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[SAN JOSÉ] Con las actuales políticas de control de la enfermedad de Chagas que se aplican en Centroamérica no se logrará eliminar a su principal transmisor en esa región, el insecto Triatoma dimidiata, popularmente conocido como chinche, advierte una reciente investigación.
 
El estudio, publicado en la revista PlosOne, exhorta a “tratar de equilibrar las acciones colectivas basadas en la comunidad y los programas de control institucional y abordar tanto la prevención como el tratamiento”.
 
La enfermedad —conocida también como tripanosomiasis americana— amenaza  a 6 millones de personas en 21 países de América Latina y para la OPS es una prioridad de salud pública global debido a que provoca problemas cardíacos y gastrointestinales y puede causar la muerte (incluso años después del contagio).
 
Es causada por el parásito Trypanosoma cruzi  que se transmite a través de las heces u orina de insectos conocidos como vinchucas, chinches y muchos otros nombres, según la zona geográfica. El chinche Triatoma dimidiata es oriundo de Centroamérica.
 
Liderados por Kota Yoshioka, asesor técnico de la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA) para el control del Chagas, los investigadores evaluaron durante 6 años en la localidad de Pueblo Nuevo, Nicaragua, una de las estrategias predilectas en Centroamérica: fumigar las viviendas para evitar la proliferación de los chinches.

Este es, al parecer, el primer estudio en la región que demuestra científicamente que la estrategia inicial, que recomendaba el uso de insecticidas y la vigilancia de infestación por parte de la comunidad, no es efectiva, al menos en zonas rurales con características similares”.

Adriana Troyo, Universidad de Costa Rica

 
JICA inició los estudios del Chagas en Centroamérica en la década del 90. Actualmente tienen equipos en Salvador, Guatemala, Honduras y Costa Rica.
 
El análisis demostró que la fumigación no es efectiva a largo plazo pues si bien logró reducir el insecto entre 2010 y 2014, los niveles en 2016 fueron muy similares a los del inicio, pese a que a partir del 2013 el programa incluyó la vigilancia de la comunidad afectada para que alertara si había reaparición de insectos.
 
“Este es, al parecer, el primer estudio en la región que demuestra científicamente que la estrategia inicial, que recomendaba el uso de insecticidas y la vigilancia de infestación por parte de la comunidad, no es efectiva, al menos en zonas rurales con características similares”, comenta a SciDev.Net la doctora Adriana Troyo, del Centro de Investigaciones en Enfermedades Tropicales  de la Universidad de Costa Rica, quien no formó parte de la investigación.  

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Chinche adulto de Triatoma dimidiata, transmisor de la enfermedad de Chagas.
Crédito: Felipe Guhl.

María Luisa Ávila, infectóloga y exministra de Salud de Costa Rica añade: “El control del chinche transmisor es difícil porque es multifactorial y asociado a la pobreza, sobre todo de gente que debe almacenar leña para cocinar o cuyas condiciones habitacionales son propensas a permitir la sobrevida del vector”.
 
Troyo recuerda que el chinche tiene gran capacidad de colonizar espacios como cúmulos de leña o tejas, animales, viviendas de bahareque o adobe con grietas y piso de tierra. El bahareque es un sistema antiguo de construcción de viviendas que usa cañas entretejidas con un recubrimiento de barro.

Ambas investigadoras coinciden en que delegar la vigilancia a la comunidad puede ser ineficiente, pues es improbable que quienes viven en condiciones de extrema pobreza o inseguridad tengan como prioridad vigilar la infestación de chinches.
 
¿Entonces? Según Ávila, en otros países y regiones donde está presente la enfermedad de Chagas pero no a niveles endémicos (como en Costa Rica), las estrategias de control se centran en prevenir la transmisión por transfusiones de sangre, trasplantes y transmisión de madre a bebé.
 
Pero donde la enfermedad aún es endémica, el mejoramiento de las condiciones de las viviendas y el uso de insecticidas en las casas para eliminar los insectos han demostrado ser lo más efectivo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el costo del tratamiento de esta enfermedad es muy alto. Por ello, la utilización de insecticidas para erradicar los chinches es una estrategia muy utilizada. En el caso de Colombia, por ejemplo, la fumigación anual en 2008 costó unos US$5 millones, mientras que el costo anual estimado de la atención médica a todos los pacientes fue de aproximadamente US$267 millones.
 
En todos los casos, se sugiere que la aplicación de insecticidas vaya asociada al mejoramiento de las condiciones de las casas y que las autoridades apoyen con vigilancia comunitaria.

Enlace al estudio completo en Plos One

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