuba fue el único país donde se obtuvo presencia de los cinco subgenotipos, dada la interacción de la isla con diferentes países a lo largo de los años.

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Virus en 3D de la hepatitis B.
Crédito: Pixabay.
 
“El principal descubrimiento es que el genotipo D se introdujo en las Américas a través de diferentes vías de dispersión durante los siglos XIX y XX, lo que coincide con los movimientos migratorios masivos hacia este continente”, dijo Natalia Araujo, investigadora del Laboratorio de Virología Molecular del Instituto Oswaldo Cruz y autora principal del estudio.

La hepatitis, cuyo día mundial se celebró por novena ocasión el domingo 28 de julio, es un mal que afecta a los humanos desde hace por lo menos siete mil años y un problema de salud pública importante.

Según la OMS, 257 millones de personas en todo el mundo viven con hepatitis B y unos 70 millones con la C, pese a que existe una vacuna y tratamientos antivirales. Las hepatitis virales –que se pueden transmitir de diversas maneras– son las hepatitis A, B, C, D y E y causan en conjunto un millón de muertes al año. Araujo dijo que lo que le sorprendió fue la coincidencia de los análisis genéticos con los datos históricos de los movimientos de migración masiva al continente, “por lo tanto, nuestra reconstrucción espaciotemporal está en condiciones de proveer un escenario epidemiológico realista, y confirma la utilidad de las herramientas bioinformáticas que usamos para la reconstrucción de la historia evolucionaria de la hepatitis B”.

Beatriz Ameigeiras, jefa de Hepatología del Hospital Ramos Mejía, en Buenos Aires dijo a SciDev.Net que el estudio “es muy importante desde lo filogenético, aunque no tendrá implicancia clínicas directas de momento”. La filogenia estudia las relaciones de parentesco de las especies lo que lleva a determinar su origen y desarrollo evolutivo.

“Se tomaron 39 pacientes de Brasil infectados con distintos subgenotipos que fueron secuenciados y analizados. La reconstrucción sugirió un antecesor común para el virus en América que coincidió con los movimientos migratorios en América”, comentó Ameigeiras, que no participó del estudio y es ex presidenta de la Asociación Argentina para el Estudio de Enfermedades del Hígado.

Según Araujo, el estudio sí puede servir para la prevención: “Conocer cómo el virus se dispersó y diseminó a través del tiempo puede ser útil para prevenir situaciones similares, sobre todo en lugares con altos niveles de transmisión”, subrayó.

Enlace al estudio completo en Plos One

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