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El virus del zika dificulta la formación de colágeno en el cerebro de fetos cuyas madres se infectaron con la enfermedad durante el embarazo, según un nuevo estudio.
 
Ello explicaría las graves complicaciones en la primera infancia y la muerte de bebés con microcefalia, señala la investigación publicada en la revista Science Signaling (9 de junio). La falta de colágeno también puede producir una malformación genética denominada artrogriposis, que causa contracturas articulares en el feto.
 
El colágeno es crucial para el sistema circulatorio porque regula la compresión de los vasos sanguíneos. Buena parte del colágeno del cerebro humano se encuentra dentro del tejido venoso.
 
Sin embargo, no todos los bebés de madres infectadas con zika presentan problemas graves al nacer. Y las muertes de recién nacidos bajo esta condición ocurren en aproximadamente el uno por ciento de quienes desarrollan el síndrome de zika congénito.
 
“En un estudio previo habíamos observado que las madres con mutaciones raras en sus genes de colágeno tenían más posibilidades de tener bebés con microcefalia si se contagiaban con el virus del Zika”, precisa Renato Aguiar, investigador de la Universidad Federal de Minas Gerais y autor principal del estudio en una entrevista telefónica con SciDev.Net.
 
“Y en este estudio descubrimos que el virus afecta a los genes que forman el colágeno en el feto. La combinación de estos dos factores conduce a casos muy graves del síndrome de zika congénito y pueden llevar inclusive a muerte infantil”, prosigue.
 
Para llegar a esta conclusión, el equipo de científicos brasileños estudió ocho neonatos que murieron menos de dos días después de su nacimiento debido a complicaciones graves relacionadas con el virus del Zika, en Rio de Janeiro y Campina Grande, al noreste de Brasil, entre 2015 y 2016. La principal causa de muerte en todos ellos fue falta de oxígeno en el cerebro, causado por el mal funcionamiento de sus venas.
 
En esos años, Brasil fue el epicentro de una epidemia de zika con un número importante de bebés nacidos con el síndrome de zika congénito. Según el Ministerio de Salud del país, 3.496 nacieron con esa condición entre 2015 y 2019, 72 de ellos en 2019. En lo que va de este año, se han notificado más de 3.500 casos probables de infección por Zika al Ministerio.
 
Según Agiar, estos resultados serán de utilidad para proporcionar cuidados prenatales a las embarazadas en las zonas endémicas de Zika.

Avances en la vacuna

De otro lado, un estudio publicado en la revista Science Translational Medicine (10 de junio) analizó dos vacunas candidatas contra el zika, actualmente en fase de ensayos en animales y en humanos, y descubrió que una de ellas es más efectiva porque ataca al virus en su forma madura, cuando ya se ha vuelto efectivamente infeccioso, incluso si los virus que aún no han madurado completamente también pueden causar infección.
 
La vacuna-candidata estimula la producción de anticuerpos neutralizantes —o mecanismos de defensa natural— que funcionan como llaves que reconocen y se ajustan a los “sitios de bloqueo” específicos, denominados epítopos, que se encuentran en la superficie del virus adulto. Los ensayos clínicos en ratones, primates y humanos han demostrando que una vez que el anticuerpo encuentra el “bloqueo” reconoce al virus como una amenaza y puede combatirlo.
 

“El uso de vacunas en las mujeres embarazadas en algo que tiene que estudiarse muy cuidadosamente. La manera más fácil de proteger a estas mujeres es hacerlas inmunes al zika incluso antes de que queden embarazadas”.

Theodore Pierson, Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, Estados Unidos


El hallazgo pone de relieve que una vacuna que tenga como objetivo neutralizar las partículas maduras del virus del zika podría ser efectiva contra la enfermedad, dijo a SciDev.Net en entrevista vía zoom, Theodore Pierson, jefe del laboratorio de Enfermedades Virales del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos y coautor del estudio.
 
Sin embargo, aclaró que “el uso de vacunas en las mujeres embarazadas en algo que tiene que estudiarse muy cuidadosamente. La manera más fácil de proteger a estas mujeres es hacerlas inmunes al zika incluso antes de que queden embarazadas”.
 
El desarrollo de una vacuna está en marcha pero podría tomar algún tiempo. “Hay un estudio clínico actualmente en fase dos en las Américas (Estados Unidos, Puerto Rico, Brasil, Perú, Costa Rica, Panamá y México) que nos dirá más sobre la seguridad de la vacuna, pero para un mayor desarrollo de esta candidata se requerirá de la inversión de algún grupo interesado en llevarla a la siguiente etapa para investigar su eficacia”, afirmó Pierson.
 
La eficacia de una vacuna contra el zika es difícil de establecerse. Pierson subraya que para estudiar su seguridad y eficacia, los investigadores necesitan observar los efectos de la vacuna en un gran número de personas, pero ahora hay menos infecciones que en 2016.
 
“Por lo tanto todavía enfrentamos incógnitas y algunos desafíos sobre cómo pasar de vacunas- candidatas seguras a efectivas, y estos se están trabajando en los desarrollos clínicos de las vacunas tanto en la academia como en la industria”, sostiene el investigador.
 
“Ambos estudios prueban, de una forma muy elegante, un fenómeno que los virólogos ya sabían desde una perspectiva práctica, pero que no se había confirmado con tal suficiencia”, indica por teléfono Fernando Spilki, presidente de la Sociedad Brasileña de Virología, quien no formó parte de ninguno de los estudios.

Observa que la investigación de los Estados Unidos muestra que es de vital importancia estudiar los anticuerpos neutralizantes para desarrollar vacunas. “Una técnica usada en vacunas antiguas como la de la polio, que todavía sigue siendo muy efectiva, muestra la eficacia de este método”, asegura.
 
Y añade que el estudio brasileño explica “no solamente el síndrome del zika en sí mismo sino también por qué hay una gradación entre los bebés que no tienen signos de la enfermedad y otros que apenas llegan a nacer o tienen otros graves problemas de desarrollo”.
 
Los niños con microcefalia requieren una intensa terapia.
Crédito de la imagen: Sumaia Villela/Agencia Brasil. Imagen en el dominio público.


Otras preocupaciones

La propagación del Aedes aegypti a otras latitudes también es motivo de preocupación. El mosquito se está movilizando más rápido de lo que esperaban los epidemiólogos y hay brotes más pequeños en el sur de Brasil. “Como el zika no es una enfermedad endémica en esas regiones, la población no tiene defensas naturales contra ella”, explica Spilki.
 
“Además, estamos afrontando una incidencia impresionante de dengue (más de 800.000 casos probables hasta inicios de junio, según el Ministerio de Salud de Brasil) y chikungunya (casi 37.000 casos probables) que se hicieron más difíciles de afrontar debido a la pandemia de COVID-19. Ninguno de estos virus van a desaparecer y tendremos que lidiar con ellos”, advierte.
 
La investigación sobre el zika y otros virus similares no ha desaparecido de nuestra vista y sigue siendo una prioridad, afirma. Pero para enfrentar estos virus –así como al nuevo coronavirus– es fundamental que la investigación tenga un apoyo financiero sostenido y de largo plazo.
 
“No sería posible tener artículos como el de Aguiar si no hubiera un esfuerzo concertado de inversión pública para hacer frente a la epidemia de zika que teníamos entonces, y parte de la respuesta al nuevo coronavirus se está construyendo basándose en el esfuerzo que se hizo en ese momento”, explica Spilki.
 
Observa que si bien actualmente hay apoyo a la investigación de la COVID-19, esto es síntoma de un problema más profundo. “Es triste decirlo, pero parece que el estudio de las epidemias virales depende de las emergencias públicas de salud para que reciban un impulso”, indica.
 
“Esto está lejos de ser lo ideal: debería haber continuidad en la financiación para que podamos responder más rápido y mejor a los brotes cuando aparecen, y surgirán más porque estos virus son un problema perenne en Brasil y América Latina”, advierte.
 
El estudio de Aguiar y su equipo sobre los efectos del virus del zika en el colágeno de bebés recibió apoyo de FAPESP, donante de SciDev.Net.

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