06/11/25

Saberes mayas y tecnología para cuidar a los recién nacidos

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Capacitación de Reanimación neonatal a un grupo de comadronas kaqchikel. Crédito de la imagen: Cortesía de Wuku’Kawoq para SciDev.Net.

De un vistazo

  • Iniciativa comunitaria atiende a 85 por ciento de neonatos kaqchikel en Guatemala
  • Detección y remisión de recién nacidos en riesgo aumentó 200 por ciento con ayuda de una app
  • El modelo ofrece lecciones replicables para América Latina

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[IGUALA DE LA INDEPENDENCIA, MÉXICO, SciDev.Net] En aldeas indígenas kaqchikel de Guatemala, donde cerca de la mitad de los partos ocurren en casa y la desconfianza hacia los hospitales persiste debido a la discriminación, una iniciativa comunitaria coordinada por Wuqu’ Kawoq (Maya Health Alliance) está cambiando la forma de cuidar a los recién nacidos.

“El programa surgió de una colaboración de más de una década con comadronas mayas; ellas son las verdaderas líderes y están al frente de la salud materno-infantil dentro de esa zona”, dijo a SciDev.Net Anahí Venzor Strader, pediatra del Boston Children’s Hospital y autora principal del primer informe científico sobre el proyecto, publicado en Global Health Action.

Durante el periodo analizado por el estudio –desde el lanzamiento de la iniciativa en enero de 2024 hasta marzo de 2025– se ha logrado atender mes a mes al 85 por ciento de los recién nacidos reportados en un área de casi 260 kilómetros cuadrados. Este territorio abarca más de 40 localidades rurales de Tecpán, municipio de 97 mil habitantes del departamento de Chimaltenango, en la región central de Guatemala.

“Nuestra meta es llegar al 90 por ciento de los bebés y creo que estamos bastante cerca de conseguirlo”, aseguró en entrevista con SciDev.Net Esteban Castro Aragón, médico investigador en Wuqu’ Kawoq y coautor del informe.

Las tasas de referencia, por otro lado, han aumentado en un 200 por ciento. Significa que la frecuencia con la que se detecta a un recién nacido en riesgo y se le envía a un centro de atención médica se ha triplicado, lo cual sugiere una mejora sustancial tanto en la identificación temprana de complicaciones como en la relación entre las comunidades y el sistema de salud.

“La disminución de las muertes neonatales no depende solo de los avances técnicos, sino de cómo llegan esas medidas a las poblaciones más vulnerables”, señaló a SciDev.Net David Meléndez Navarro, quien no forma parte de la iniciativa.

Meléndez, secretario técnico del Comité Promotor por una Maternidad Segura en México, agregó que “intervenciones como esta muestran que la clave está en acercar los servicios, reconocer las barreras culturales y construir confianza”.

Comadronas aprendiendo y practicando diferentes aspectos del examen detallado del recién nacido. Crédito de la imagen: cortesía de Wuku’Kawoq para SciDev.Net.

Un desafío que va más allá de lo técnico

La mortalidad neonatal en América Latina ha disminuido más lentamente que la materna y sigue concentrándose en poblaciones indígenas y rurales. En Guatemala, los últimos datos oficiales disponibles desagregados por lugar de residencia sugieren que la población rural enfrenta una tasa de mortalidad neonatal 1.4 veces mayor que la población urbana (20 vs. 14 por 1,000 nacidos vivos).

“El desafío no es técnico, sino organizacional. Tenemos conocimiento, insumos y tecnología, pero las medidas no están llegando de forma equitativa a toda la población”, advirtió Meléndez Navarro.

Para reducir esa brecha, el modelo de Wuqu’ Kawoq combina cinco pilares: visitas domiciliarias, detección temprana de signos de peligro, acompañamiento familiar, atención culturalmente apropiada y tecnología digital.

Cada recién nacido recibe al menos dos visitas durante su primer mes de vida, la primera dentro de los tres días posteriores al parto en casa o 48 horas después del alta hospitalaria.

Una técnica neonatal realiza examen físico a un recién nacido. En las comunidades kaqchikel de Guatemala, casi la mitad de los partos ocurren en casa y cerca del 30 por ciento de las mujeres en edad reproductiva informaron haber tenido su primer hijo entre los 15 y los 19 años. Crédito de la imagen: cortesía de Wuku’Kawoq para SciDev.Net.

Durante esas visitas, técnicos neonatales –jóvenes indígenas formados por Wuqu’ Kawoq– evalúan al bebé, registran su temperatura, respiración y peso mediante una aplicación móvil, y orientan a las familias sobre alimentación y señales de alarma.

Si detectan algún riesgo, el sistema notifica a los navegadores comunitarios, encargados de coordinar el traslado al hospital, traducir al idioma maya kaqchikel y acompañar emocionalmente a las familias.

Dicho componente, explica el informe, es clave para superar las “barreras humanísticas” –en particular la discriminación y falta de proveedores hablantes de la lengua local– que durante años han desalentado la búsqueda de atención institucional.

La atención culturalmente apropiada es otro eje central. Los protocolos biomédicos se adaptaron para respetar el uso del temazcal –baño de vapor tradicional–, las infusiones de plantas para estimular la lactancia y las prácticas de cuidado en casa. “No se trata de reemplazar los saberes locales, sino de integrarlos de manera segura”, resume el documento.

El programa también aplica una metodología de mejora continua de la calidad, que permite ajustar los procesos en función de la retroalimentación de las comadronas, los técnicos y las familias. Así, cada ciclo de evaluación sirve para perfeccionar el modelo, no para imponer un protocolo fijo.

Uno de esos cambios surgió tras identificar que muchos bebés presentaban baja temperatura corporal, un signo de riesgo que antes pasaba inadvertido.

Esteban Castro afirmó que dicho hallazgo se tradujo en recomendaciones inmediatas y simples, como que las madres mantuvieran el contacto piel con piel con el bebé o cubrieran su cabeza con un gorro para conservar el calor.

Comadronas aprendiendo reanimación neonatal. Crédito de la imagen: cortesía de Wuku’Kawoq para SciDev.Net.

Más muertes registradas, pero no más bebés que mueren

En el periodo cubierto por el informe, las tasas de mortalidad neonatal registradas fueron mayores que las estimaciones previas. Sin embargo, Venzor Strader subraya que ese aumento no refleja un deterioro, sino una mejora en la documentación de los casos.

“Muchas de estas muertes perinatales y neonatales pasaban desapercibidas y no estaban contadas oficialmente. Por ejemplo, comparamos nuestros datos de mortalidad neonatal en el 2024 con los datos del departamento de Chimaltenango y nosotros solo en un municipio teníamos más registros que los de todo el departamento, que tiene como 17 municipios”, detalló.

La especialista también precisó que las muertes perinatales –las ocurridas en la primera semana de vida– siguen siendo difíciles de reducir, pero hay señales alentadoras en las muertes tardías (de 7 a 28 días).

“Nosotros las graficamos en una gráfica T y lo que sí hemos visto es una tendencia a que nuestros puntos estén por arriba de la mediana, quiere decir que hay más días entre eventos de los que había antes”.

Innovación con rostro humano

Para la experta en salud internacional Véronique Thouvenot, cofundadora de la Fundación Millennia y quien no participa en el programa guatemalteco, este ofrece una lección valiosa sobre cómo la tecnología puede adaptarse a las realidades culturales sin imponer modelos externos.

“La innovación solo tiene sentido si sirve a las poblaciones más desfavorecidas y se adapta a su realidad cultural y lingüística”, dijo a SciDev.Net.

“Lo que prueban iniciativas como la de Guatemala es que cuando los servicios se acercan a las comunidades y no al revés, cuando se respeta su cultura y se les escucha, cambia todo. Eso debería ser una lección regional”.

David Meléndez Navarro, secretario técnico del Comité Promotor por una Maternidad Segura, México

Thouvenot subrayó que, para mantener este tipo de esfuerzos, es fundamental invertir en educación y sostenibilidad a largo plazo: “La tecnología sin educación no transforma nada. Se necesita enseñar su uso, mantenerla viva y ajustarla a los cambios rápidos que impone la inteligencia artificial”.

La especialista fue tajante al recordar que, en pleno siglo XXI, las muertes maternas y neonatales prevenibles son moralmente inaceptables.

“Es una vergüenza que todavía mueran mujeres y recién nacidos por causas que la ciencia y la tecnología pueden evitar. Debemos unir conocimiento, innovación y humildad para que eso deje de ocurrir”, enfatizó.

Por su parte, Meléndez Navarro concluyó que “lo que prueban iniciativas como la de Guatemala es que cuando los servicios se acercan a las comunidades y no al revés, cuando se respeta su cultura y se les escucha, cambia todo. Eso debería ser una lección regional”.

Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net