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Científicos brasileños han identificado las vías bioquímicas relacionadas al proceso inflamatorio que ocurre en la placenta de las embarazadas afectadas por malaria. Además, han logrado bloquear sus efectos con un antiinflamatorio usado comúnmente para enfermedades reumatoides.
 
Si bien los hallazgos son alentadores para el desarrollo de nuevas estrategias de tratamiento contra la enfermedad, aún se requerirán nuevos estudios antes de aplicarlos a las embarazadas, advierten los investigadores.
 
“La malaria placentaria ocurre cuando el parásito logra ingresar a la placenta”, explica Silvia Beatriz Boscardin, bióloga del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de São Paulo. “Al hacerlo, activa una respuesta inflamatoria del sistema inmunológico que termina por desregular el intercambio de nutrientes entre la madre y el feto”.
 
Este proceso representa un grave riesgo para la salud de la madre y el feto, especialmente en áreas endémicas de países en desarrollo.
 
Tan solo en el continente africano, la malaria gestacional causa alrededor de 100.000 muertes infantiles por año, especialmente de recién nacidos. Algunos estudios estiman que puede causar entre 75.000-200.000 muertes infantiles en la región del sub Sahara africano. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la clasifica como uno de los mayores problemas de salud pública en el mundo.

“Los hallazgos son importantes porque han demostrado que un medicamento ya existente, aprobado para su uso en humanos, es capaz de prevenir la desregulación de los transportadores de nutrientes [a la placenta]”.

Silvia Beatriz Boscardin - Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de São Paulo.

 
Aunque los investigadores sabían que algunos componentes del parásito podían inducir esta inflamación, en el estudio se observó que las embarazadas infectadas por Plasmodium falciparum que alumbraron bebés con bajo peso tenían placentas con concentraiones más elevadas de interleucina 1 beta (IL-1β), un marcador inflamatorio producido en respuesta a la activación de un conjunto de proteínas del sistema inmune llamado inflamasoma.
 
Esa fue la conclusión de un estudio de seguimiento de dos años en el estado de Acre, norte de Brasil, que incluyó a 600 mujeres embarazadas. Esa región es muy afectada por diferentes especies de Plasmodium, el parásito que causa la malaria, incluyendo el P. falciparum, la especie más virulenta del parásito y causante del mayor daño a la placenta.
 
Posteriormente, los investigadores llevaron a cabo una serie de experimentos en laboratorio con roedoras embarazadas infectadas con P. berghei, que causa malaria en ratones. El equipo verificó que su sistema inmunitario rápidamente detectó señales de peligro dentro de las células infectadas y activó el proceso inflamatorio para combatirlo, pero al hacerlo terminó afectando el intercambio de gases y nutrientes que se realiza por el tejido placentario.
 
“La alta concentración de IL-1β en la placenta disminuyó la producción de las moléculas responsables de entregar estos nutrientes a esa membrana, lo que condujo a un retraso en el desarrollo de los fetos, al parto prematuro y al aborto”, explicó a SciDev.Net Cláudio Marinho, autor principal del estudio publicado en Science Advances.

enfermera y bebé
Niños con bajo peso al nacer son una de las secuelas de la malaria gestacional.
Crédito de la imagen: OPS/Flickr [CC BY-NC 2.0].
 
Las roedoras embarazadas presentaron problemas similares a las mujeres embarazadas infectadas por P. falciparum, tales como baja supervivencia embrionaria. “La inflamación afectó el espacio intrauterino y cambió la fisiología de la placenta”, afirmó Marinho, inmunólogo del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de São Paulo.
 
Sin embargo, los investigadores lograron bloquear los efectos adversos de la malaria gestacional administrando un medicamento llamado Anakinra, comúnmente utilizado para tratar la artritis reumatoide y como terapia no autorizada para la gota.
 
“Como observamos que la vía inflamatoria se desregula tras la infección causada por la malaria durante el embarazo y que esta vía culmina en la producción de altos niveles de IL-1β, pensamos que sería interesante probar el uso de la Anakinra para controlarla”, precisó Marinho.
 
El resultado fue positivo, revirtiendo el daño a la placenta en las ratonas. “La Anakinra actúa bloqueando precisamente la IL-1β”, aseguró.
 
“Los hallazgos son importantes porque han demostrado que un medicamento ya existente, aprobado para su uso en humanos, es capaz de bloquear la señalización de IL-1β y prevenir la desregulación de los transportadores de nutrientes”, dice Boscardin, que no intervino en el estudio. Ricardo Tostes Gazzinelli, bioquímico de la Fundación Oswaldo Cruz en Minas Gerais, comenta a SciDev.Net que el proceso inflamatorio que tiene lugar en la placenta de las mujeres afectadas por la malaria durante el embarazo “no era muy conocido”, lo que obstaculizó el desarrollo de nuevas estrategias de tratamiento para esta forma de la enfermedad.
 
“El estudio de Marinho ha aclarado este mecanismo y también ha demostrado que un medicamento de uso común puede apoyar el tratamiento de mujeres embarazadas con malaria”, agrega. “Eso significa que otros medicamentos antiinflamatorios podrían usarse de la misma manera”.
 
En cuanto al desarrollo de una vacuna contra la malaria placentaria, Boscardin señala que los investigadores de todo el mundo están llevando a cabo diversos ensayos clínicos. La idea es que la vacuna conduzca a la inducción de anticuerpos capaces de neutralizar el implante de los glóbulos rojos infectados en la placenta.
 
“Sin embargo, el problema radica en evaluar la efectividad de la vacuna porque no es posible, ni es ético, desafiar a los parásitos de la malaria en mujeres embarazadas para probar si funcionó", explica.
 
Boscardin agrega que la estrategia sería inmunizar a las mujeres que viven en áreas endémicas con la vacuna y esperar a que queden embarazadas y eventualmente contraigan malaria por P. falciparum para evaluar si la vacuna ha funcionado.
 
“Debido a todos estos desafíos, creo que una vacuna contra la malaria placentaria no estará disponible en un futuro muy cercano”, concluye.
 
El estudio publicado en Science Advances fue apoyado por FAPESP, donante de SciDev.Net.
 
> Enlace al artículo en Science Advances

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