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Entre enero y junio de este año, en Paraguay solo fue diagnosticado 40 por ciento de los casos de tuberculosis respecto de igual lapso del año anterior debido al impacto de COVID-19 en las estrategias de control de la enfermedad, según datos registrados por el Programa Nacional de Tuberculosis del Ministerio de Salud de ese país.

En Paraguay, lejos de ser una enfermedad erradicada, la tuberculosis (TB) es motivo de preocupación sanitaria y sigue afectando a miles de personas.

De acuerdo con datos de un estudio publicado en la Revista Panamericana de Salud Pública que analizó los factores que conspiran contra el éxito del tratamiento, entre enero de 2016 y marzo de 2017, 30 por ciento de los enfermos de TB en Paraguay no tuvo un tratamiento exitoso, un porcentaje que supera el promedio en las Américas (24 por ciento) y se acerca al doble del porcentaje mundial (18 por ciento).

La investigación también halló que estar infectado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), consumir alcohol o drogas ilícitas, ser hombre, indígena, tener más de 55 años, y haber iniciado y abandonado la medicación antituberculosa, son los principales factores de riesgo asociados a un tratamiento no exitoso.

Los tratamientos no exitosos son considerados aquellos en los que no hubo seguimiento de la enfermedad (la medicación suele suministrarse a lo largo de meses), fracasó el tratamiento, o falleció el paciente.

“Es preciso hacer una revisión de las estrategias dirigidas a poblaciones vulnerables con un enfoque interinstitucional, multisectorial e intercultural a fin de poner énfasis en la co-infección TB-VIH, el abuso de sustancias, y otras comorbilidades”

Ivonne Montiel, Programa Nacional de Control de la Tuberculosis, Paraguay

Para Ivonne Montiel, coautora de la investigación e integrante del programa Nacional de Control de la Tuberculosis, “el abordaje desde el sector de la salud es muy limitado”. “Es preciso hacer una revisión de las estrategias dirigidas a poblaciones vulnerables con un enfoque interinstitucional, multisectorial e intercultural a fin de poner énfasis en la co-infección TB-VIH, el abuso de sustancias, y otras comorbilidades”, señaló Montiel.

Por su parte, el neumonólogo José Fusillo, quien no participó en la investigación, dijo que la importancia de sus resultados radica en “puntualizar exactamente cuáles son los déficit por los cuales los pacientes dejan su tratamiento para enfocarse en mejorar su seguimiento y atención, reforzando sobre todo la parte educativa en el consultorio”.

Este año además, junto a los factores incluidos en el estudio, la COVID-19 impactó en la atención de pacientes con TB. Según Montiel, durante la pandemia las búsquedas de casos presuntivos de TB se limitaron a urgencias y área de internados, y el diagnóstico fue centralizado en el Laboratorio Central de Salud Pública, centro de referencia nacional, cuando en 2019 se contaba con 151 laboratorios en funcionamiento.

“Si bien desde agosto se iniciaron actividades de campo con apoyo del Programa Nacional de Control de la Tuberculosis para búsquedas activas, seguimiento de casos y control de contactos en comunidades indígenas y asentamientos, estas tareas no son continuas debido al aumento de los casos de COVID-19 en el país”, puntualizó.

Hasta ahora, Paraguay mantenía controlada la cantidad de casos diarios desde el inicio de la pandemia en el país a principios de marzo. Sin embargo, las cifras se dispararon ese mes a un promedio superior a 400 nuevos casos por día durante todo agosto. Antes de este pico, la cifra diaria más alta habían sido 231 casos (el 27 de junio). De acuerdo con la OPS-Paraguay, las personas enfermas con COVID-19 y TB muestran síntomas similares como tos, fiebre y dificultad para respirar. Las dos enfermedades atacan principalmente a los pulmones y, aunque ambas se transmiten a través de contactos cercanos, el período de incubación desde la exposición a la enfermedad es más largo en la TB y suele presentar un inicio lento.

Aunque, según la OPS, la experiencia sobre infección por COVID-19 en pacientes con TB es limitada, se prevé que las personas enfermas con TB y COVID-19 puedan tener peores resultados de tratamiento, especialmente cuando se interrumpe la medicación antituberculosa.

Fusillo coincide con esa apreciación. “En el marco de la pandemia, el mal desenlace o tratamientos no exitosos de la TB probablemente van a profundizarse más. Por miedo a los hospitales, muchos pacientes dejaron de acudir a sus controles; incluso muchos dejaron de retirar sus medicamentos. No tenemos todavía datos precisos, pero hay una muy probable pérdida de seguimiento dado que los consultorios estuvieron cerrados durante tres meses”, dice el especialista, que además es presidente de la Sociedad Paraguaya de Neumonología.

En este contexto, Montiel opina que “los esfuerzos deben redoblarse al máximo para lograr el cumplimiento de las metas de la Estrategia Fin a la Tuberculosis de la OMS alineadas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

> Enlace al artículo completo en Revista Panamericana de Salud Pública.

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