04/03/26
Bisfenol en juguetes, fuente de riesgo infantil
Enviar a un amigo
Los detalles proporcionados en esta página no serán usados para enviar correo electrónico no solicitado y no se venderán a terceros. Ver política de privacidad.
[SÃO PAULO, SciDev.Net] Infantes en edad pre escolar de América Latina podrían estar expuestos a elevadas dosis diarias de bisfenol A (BPA), sustancia química nociva empleada en la fabricación de objetos plásticos, hace mucho prohibida en biberones, pero que sigue estando presente en algunos juguetes.
Un estudio publicado en el Journal of Exposure Science and Environmental Epidemiology analizó las concentraciones de distintos tipos de bisfenol y sus compuestos alternativos en juguetes de uso común entre niñas y niños hasta seis años de edad.
Si bien la vía oral (chupar o morder el juguete) fue la principal fuente de riesgo, en especial para bebés de entre 6 y 12 meses, el estudio destaca que el contacto directo con la piel y la ingestión de polvo ambiental también son vías de exposición relevantes.
Los hallazgos indican que los bisfenoles S (BPS) y F (BPF), hasta ahora consideradas opciones más seguras frente al A, presentan perfiles toxicológicos comparables o incluso más elevados que el BPA, con un considerable potencial de acumulación en el cuerpo y alteración hormonal.
Esto implica que sustituir BPA por alternativas no necesariamente reduce la exposición.
Investigaciones recientes señalan que la exposición temprana al BPA y sus análogos puede afectar el desarrollo cerebral, con consecuencias para la memoria, el comportamiento y el aprendizaje infantil.
“También puede alterar el funcionamiento de las glándulas productoras de hormonas, lo que se asocia con trastornos como pubertad precoz y alteraciones en la tiroides”, dice a SciDev.Net Natália Ferrini Laviola Pereira, investigadora de la Universidad Federal del Sur de la Bahia, Brasil, quien no participó del estudio publicado en el Journal of Exposure Science and Environmental.
Las preocupaciones sobre los posibles efectos del BPA en la salud surgieron a fines de la década de 1990, a partir de evidencias de que la sustancia alteraría el funcionamiento natural de las hormonas, afectando el crecimiento, el metabolismo y otras funciones esenciales del organismo, pudiendo causar una serie de enfermedades.
Por precaución, varios gobiernos latinoamericanos prohibieron la fabricación e importación de biberones conteniendo BPA, ante la mayor exposición y vulnerabilidad de los bebés.

En América Latina se prohibió el uso de bisfenol A en biberones y envases para alimentación infantil hace más de una década. Crédito de la imagen: PxHere, imagen en el dominio público.
En Brasil y Argentina, la prohibición entró en vigor en 2012. En Costa Rica, su uso en biberones y otros envases dedicados a la alimentación infantil se prohibió en marzo de 2010.
Desde entonces, surgieron numerosas alternativas al BPA, como el BPF y el BPS. Pero los posibles efectos de estos sustitutos sobre la salud y riesgo de contaminación de bebés e infantes todavía no han sido totalmente evaluados.
“El enfoque convencional, centrado en la prohibición de sustancias individuales sin una evaluación rigurosa de los sustitutos, corre el riesgo de perpetuar la exposición a sustancias químicas nocivas por otros canales”.
Natália Ferrini Laviola Pereira, investigadora de la Universidad Federal del Sur de la Bahia, Brasil y estudiosa de los efectos del BPA en la salud humana
Para los autores del estudio sobre los juguetes, el hallazgo toxicológico de dichos bisfenoles plantea interrogantes alarmantes sobre las prácticas actuales de sustitución de sustancias químicas.
Además, el BPA sigue siendo ampliamente utilizado pese a las restricciones y evidencias acumuladas de riesgo a la salud humana. “Su producción mundial se estimó entre 6,4 y 6,8 millones de toneladas anuales en 2023 y 2024”, según Pereira, quien hace años estudia los efectos del BPA en la salud humana.
No solo en juguetes
Un estudio de revisión sobre la presencia de BPA en dispositivos médico-hospitalarios sugiere que pacientes hospitalizados también podrían estar expuestos a niveles elevados de esta sustancia y sus análogos, debido al contacto directo y prolongado con dispositivos médicos como catéteres intravenosos, tubos de hemodiálisis y sondas enterales (para suministrar líquidos) y urinarias.
“Estos dispositivos se utilizan de forma más invasiva en el cuerpo humano, lo que favorece la absorción de estas sustancias a través de la piel”, señala Pereira.
“Una vez en el organismo, ingresan al torrente sanguíneo y se acumulan en distintos tejidos, pudiendo interferir en el sistema hormonal y desencadenar efectos adversos en la salud reproductiva y en el funcionamiento del hígado, el páncreas y la tiroides, entre otros órganos”, añade.
“Las personas con enfermedad renal crónica sometidas a hemodiálisis y los pacientes internados en unidades de cuidados intensivos figuran entre los grupos más expuestos, precisamente por el contacto directo y prolongado con estos materiales”, explica a SciDev.Net la enfermera Vânia Lima Coutinho, de la Universidad Estatal de Río de Janeiro, coautora del estudio de revisión sobre la presencia de BPA en dispositivos médico-hospitalarios.
Según ella, se requiere profundizar en la comprensión de la contaminación por BPA y sus análogos en dispositivos médicos, para lo cual es fundamental determinar previamente la cantidad de BPA que esos pacientes tienen en sangre al ingresar al hospital, algo no contemplado en los estudios analizados.
Los organismos reguladores establecen una ingesta diaria tolerable de BPA de 0,05 mg por kilo de peso corporal, teniendo en cuenta que todos estamos en contacto con esta sustancia a través del plástico que recubre los alimentos o con resinas epoxi aplicadas en el revestimiento interno de las latas que los transportan.
Para Pereira, esos hallazgos, en conjunto, son preocupantes y tienen profundas implicaciones para las políticas de salud pública en América Latina.
“El enfoque convencional, centrado en la prohibición de sustancias individuales sin una evaluación rigurosa de los sustitutos, corre el riesgo de perpetuar la exposición a sustancias químicas nocivas por otros canales”, señala la investigadora.
Según las expertas, es fundamental impulsar alternativas económicamente viables que sustituyan por completo el BPA en dispositivos médicos y juguetes.
“Cuando se trata a individuos vulnerables, reducir exposiciones evitables no es solo una cuestión técnica, sino también ética y de salud pública”, concluye Pereira.
Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net
