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[SANTIAGO] La aparición de nuevas enfermedades está amenazando el desarrollo de la acuicultura, el sector productivo de más rápido crecimiento del mundo y fuente de ingresos de aproximadamente 20 millones de personas especialmente de los países en desarrollo.

El virus de la tilapia lacustre (TiLV por sus siglas en inglés) es un ejemplo de lo que la acuicultura está enfrentando a nivel planetario. Aún se conoce poco de la enfermedad, pero se sabe que se expande rápido a través del planeta y por su importancia fue uno de los principales temas de la reunión de la Organización Mundial de la Sanidad Animal (OIE) —sobre salud de animales acuáticos— realizada en Santiago, Chile del 2 al 4 de abril.  

La tilapia es la segunda especie que produce, en términos de volumen, la acuicultura a nivel mundial y es reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como una gran fuente de proteína. 

“Actualmente, más de 200 especies acuáticas son cultivadas y a pesar de que hoy tenemos a la genética como herramienta para estudiar los patógenos que las afectan, esta es una ciencia relativamente nueva”, dice a SciDev.Net Matthew Stone, directorgeneral adjunto de la OIE. El dato no es menor si se considera que hoy la acuicultura abastece casi el 50 por ciento del consumo mundial de este tipo de proteínas.

“Actualmente, más de 200 especies acuáticos son cultivadas y a pesar de que hoy tenemos a la genética como herramienta para estudiar los patógenos que las afectan, esta es una ciencia nueva”

Matthew Stone, Organización Mundial de Sanidad Animal

El TiLV fue detectado por primera vez en Israel, en 2009, pero la FAO recién lo confirmó como una enfermedad nueva en 2014. Presente en países de cuatro continentes —como Colombia, Perú, Ecuador, Egipto, Israel y Tailandia, entre otros— su última aparición fue en Lago Victoria, en África, a fines de 2018. Con una tasa de mortalidad que varía entre 10 y 90 por ciento, los avances en su control apremian. 

“Se conoce mucho menos al TiLV que a otros patógenos virales emergentes que han impactado económicamente a industrias como la del salmón”, asegura Rubén Avendaño, investigador del Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola (INCAR) y profesor de la Universidad Andrés Bello, ambos en Chile.

Pero este fenómeno no sería aislado. A nivel mundial, continúa el especialista, ha sido mucho más frecuente observar la aparición de mortandad en organismos cultivados en los últimos cinco años que en los diez previos. 

“Existe un factor común en la aparición de nuevas enfermedades; estas se expanden muy rápidamente en distintas áreas geográficas que comparten parámetros ambientales de temperatura”, detalla. El cambio climático sería uno de los responsables, pero no el único. Hay una serie de razones multifactoriales, donde el tipo de enfermedad y su virulencia de la misma también son parte de la ecuación. Controlar el riesgo en la acuicultura, pensando en los ecosistemas y la producción sustentable, es parte de las tareas de la OIE y fue el foco de la agenda de trabajo de la reciente cita en Santiago. Los representantes de los 182 países miembros se centraron en delinear los estándares que esta actividad deberá seguir. La vigilancia, la detección temprana y la notificación a la OIE de las enfermedades, así como asegurar la notificación transparente y oportuna serán sus pilares.

Para ello es necesario el trabajo mancomunado. La OIE cuenta con una red de 300 laboratorios y centros de investigación que sirven como referentes, y que ayudan a la identificación y control de las enfermedades. “Pero también se necesita un alto compromiso de los gobiernos y de los privados para asegurar la seguridad alimentaria y la sustentabilidad”, dice Matthew Stone. 

“A pesar que el primer caso de TiLV se informó en 2014, los estudios aún son menores porque los países afectados no siempre tienen las capacidades científicas ni la infraestructura necesariaspara la investigación”, asegura Rubén Avendaño en relación con el trabajo que queda por hacer. 

El problema es que la carencia de información afecta a la capacidad de reacción. “Estamos en la etapa de definir el protocolo de diagnóstico y masificación, pero es muy probable que cuando se busque la presencia del virus la distribución que encontremos sea mucho mayor”, explica.