23/12/13

Estudio caribeño revela cómo manejar crisis volcánicas

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Crédito de la imagen: Flickr/IRRI Images

De un vistazo

  • Recomendaciones científicas sobre amenazas de volcanes activos deberían admitir sus limitaciones
  • Involucrar la amplia visión del riesgo de los científicos sociales también puede mejorar las recomendaciones
  • El estudio examinó los 15 años que el volcán de Montserrat estuvo activo

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[SANTIAGO]  Los vulcanólogos que asesoran a gobiernos sobre qué medidas tomar cuando un volcán está activo deberían admitir la incertidumbre en sus cálculos sobre el riesgo, y trabajar con científicos sociales para comunicar mejor el peligro a la población, concluye un estudio de caso de Montserrat, en el Caribe británico.
 
Amy Donovan y Clive Oppenheimer, geógrafos de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, estudiaron la interacción entre ciencia y política durante los 15 años que el volcán Soufriere Hills estuvo activo en esta pequeña isla caribeña.
 
Este volcán entró en erupción por primera vez en julio de 1995, arrojando lava hasta marzo de 1998 y esporádicamente desde noviembre de 1999 hasta febrero de 2010.  No existía registro de ninguna erupción anterior y la capital, donde vivía la mayoría de los isleños, estaba ubicada en las laderas del volcán.
 
Dos tercios de la población abandonaron la ciudad en los tres años siguientes a la primera erupción. En 1995 se instaló un observatorio para monitorear las erupciones del volcán y desde 1997 un comité de expertos internacionales realizó constantes evaluaciones de riesgo.
 
“La evaluación de riesgo volcánico hecha allí fue realmente pionera,” dice Donovan a SciDev.Net.
 
El estudio está basado en análisis de informes científicos sobre el volcán y entrevistas con habitantes, científicos y tomadores de decisión realizadas entre 2008 y 2010.

Es importante cuantificar el riesgo y admitir que la estimación no es exacta – pero también es importante explicar los diferentes tipos de incertidumbre”.

Amy Donovan y Clive Oppenheimer, Universidad de Cambridge

 
Concluye que cuando el volcán entró en erupción por primera vez había poca información sobre su magnitud y cómo podría evolucionar la situación. Además, no existían instituciones que prestaran asesoramiento científico ni organismos de gobierno dedicados a planificar las crisis que podrían provocar las erupciones del volcán.
 
Y las recomendaciones de un informe de la década de los años ochenta, que habrían ayudado a diseñar medidas a tomar en caso de una erupción, fueron mayormente ignoradas.
 
Añade que las crisis volcánicas habrían sido más fáciles de manejar si un observatorio volcánico hubiera estado funcionando antes de la erupción y si los funcionarios públicos y los habitantes conocieran a los científicos que trabajaran allí.
 
También destaca la importancia de crear mecanismos asesores que puedan ser puestos en marcha apenas ocurra una emergencia y la importancia de dejar en claro los límites de la ciencia.  En el caso de Montserrat, en los inicios de la erupción se le dijo a los habitantes que los pronósticos eran inciertos, cosa que fue muy bien recibida por los que fueron entrevistados durante la investigación, añade.
 
“Es importante cuantificar el riesgo y admitir que la estimación no es exacta – pero también es importante explicar los diferentes tipos de incertidumbre,” dice el estudio.
 
“Frecuentemente, las incertidumbres de las evaluaciones científicas de riesgo son tan altas que la gente no las toma en serio (¡si llegan a mirarlas!)  y esto puede hacer que los científicos no [escriban] informes de esta naturaleza.”
 
Otra conclusión, indica Donovan, es que los científicos deben conocer cuál es la estructura y las competencias de las instituciones involucradas en manejar las crisis volcánicas y saber cuál es su situación legal para no correr la suerte de los científicos italianos condenados por homicidio por haber minimizado el riesgo de un terremoto en L’Aquila, Italia.
 
También aconseja a los volcanólogos que involucren a científicos sociales en la elaboración de las recomendaciones.
 
“Los científicos sociales tienen una perspectiva mucho más amplia de lo que significa el riesgo que la que generalmente adoptan los científicos físicos cuando hacen evaluaciones; éstos pueden reducir el riesgo a una probabilidad, a veces con un alto nivel de incertidumbre,” señala a SciDev.Net.
 
“Las ciencias sociales podrían ayudar, por ejemplo, en la redacción de las preguntas usadas en la evaluación de riesgo, en proveer información sobre la población y sus expectativas y en aconsejar cómo comunicar el riesgo estimado,” añade.
 
Angelo Castruccio, geólogo de la Universidad de Chile, dice a SciDev.Net que uno de los principales problemas detectados por el estudio de Montserrat es la poca comprensión que tenía cada una de las instituciones o personas involucradas sobre la naturaleza y funciones de cada cual.
 
“Los pobladores no entendían que la vulcanología es, en general, una ciencia inexacta,” indica. “Y los científicos y las autoridades no comprendían a fondo la idiosincrasia y costumbres de los pobladores.”
 
Las lecciones que él deriva de este estudio de caso es que los científicos, autoridades y habitantes deben hacer un esfuerzo para entender el lenguaje o costumbres de los demás e informar de la manera más clara posible; que cada grupo debe tener claramente definidas sus funciones y limitaciones; y que las medidas a tomar en caso de crisis deben establecerse con anterioridad.

El estudio está en prensa en Environmental Science and Policy.
 
Enlace al estudio (en inglés)

References

Environmental Science & Policy doi: 10.1016/j.envsci.2013.08.009 (2013)
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