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Dos fármacos contra la epilepsia y afecciones cardíacas, un diurético y una droga para el asma, además de otros betabloqueantes y drogas psiquiátricas son algunos de los 17 fármacos cuya presencia fue detectada en el tejido muscular de peces de consumo habitual capturados en el Río Uruguay, compartido entre Uruguay y Argentina, según constató un estudio.

Disponible en línea y previsto para publicarse en Environmental Pollution (septiembre), el estudio analizó ejemplares de boga (Megaleporinus obtusidens), el sábalo (Prochilodus lineatus) y el dorado (Salminus brasiliensis), especies migratorias características de la cuenca del Río de la Plata, con movimiento estacional entre los ríos Uruguay, de La Plata y Paraná.

La investigación incluyó la toma de 94 ejemplares en sitios cercanos a ocho localidades de Argentina y Uruguay situadas en un radio de 500 km a lo largo del río Uruguay. Del total de la muestra se tomaron nueve ejemplares por cada especie elegida y para cada sitio de muestro, y se analizó el tejido muscular.

En bajas concentraciones, en la mayoría de las muestras se encontró carbamazepina (92 por ciento) y atenolol (62 por ciento), fármacos empleados contra la epilepsia y el trastorno bipolar, y la hipertensión, respectivamente. En mayor concentración detectaron una droga de uso psiquiátrico (2-Hydroxy Carbamazepina) y un diurético (Hydrochlorothiazide), aunque con menos frecuencia (23 y 31 por ciento de las muestras).

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Crédito: M. Rojo et al.

“La boga presentó las concentraciones más altas, y mayor cantidad de fármacos”, dijo Pedro Carriquiriborde, del Centro de Investigaciones en Medio Ambiente de la Universidad Nacional de La Plata, quien lideró la investigación

Según el trabajo, esto podría deberse a que este pez omnívoro se alimenta, en las últimas décadas, de una especie invasora proveniente de China y sudeste de Asia, conocida como mejillón dorado (Limnoperna fortunei), que en su etapa juvenil habita en la parte baja de los cuerpos de agua (donde se acumulan sustancias).

“El estudio demuestra que los fármacos que consumimos, y luego eliminamos en la orina o heces, terminan en los ecosistemas acuáticos y se acumulan en peces”, destacó a SciDev.Net Carriquiriborde.

Por el momento, las concentraciones detectadas están por debajo de las recomendaciones observadas en la bibliografía, por lo que su consumo no representa un riesgo sanitario. Sin embargo, Alejandra Volpedo, que no participó en la investigación e integra el Centro de Estudios Transdisciplinarios del Agua en la Universidad de Buenos Aires (UBA), señaló a SciDev.Net que “el trabajo es un llamado de atención sobre el impacto que tienen los emplazamientos urbanos que no tratan (o lo hacen parcialmente) sus efluentes, y son recibidos por el Río Uruguay, con el consiguiente impacto en la biota acuática”. El estudio también analizó la potencial concentración de los fármacos a lo largo de la cadena trófica (biomagnificación), pero a diferencia de lo que sucede con el mercurio, que se acumula en animales más grandes, el dorado —especie considerado como predador tope— no presentó una concentración mayor de fármacos que otras especies que conforman su dieta.

Volpedo —que dirige el Instituto de Investigaciones en Producción Animal (INPA) de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA— mencionó que si bien las muestras estudiadas son escasas, son un ejemplo del impacto que producen las actividades humanas en una zona tan superpoblada como la Cuenca del Plata.

Gustavo Somoza, del Instituto Tecnológico de Chascomús, afirmó que es importante “despertar en la comunidad la idea de que todas las sustancias que producimos y consumimos tienen como destino final las aguas a las que se vuelcan los residuos y, por consiguiente, a las especies que las habitan”.

Somoza dijo a SciDev.Net que “se precisan más estudios para evaluar el riesgo ambiental y el efecto sobre los peces”.

> Enlace al resumen del estudio en Environmental Pollution

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