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Dos estudios publicados en la revista British Medical Journal (BMJ) aseguran que el consumo de alimentos ultra procesados aumenta entre 12 y 62 por ciento el riesgo de muerte y patologías cardiovasculares.
 
Estos hallazgos son relevantes en Latinoamérica, una región con récord de aumento de obesidad y sobrepeso en las últimas décadas. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), 250 millones de personas tienen sobrepeso en la región.  
 
Los alimentos ultra procesados —snacks, bebidas gaseosas, cereales azucarados, comidas preparadas con aditivos, sopas deshidratadas y productos de carne y pescado reconstituidos— en general se caracterizan por altos niveles de azúcar, grasa y sal, y bajo aporte de vitaminas y fibra.
 
Uno de los trabajos publicados fue desarrollado en Francia por NutriNet–Santé y evaluó las asociaciones entre alimentos ultra procesados y riesgo de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares.
 
Para ello, los científicos le pidieron a 105.159 adultos franceses (43 años en promedio) completaran cuestionarios dietéticos, todos los días durante cinco años, para medir la ingesta habitual de 3.300 alimentos.

El problema con los alimentos ultra procesados no solo es la baja calidad nutricional y su alta densidad energética. También desplazan el consumo de productos saludables”.

Maira Bes-Rastrollo, Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de Navarra (España)

 
Los resultados demostraron que el aumento absoluto de 10 por ciento en la proporción de alimentos ultra procesados en la dieta se asocia con tasas más altas de enfermedades cardiovasculares (12 por ciento más que en el grupo de los que consumían menos de estos alimentos), coronarias (13 por ciento) y cerebrovasculares (11 por ciento).
 
El estudio no mostró diferencias en el aumento de riesgo según género, dijo a SciDev.Net Mathilde Touvier, directora del Equipo de Investigación en Epidemiología Nutricional (EREN), en Francia, y coautora del estudio. Es algo en lo que se deberá ahondar, considerando que en América Latina las mujeres son las más afectadas con el aumento de la obesidad.
 
Un segundo trabajo, de investigadores en España, mostró que el consumo de más de cuatro porciones al día de estos alimentos se asocia con 62 por ciento más de riesgo de mortalidad, por todas las causas, en comparación con un consumo menor a dos porciones diarias. En números, por cada 10 muertes entre aquellos que comían menos alimentos ultra procesados, hubo 16 entre quienes más los consumían.
 
Para este estudio, 19.899 graduados universitarios españoles (38 años en promedio), completaron un cuestionario dietético de 136 ítems como parte del estudio Seguimiento Universidad de Navarra (SUN).
 
El problema con los alimentos ultra, enfatizó a SciDev.Net Maira Bes-Rastrollo, investigadora del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, en España, y coautora del estudio español, es que “desplazan el consumo de productos saludables y exponen a la gente a aditivos de los cuales aún no conocemos su efecto a largo plazo”. Para Karen Basfi-Fer, directora de la Escuela de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, que no fue parte de los estudios, estos resultados son extrapolables a otras poblaciones. Según opinó a SciDev.Net, “volver a cocinar en la casa” es la forma de reducir el consumo de estos alimentos y su efecto en la salud.
 
En la región, según el informe de la FAO “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe 2018”, Chile, Brasil, México y Colombia son los países de la región con mayor gasto al año en alimentos consumidos fuera del hogar. Y México es el segundo país más obeso de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), solo detrás de Estados Unidos.
 
El etiquetado de alimentos ha sido una de las medidas tomadas por varios países latinoamericanos para bajar el consumo de estos productos. En el caso de Chile, según estudios de percepción desarrollados por el Ministerio de Salud de ese país en 2018, cuatro de cada diez personas aseguran que el sello incluido en los empaques de los alimentos que indica que tiene “alto” contenido de cierto ingrediente influye en su decisión de compra.
 
En Ecuador, el primer país en implementar un sistema de semáforo en el empaque de los alimentos, descendió 35 por ciento la venta de alimentos altos en grasas saturadas, azúcar y/o sal.