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La exposición permanente a altos niveles de contaminantes en el aire, como material particulado y ozono, pone en riesgo la vida y la salud neurológica de niños y jóvenes en la Ciudad de México, dando inicio a la enfermedad de Alzheimer ya en la infancia.

Un estudio que será publicado en Environmental Research (abril) que revisó 134 autopsias de residentes urbanos de esa ciudad, de entre 11 meses y 30 años de vida, halló dos indicadores de la enfermedad en casi todas las autopsias (en 133). Se trata de alteraciones de las proteínas tau, que aparece modificada químicamente respecto de la normal (con más fosfatos) y acumulaciones de la beta-amiloide; la acción de ambas desestructura la arquitectura del cerebro.

¿Eso significa que los jóvenes desarrollarían la enfermedad? “En realidad debemos decir que ya la tienen. Las etapas preclínicas son muy cortas, y una vez que tenemos tau hiperfosforilada la cadena de eventos no se detiene”, explicó a SciDev.Net la toxicóloga Lilian Calderón-Garcidueñas, autora principal del estudio, investigadora de la Universidad de Montana (Estados Unidos) y la Universidad de Valle de México.

El estudio también encontró en el cerebro la presencia de nanopartículas fruto de la combustión, las que contienen sustancias tóxicas, como metales, que generan una respuesta inflamatoria, cuya prolongación en el tiempo altera el funcionamiento celular y la comunicación en el cerebro, causando neurodegeneración.

Al ser consultada sobre la representatividad de la muestra, Calderón-Garcidueñas señaló que las autopsias incluyeron individuos desde el nivel socio-económico bajo hasta clase media (abogados, médicos, estudiantes universitarios). “Nadie se escapa de llegar al servicio médico forense. Nuestro índice de homicidios es altísimo y los casos abarcaron clase media y baja, las que conforma 97,5 por ciento del total de la población”.

Las causas de muerte de las personas que se incluyeron en el estudio fueron accidentes, suicidio u homicidio. Las autopsias se realizaron de manera consecutiva, es decir, no seleccionadas, y en 99,25 por ciento de los casos se identificó Alzheimer.

El estudio también identificó aquellos individuos que tenían el gen APOE4 que se sabe que predispone al desarrollo de la enfermedad. “Los que tenían el gen evidenciaron una aceleración de los marcadores de Alzheimer y mayor riesgo de cometer suicidio, probablemente debido a esa aceleración”, dice el trabajo, por lo que la autora enfatiza la necesidad de reducir la contaminación.

“Lo que llama la atención (en el nuevo estudio) es que en la niñez misma hayan encontrado proteínas específicas de Alzheimer; estamos acostumbrados a verlas en personas de más de 60 años”.

María Laura Palumbo, Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (Argentina)


Especialista en anatomía patológica, neuropatología y patología ambiental, Calderón–Garcidueñas ya había demostrado en otro estudio —publicado en 2019 en el Journal of Alzheimer’s Disease— que la exposición continua a los contaminantes atmosféricos afecta el rendimiento cognitivo de más de la mitad de los jóvenes residentes en urbes mexicanas.

Ese trabajo reveló que de un total de 571 participantes, de 21 años de edad promedio, a los que se suministró un test conocido como Evaluación Cognitiva de Montreal (MoCA, por sus siglas en inglés), 66 por ciento presentó distinto grado de deterioro cognitivo evidenciado en la capacidad de atención y concentración, las funciones ejecutivas, la memoria a corto plazo, el lenguaje, el razonamiento conceptual, el cálculo y la orientación espacial.

“Lo que llama la atención (en el nuevo estudio) es que en la niñez misma hayan encontrado proteínas específicas de Alzheimer; estamos acostumbrados a verlas en personas de más de 60 años”, dijo a SciDev.Net María Laura Palumbo, de la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (UNNOBA), Argentina, que investiga marcadores tempranos del déficit cognitivo leve, una patología que generalmente antecede al Alzheimer.

Por su parte, Ricardo Allegri, jefe de Neurología Cognitiva, Neuropsiquiatría y Neuropsicología del Instituto de Investigaciones Neurológicas FLENI, en Buenos Aires, afirmó que “la asociación entre exposición a polución en la Ciudad de México y la precocidad de neuropatología relacionada con Alzheimer podría ser reduccionista si uno no incorpora las variantes genéticas, culturales, la baja educación, la mala alimentación, el estilo de vida, con menor cuidado de factores de riesgo vasculares (sedentarismo, obesidad, dislipemia, entre otros) que son más altos en esta región (55 por ciento) en comparación con el promedio mundial (35 por ciento). Por eso, debería plantearse un estudio que considere la carga de cada uno de estos factores”, señaló a SciDev.Net.

“La contaminación del aire muy probablemente actúe como un factor de riesgo ‘modificable’ para el Alzheimer, al igual que la dieta rica en grasa y azúcares. La diferencia es que en lo que respecta a la contaminación ambiental se necesitan estudios más sistematizados para definir los mecanismos moleculares involucrados en el proceso”, agregó a SciDev.Net Laura Morelli, del Laboratorio de Envejecimiento Cerebral y Neurodegeneración de la Fundación Instituto Leloir (Argentina). La asociación entre contaminación del aire y riesgo de Alzheimer había sido documentada en investigaciones anteriores, entre ellos un artículo publicado en el Journal of Alzheimers Disease, en 2015, centrado en la población de Taiwán.

Sobre una muestra de 95.690 personas de alrededor de 65 años, analizada entre 2001 y 2010, se observó que el riesgo de padecer la enfermedad crecía 138 por ciento de la mano del aumento de la contaminación (valorada en 4,34 μg /m3 en material particulado).

Otra investigación realizada en Canadá y aparecida en The Lancet, en 2017, encontró que quienes vivían en centros urbanos muy poblados cercanos a las principales carreteras tenían mayor incidencia de demencia. El trabajo incluyó dos grupos de residentes en Ontario de entre 20 y 50 años (4,4 millones de personas) y de 55 a 85 años (cerca de 2,2 millones).

Y las distancias evaluadas entre las viviendas y las carreteras oscilaron entre menos de 50 metros y más de 300 metros, con valores intermedios.

El Alzheimer es el tipo más común de demencia, representando alrededor de 50 por ciento de todos los casos. Ocasiona pérdida de la memoria, problemas para comunicarse y razonar, desorientación, desconocimiento de familiares, y cambios en el estado de ánimo y conducta.

En México 800.000 personas presentan esta enfermedad neurodegenerativa, altamente incapacitante y para la cual aún no hay cura. Entre las medidas para prevenirla suelen mencionarse el control de diabetes, hipertensión arterial, obesidad, tabaquismo, sedentarismo, depresión, inactividad cognitiva, hipoacusia y aislamiento social.

Ahora, los autores del estudio señalan como prioritario y urgente el control de la contaminación del aire —incluyendo la regulación de los vehículos diesel— y la implementación de medidas destinadas a promover la salud neurológica de niños y jóvenes, en especial durante las dos primeras décadas de vida.

Enlace al artículo en Environmental Research

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