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Habiendo agotado las poblaciones de peces en aguas domésticas, las flotas de muchas naciones industrializadas, especialmente de China, ahora se trasladan hacia aguas territoriales de los países de bajos ingresos para satisfacer la creciente demanda de mariscos, según un estudio publicado por el Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI).

El estudio halló que el área de operaciones más frecuente de esa flota china es el Pacífico Noroeste, con un impacto significativo sobre Vietnam, Filipinas y Camboya. Sin embargo, las actividades más intensas fueron las pesquerías de calamar en el Atlántico sudoccidental y el sureste del Pacífico, especialmente en la costa de Perú.

Como resultado de la expansión de la pesca mundial, 90 por ciento de las poblaciones de peces de agua salada de interés comercial se sobreexplotan o pescan hasta sus límites máximos sostenibles, según datos de la FAO.

Un análisis encontró que en las zonas económicas exclusivas (ZEE) de los países de bajos ingresos, 84 por ciento del esfuerzo pesquero industrializado provenía de otros países, y 78 por ciento de embarcaciones con bandera de países de ingresos altos y medios altos.

La investigación de ODI dice que aproximadamente 20 por ciento de la captura mundial “ilegal, no declarada y no reglamentada” (INDNR) proviene de Mauritania, Senegal, Gambia, Guinea-Bissau, Guinea y Sierra Leona, en África. Aunque otros países también están involucrados en la sobrepesca, los autores centraron su investigación en las flotas de China debido al gran tamaño y la intensa presencia global de sus actividades pesqueras y los bajos niveles de transparencia y control sobre sus operaciones.

La investigación también identificó que casi 1.000 barcos chinos están registrados en otros países, 518 de ellos en naciones africanas, siendo Ghana, Mauritania y Costa de Marfil los más frecuentes. Las llamadas banderas de conveniencia (pertenecientes a otros países) fueron de Panamá, Rusia, Argentina y Camboya.

Fuente: Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI) con datos de FishSpektrum (2018).

“La propiedad y el control operativo de la flota pesquera china es compleja y opaca. Del análisis de una submuestra de 6.122 embarcaciones, encontramos que solo ocho compañías poseen u operan más de 50 embarcaciones cada una. La mayoría de los barcos son propiedad de pequeñas y medianas empresas, muchas de ellas filiales de grandes corporaciones a efectos fiscales”, dijo a SciDev.Net Miren Gutiérrez, del equipo de Desarrollo y Política Agrícola de ODI.

La investigación analizó 5.241 movimientos de pesca chinos correspondientes a 1.878 buques durante 2017 y 2018. Utilizando técnicas analíticas de big data, algoritmos y sistemas de información geográfica (SIG) encontraron que las flotas de pesca de aguas distantes (DWF, según su sigla en inglés) de China son 5-8 veces más grandes que lo estimado, con 16.966 buques identificados, 12.490 de ellos observados fuera de aguas chinas internacionalmente reconocidas.

Por el contrario, un informe anterior encontró que la flota DWF de la Unión Europea era de 289 buques en 2014, y que Estados Unidos tenía solo 225 buques pesqueros en 2015.

Los buques DWF de un país son aquellos que operan dentro de las ZEE de otro país, o en alta mar.

Los arrastreros —asociados con daños a largo plazo para los ecosistemas— son los buques chinos de DWF más comunes encontrados en el estudio; los autores identificaron 1.821 de ellos, más del doble estimado previamente.
 

Para combatir la pesca ilegal

“Mejorar la transparencia es la manera más rentable para identificar las actividades de pesca INDNR. Por lo tanto, los estados costeros, que a menudo son países en desarrollo, deberían reforzar la transparencia mediante el establecimiento de un marco regulatorio que ayude a la publicación sistemática de cualquier otro acuerdo de acceso que permita la pesca en sus aguas”, dijo Antonia Leroy, coordinadora de Política del Oceáno, de la Oficina de Política Europea de WWF, en representación de la Coalición INDNR de la UE.

Leroy dijo a SciDev.Net que para reducir la pesca ilegal sería ideal el desarrollo de sistemas electrónicos y armonizados de esquemas de importación en todo el mundo, con una fuerte trazabilidad en las cadenas de suministro, ya que permitiría a las agencias de aduanas y minoristas garantizar que el pescado que ingresa a sus mercados sea capturado legalmente y de manera sostenible.

La gran presión pesquera “representa un grave problema para varios países en desarrollo que tienen limitaciones operativas para controlar la pesca en sus espacios marítimos o en áreas adyacentes a sus zonas económicas exclusivas”

Pablo Filippo, Universidad de Buenos Aires


“El estudio advierte de la gran presión pesquera que sufren nuestros océanos por el desplazamiento de embarcaciones pesqueras de países distantes, con foco en China”, comentó Pablo Filippo, especialista en Derecho de los Recursos Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

“Esto representa un grave problema para varios países en desarrollo que tienen limitaciones operativas para controlar la pesca en sus espacios marítimos o en áreas adyacentes a sus zonas económicas exclusivas”, explicó.

Filippo agregó que los buques pesqueros chinos tienen una presencia recurrente en aguas internacionales que rodean las ZEE argentinas. “Aunque pescan en alta mar, donde hay libertad de pesca y no está regulada, toman recursos que son migratorios (por ejemplo, merluza común y calamar) y cualquier explotación excesiva en áreas cercanas a nuestras ZEE tiene un impacto económico y del ecosistema en nuestros intereses pesqueros”.

Para Graeme Macfadyen, director de Poseidón, una firma de consultoría con sede en el Reino Unido especializada en pesca y acuicultura en todo el mundo, el tamaño de la flota de aguas distantes de China y sus prácticas plantean serios desafíos a los esfuerzos mundiales para combatir la pesca INDNR.

Macfadyen dijo a SciDev.Net que para combatir la pesca INDNR, los estados costeros deberían “requerir el seguimiento obligatorio de todos los buques comerciales en sus aguas a través de sistemas de monitoreo u otros medios”.

“También es necesario el adecuado control de monitoreo de recursos y las actividades de vigilancia; ser parte contratante de todas las organizaciones regionales de ordenación pesquera relevantes y aplicar medidas de conservación y ordenación relacionadas con la pesca INDNR. Y también asegurar que la legislación sea adecuada para su propósito con sanciones y sanciones definidas que proporcionen un desincentivo suficiente contra la actividad pesquera ilegal”, dijo.

Fuente: Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI).

Recursos y desarrollo económico

Javier Villanueva, del Departamento de Pesca y Acuicultura de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, dijo a SciDev.Net que “uno de los principales desafíos a nivel mundial sigue siendo la adopción y la implementación efectiva de instrumentos internacionales, para que la comunidad internacional pueda trabajar juntos para garantizar la gestión sostenible de los recursos pesqueros y conservar la biodiversidad marina”.

Entre estos instrumentos, Villanueva mencionó que la adopción del Acuerdo sobre Medidas del Estado del Puerto (PSMA) representa una oportunidad para que los países latinoamericanos frenen conjuntamente la pesca INDNR. Su objetivo es la pesca INDNR al evitar que los buques que realizan esa actividad utilicen los puertos y desembarquen sus capturas. También impide que los productos pesqueros derivados de la pesca INDNR lleguen a los mercados nacionales e internacionales.

Agregó que en el marco actual “es necesario generar estrategias que mitiguen los impactos generados por COVID-19 en el monitoreo, control y vigilancia de la pesca, los impactos en los mercados y el desarrollo económico y social”. También señala que es importante asignar y proporcionar recursos suficientes a las autoridades responsables para llevar a cabo sus funciones.

El informe de ODI también señala que muchos de los acuerdos que rigen el DWF chino en las aguas de los países en desarrollo se enmarcan en términos de desarrollo económico. Los buques chinos obtienen acceso a los recursos marinos a cambio de inversiones internas, desarrollo industrial y la generación de exportaciones para el país anfitrión.

Como explicó Pablo Filippo, “el desarrollo de puertos en los países en desarrollo, al igual que otras obras de infraestructura, financiadas por concesiones administrativas y operativas, es un tema sensible de política exterior que limita la autonomía de los países”.

Filippo también cree que es esencial fortalecer la investigación científica marina para involucrar a más personas, brindando soluciones para la gestión de la pesca y la planificación espacial marina.

“Se avecina un desastre para las comunidades pesqueras en los países en desarrollo a menos que los políticos a nivel local e internacional escuchen la investigación científica y los hechos. Millones de personas dependen de la proteína del pescado y economías enteras dependen de esta actividad para obtener trabajo y bienestar. Si no encontramos una solución colectiva, eventualmente será un desastre completo para la flota china también”, dijo Gutiérrez, directora del Programa de postgrado Análisis, Investigación y Comunicación de Datos en la Universidad de Deusto, España.