Republicar

Sin costo alguno, usted o su medio pueden publicar este artículo en línea o de manera impresa, gracias a nuestra Licencia de Atribución de Creative Commons. Lo animamos a hacerlo siguiendo estas sencillas instrucciones:
  1. Dar el crédito a los autores.
  2. Dar el crédito a SciDev.Net y si le es posible incluir nuestro logo y un enlace al final que lleve al artículo original.
  3. Puede también publicar las primeras líneas del artículo y luego añadir: "Lea el artículo completo en SciDev.Net" e incluir un enlace al artículo original.
  4. Si además quiere tomar las imágenes que publicamos en esta historia, deberá confirmar con la fuente original si le permite hacerlo.
  5. El modo más fácil de publicar este artículo en su sitio es usando el código que incluimos a continuación.
Para mayor información revise nuestras instrucciones de reproducción y la página de medios.

The full article is available here as HTML.

Press Ctrl-C to copy

El estigma y las diferentes definiciones oscurecen la verdadera escala de la discapacidad y sus desafíos en los países de bajos ingresos, escribe Inga Vesper.

Se estima que 1.000 millones de personas —15 por ciento de la población mundial— padece algún tipo de discapacidad, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), y 80 por ciento de ellas están en países en desarrollo. Sin embargo, han permanecido notablemente ausentes en las políticas de desarrollo y bienestar, especialmente en el Sur global.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio —que se pusieron en acción entre 2000 y 2015— no contemplaban a las personas con discapacidad. Ahora, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que deben cumplirse para 2030, tampoco incluyen una meta específica sobre discapacidad, aunque 11 de sus submetas mencionan explícitamente discapacidades, en especial las relacionadas con la salud, la planificación y el monitoreo urbanos.

En 2006, las Naciones Unidas adoptaron la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, pero fue hasta noviembre de 2016 que se lanzó, en África, el primer Kit oficial de herramientas sobre el tema.

Los esfuerzos para comprender el alcance de la discapacidad y las intervenciones necesarias se ven empañados por las dificultades para recopilar datos. En 2006, en el momento en que se adoptó la convención sobre discapacidad de la ONU, la OMS aseguraba que solo había 500 millones de personas en el mundo con problemas de salud discapacitantes, la mitad de las que se identificaron seis años después en el Informe Mundial sobre Discapacidad 2011 de la OMS.

Definiendo la discapacidad
El problema se ve exacerbado por el hecho de que los países miden la discapacidad de diferentes maneras. Mientras que algunas naciones solo toman en cuenta las dolencias físicas, otras incluyen padecimientos de salud mental.

Las definiciones de discapacidad varían. La ceguera y la discapacidad visual, por ejemplo, afectan a alrededor de 253 millones de personas, según la Unión Mundial de Ciegos. Pero esto abarca desde personas con visión parcial —que pueden realizar una variedad de trabajos— hasta ceguera total. Con un buen apoyo, las personas ciegas pueden vivir de manera independiente y plena, pero sin una capacitación adecuada pueden ser dependientes de por vida.

Si bien las discapacidades conocidas y visibles, como la falta de extremidades o la ceguera, reciben mucha atención, en los países en desarrollo las enfermedades crónicas como las cardíacas, las mentales y la diabetes representan más de 66 por ciento de todos los años que se viven con discapacidad, según la OMS. Los años vividos con discapacidad es una medida que toma en cuenta que algunas discapacidades comienzan en diferentes etapas de la vida y algunas, como las enfermedades mentales, pueden no ser permanentes.

Aproximadamente uno de cada cuatro individuos tendrá una afección de salud mental en algún momento de su vida, y alrededor de 450 millones de personas la padecen en la actualidad, pero nuevamente, es menos probable que se diagnostique en países en desarrollo, donde la conciencia sobre enfermedades comunes como la depresión sigue siendo baja.

Para generar más claridad, la OMS ha comenzado a recopilar datos con más detalle. Según sus últimas estimaciones, alrededor de tres por ciento de la población mundial —entre 110 y 190 millones de adultos— experimentan “discapacidad severa”, lo que significa que no pueden manejar la vida diaria sin ayuda.
Estigma y pobreza
Sin embargo, la recopilación de datos sobre discapacidad también se ve obstaculizada por el estigma. Los problemas de salud mental son especialmente propensos a no ser reportados ya que los pacientes y sus familias intentan ocultar lo que ven como unalgo vergonzoso. Esto es particularmente evidente en áreas donde son comunes las creencias en brujería. Las discapacidades físicas son más difíciles de ocultar, pero aún se consideran vergonzosas en muchos países del mundo.

Esto lleva a un constante subregistro de discapacidades. En India, por ejemplo, solo 2,2 por ciento de la población dijo que tenía una discapacidad en el censo de 2011 del país. Las tasas reportadas varían ampliamente entre los estados, pero la Encuesta Mundial de Salud estima una prevalencia de discapacidad en ese país de casi 25 por ciento en la población adulta.

Es probable que estas inconsistencias en los datos alimenten la mala gestión de la discapacidad y su impacto en el desarrollo. Según el Informe emblemático de la ONU sobre discapacidad y desarrollo de 2018 (p.100), más de una cuarta parte de los adolescentes con discapacidad no asiste a la escuela secundaria, lo que disminuye sus oportunidades de empleo, y a menudo resulta en pobreza de por vida.

Esto se ve exacerbado por mayores costos de atención médica, especialmente en países con deficiencias para asegurar asistencia social y bienestar. El informe de la OMS estima que estar discapacitado en un país en desarrollo aumenta los costos de vida de una persona entre 9 y 14 por ciento.

El género importa
En esto también hay una cuestión de género. Un estudio publicado en el anuario 2016 de African Disability Rights descubrió que en todo el continente africano las niñas con signos evidentes de discapacidad tenían más probabilidades de ser asesinadas al nacer. Un informe del gobierno del Reino Unido sobre el estigma de la discapacidad identificó que entre los africanos del Este las mujeres y las niñas con discapacidad carecían de voluntad sexual y no reportarían abuso sexual, lo que las hace vulnerables.

Los datos de la India mostraron que aproximadamente 25 por ciento de las mujeres con discapacidad habían sido violadas, mientras que casi todas habían sufrido violencia física. Mientras tanto, el Informe sobre discapacidad de la ONU de 2018 encontró que las mujeres con discapacidad tenían menos probabilidades de recibir atención prenatal y posnatal, lo que también pone a sus hijos en mayor riesgo de discapacidad.

Política y acción
Aunque el panorama parece sombrío, hay signos de cambio. En África, varios países, incluidos Mozambique y Etiopía, han creado planes de acción nacionales para abordar las necesidades de las personas con discapacidad. Además, Sudáfrica y Zambia han comenzado los esfuerzos oficiales para combatir los problemas de salud mental, mientras que muchos otros países africanos han incorporado una mejor asistencia para las personas con discapacidad en sus planes de desarrollo económico y social.

El Kit de herramientas 2016 sobre discapacidad para África establece estrategias concretas para combatir el estigma y la discriminación. Estos incluyen acciones dentro de las comunidades, pero también la reforma de leyes y políticas. Además, el conjunto de herramientas hace un llamado para tener una mejor recolección de datos, una mayor cooperación entre países vecinos que experimentan los mismos problemas y un mayor intercambio de información Sur-Sur.

Según la OMS, las tasas de discapacidad en todo el mundo están aumentando, en parte como resultado del envejecimiento de la población y el aumento de los trastornos crónicos de salud. Pero en la actualidad, dado que persisten las brechas en la recolección de datos, el verdadero impacto de la discapacidad en los países en desarrollo sigue sin estar claro.


Artículo original publicado en la edición Global de SciDev.Net.