04/12/20

Huracán María aumentó genes de resistencia antimicrobiana en el agua

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En las zonas rurales estudiadas en Puerto Rico se encontraron menos genes resistentes a los antibióticos, tanto en número como en diversidad. Crédito de la imagen: María Virginia Riquelme

De un vistazo

  • El huracán de 2017 provocó daños en infraestructura como plantas de tratamiento de aguas
  • En los afluentes contaminados se halló presencia de genes resistentes a antibióticos
  • El estudio puede servir para pronosticar efectos futuros de eventos climáticos extremos

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Tres años después de que el huracán María, de categoría 5, devastara Puerto Rico en 2017, un grupo de investigadores ha encontrado una relación entre el impacto que tuvo en la infraestructura del país y el aumento de genes resistentes a antibióticos en algunos ríos, que podrían afectar a los seres humanos.

Las bacterias se vuelven resistentes a los antibióticos cuando mutan, pero también cuando genes con resistencia se traspasan de un microorganismo a otro por diversos medios. Por eso, el haber encontrado grandes cantidades de este tipo de material genético en flujos de agua puertorriqueños aumenta la posibilidad de que bacterias potencialmente dañinas para el ser humano adquieran resistencia, a través de esos genes, y se vuelvan inmunes al efecto de los antibióticos.

En su investigación, publicada en el Journal of Environmental Science & Technology (18 noviembre), el grupo describe que algunas plantas de tratamiento de aguas que colapsaron por el paso del huracán provocaron la liberación de agua con contaminación fecal en varios ríos del país.

Seis meses después de que ocurriera María, el grupo tomó muestras en 16 puntos en los cursos de agua de la cuenca hidrográfica que está entre las ciudades de Patillas y Caguas. Con ello comprobó que donde se había producido la descarga de agua contaminada y había más material fecal, la presencia de genes resistentes a los antibióticos era mucho más alta, en algunos casos hasta el doble, en comparación con zonas donde la influencia humana era menor.

“En este contexto, si surge una mutación espontánea en una bacteria y esta pertenece a una familia similar a un microorganismo que es capaz de atacar al ser humano, esa nueva resistencia se vuelve una potencial amenaza para los tratamientos”.

Gonzalo Osorio, Programa de Microbiología y Micología, Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile.

El estudiante de doctorado Benjamin Davis procesa en el laboratorio una muestra de agua tomada en una de las tres cuencas estudiadas. Crédito de la imagen: María Virginia Riquelme.

Para determinar la presencia de esos genes en el agua, los investigadores utilizaron una técnica de metagenómica —o genómica ambiental— y tests de PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa), la misma prueba que se utiliza para diagnosticar COVID-19 a través de la detección de material genético.

“Junto con ello, en las zonas donde se descargaron las aguas contaminadas se encontraron genes de relevancia clínica y con mayor potencial” para moverse entre diferentes microorganismos, explicó por teléfono a SciDev.Net María Virginia Riquelme, bioinformática y analista de Diversigen (www.diversigen.com), y una de las autoras de estudio.

“En este contexto, si surge una mutación espontánea en una bacteria y esta pertenece a una familia similar a un microorganismo que es capaz de atacar al ser humano, esa nueva resistencia se vuelve una potencial amenaza para los tratamientos”, explicó por teléfono a SciDev.Net Gonzalo Osorio, académico del Programa de Microbiología y Micología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile y quien no fue parte del estudio.

A la proliferación de genes resistentes a los antibióticos, hay que sumarle el mal uso y abuso de antibióticos por parte de las personas, los que potencian la farmacorresistencia. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el tratamiento para enfermedades como la neumonía, tuberculosis, salmonelosis o gonorrea se ha vuelto más difícil debido a que los antibióticos utilizados contra ellas han perdido su eficacia.

De acuerdo con Gonzalo Osorio, estudiar y entender las consecuencias de eventos climáticos, como el huracán María, en el aumento de genes resistentes a los antibióticos puede servir para pronosticar los efectos futuros y mejorar las medidas de prevención.

Riquelme coincide. “Estos resultados permiten identificar las fuentes de proliferación de los genes resistentes, para así establecer los puntos de mayor riesgo y determinar las medidas adecuadas”, dijo.

Esto es importante porque si bien las grandes tormentas pueden exacerbar la propagación de los genes resistentes a los antibióticos, no son el único factor. Las fuentes de proliferación son múltiples, entre las que se incluyen la industria agropecuaria y la farmacéutica, entre otras.

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