Republicar

Sin costo alguno, usted o su medio pueden publicar este artículo en línea o de manera impresa, gracias a nuestra Licencia de Atribución de Creative Commons. Lo animamos a hacerlo siguiendo estas sencillas instrucciones:
  1. Dar el crédito a los autores.
  2. Dar el crédito a SciDev.Net y si le es posible incluir nuestro logo y un enlace al final que lleve al artículo original.
  3. Puede también publicar las primeras líneas del artículo y luego añadir: "Lea el artículo completo en SciDev.Net" e incluir un enlace al artículo original.
  4. Si además quiere tomar las imágenes que publicamos en esta historia, deberá confirmar con la fuente original si le permite hacerlo.
  5. El modo más fácil de publicar este artículo en su sitio es usando el código que incluimos a continuación.
Para mayor información revise nuestras instrucciones de reproducción y la página de medios.

The full article is available here as HTML.

Press Ctrl-C to copy

A pesar de no ser establecimientos autorizados para vender medicamentos, en Guatemala muchas tiendas de abarrotes ofrecen antibióticos sin receta médica y sin información importante que garantice su calidad, reportó un grupo de investigadores de la Universidad del Valle de Guatemala.

“Esa demanda de medicamentos tiene mucho que ver con problemas de acceso a la salud”, dijo a SciDev.Net Purificación Moreno, principal autora del estudio.

“Para tener un medicamento por la vía formal hace falta una consulta médica y en algunos sitios los puestos de salud están a tres horas de camino desde algunas casas”, explicó.

En la investigación, publicada en la revista Plos One, llevada a cabo entre 2016 y 2019, el grupo concluyó que la venta libre de estos medicamentos en las tiendas es resultado de regulaciones laxas por parte del gobierno, así como de la demanda de personas que acuden a estos establecimientos en lugar de ir a clínicas y farmacias.



Moreno y sus colegas identificaron a través de imágenes satelitales las zonas con mayor densidad poblacional, censaron las tiendas de cuatro ciudades del país, incluyendo la capital, y las visitaron una a una para encuestar a cada tendero.

De las 443 tiendas que visitaron, encontraron venta de antibióticos en 295 (67 por ciento). Entre ellos, los más disponibles fueron la amoxicilina, en 86 por ciento, y la tetraciclina, en 66 por ciento, dos medicamentos que la gente usa con frecuencia para tratar síntomas respiratorios y estomacales, respectivamente.

De acuerdo con el estudio, los medicamentos se venden por unidad, a muy bajo costo (USD 0.25 centavos) y sin información importante como la fecha de vencimiento, la dosis, las instrucciones para tomarlo o el laboratorio fabricante. “En resumen, un producto sin la garantía de calidad que debería tener para su venta”, dice Moreno.

A partir de agosto de 2019, se emitió una ley que obliga a los establecimientos formales, como las farmacias, a dispensar antibióticos solo con receta médica. Sin embargo, como las tiendas nunca han estado autorizadas legalmente a vender medicamentos, los investigadores creen que la ley no propició ningún cambio, una hipótesis que verificarán en un estudio que está en curso.

“Anecdóticamente sabemos que la venta de antibióticos sigue disponible, incluso en algunas tiendas nos han comentado que ha aumentado la venta por efecto de la pandemia”, dice la investigadora. Aunque no fue el tema de la investigación, los especialistas identificaron que la alta disponibilidad de antibióticos provoca impactos a la salud por el uso indebido de medicamentos así como la dispersión de la resistencia antimicrobiana, un problema que ya ha sido documentado en el país, especialmente en los hogares en condiciones poco higiénicas.

Los autores también consideran que no es un asunto exclusivo de Guatemala. “Creemos que es un problema que existe en todo Latinoamérica, pero con muy poca investigación objetiva”, comenta Moreno.

Desde 2003, se ha reportado entre comunidades migrantes en Estados Unidos la compra de antibióticos sin receta en bodegas locales (pequeñas tiendas); y también la costumbre de compartir antibióticos entre familiares o amigos.

El infectólogo Uri Torruco, del Programa de VIH de la Secretaría de Salud en México, destaca que la venta de medicamentos en establecimientos no autorizados en ese país aún no está documentada, pero un problema paralelo es la falta de entrenamiento a los médicos para prescribir antibióticos de manera adecuada.

“Enmascaran enfermedades que ni siquiera son de antibiótico; le dan antibióticos a un paciente con COVID-19 y le hacen perder dos días para ver si funcionó (…) o un dolor abdominal que se interpreta como una diarrea termina siendo una apendicitis”, señaló Torruco a SciDev.Net.

“Para tener un medicamento por la vía formal hace falta una consulta médica y en algunos sitios los puestos de salud están a tres horas de camino desde algunas casas”.

Purificación Moreno, Universidad del Valle de Guatemala

Por eso, añadió, está bien restringir el acceso (informal) a los antibióticos para obligar a la gente a que acuda al médico, “pero si no se entrena a los médicos, el problema sigue siendo el mismo: la prescripción inapropiada de antibiótico”.

Con algunas excepciones, en América Latina y El Caribe en general “todos tenemos el mismo problema: muy pocos médicos per cápita. Es solo es un símbolo de la desigualdad en general, que ofrece acceso a la salud a un grupo limitado de personas que tienen dinero para pagarla y a la población en general se le limita”, afirmó.

“Eso explica el por qué en la región hemos tenido tanta enfermedad y expectativas de vida más baja en que otras regiones”, concluyó Torruco.

> Enlace al estudio en PlosOne

Temas relacionados