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Hace algunos días, el mundo despertó con una noticia alarmante: hay un millón de especies en peligro de extinción, más que nunca en la historia de la humanidad. La información surge de una evaluación divulgada por la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) durante su 7ª sesión plenaria, realizada en París (Abril 29 al 4 de mayo).

El trabajo fue presentado como “la evaluación más completa de su tipo”, según Sir Robert Watson, entonces presidente de IPBES. “Estamos erosionando los cimientos de nuestras economías, medios de vida, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida en todo el mundo”, afirmó el científico.

El comunicado de prensa sobre esa evaluación tiene más de diez páginas con información concreta: la contaminación por plástico se ha multiplicado por diez desde 1980; 75 por ciento del ambiente terrestre y 66 por ciento de los ambientes marinos están “severamente alterados” por la acción humana; al menos 680 especies de vertebrados se han extinguido por acciones humanas desde el siglo XVI; desde 1970 se registra un 70 por ciento de aumento en la cantidad de especies exóticas invasoras en 21 países; 47 por ciento de los mamíferos no voladores terrestres y 23 por ciento de las aves ven amenazada su distribución debido al cambio climático.

El informe subraya acciones posibles principalmente en sistemas agrícolas, marinos, de agua dulce, y en áreas urbanas. Sin embargo, enfatiza la inclusión de diversos puntos de vista en todas las acciones, pues la evaluación demostró que “en promedio, estas tendencias han sido menos severas o se han evitado en áreas mantenidas o administradas por pueblos indígenas y comunidades locales”.

Ahora, al terminar el mandato de Watson, la responsabilidad de presidir los próximos tres años está en manos de una mujer colombiana, Ana María Hernández, elegida en París el 4 de mayo.

Desde 2010 Hernández es jefa de la Oficina de Relaciones Internacionales, Política y Cooperación en el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt. Fue jefa de la Oficina de Asuntos Internacionales en el Ministerio de Medio Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial de Colombia. 
 
Hernández representa al Punto Focal Nacional de Colombia para IPBES desde 2012. Aunque su agenda está llena en estos días, y explica que “después de las 6 pm” está “en modo mamá”, se tomó unos minutos para hablar con SciDev.Net.
 
Esta no es la primera vez que IPBES muestra la necesidad urgente de tomar medidas para proteger el ambiente. ¿Las conclusiones de este año son más alarmantes o sorprendentes?
En primer lugar, debemos tener en cuenta que las evaluaciones dadas por IPBES han sido muy específicas. Por ejemplo, para la comunidad que está interesada en la agricultura y la nutrición, la evaluación de los polinizadores ha sido muy importante. Para otros, que consideran que la degradación de la tierra es un tema urgente —África, por ejemplo—, el informe sobre la degradación y restauración de la tierra también fue clave.

Y también en nuestras evaluaciones regionales dimos mensajes muy sólidos para cada región que han sido tomados en consideración por muchos países. Esta es la primera vez que tenemos una evaluación global, por lo que todos deben estar conscientes de lo que está sucediendo en todo el mundo si la biodiversidad continúa en este proceso de reducción.

“Las acciones que son puntuales y tienen un objetivo preciso no son fáciles. Tenemos que repensarnos. Tenemos que cambiar de mentalidad y cambiar nuestros comportamientos económicos, sociales y culturales, desde lo individual hacia la perspectiva de la comunidad global. Es un desafío”.

Ana María Hernández

¿Cómo fue el proceso para llegar a tantas cifras en el informe?
Las evaluaciones de IPBES se basan en la mejor evidencia disponible para la sostenibilidad. Hemos utilizado al menos 15.000 artículos y evaluaciones provenientes de todo el mundo que muestran el estado del arte de la biodiversidad en diferentes contextos. Con ello, nuestros 145 expertos analizaron y sintetizaron esa información.

Dentro de IPBES tenemos algo llamado “clasificación de confianza” para que el lector pueda encontrar la mejor información disponible y sea consciente del nivel de confianza que le estamos dando a toda esa información.
 
¿Qué tipo de artículos consultan los expertos de IPBES?
Algunos documentos son artículos escritos por profesionales —no necesariamente documentación científica revisada por pares—, programas, evaluaciones, documentos de política, etc.

También tenemos muchas formas de atraer la participación de una población más amplia. Por ejemplo, cuando comenzamos a escribir la evaluación, seguimos ciertos pasos. El primero es producir el “primer borrador de orden” (FOD, por su sigla en inglés). Este FOD está abierto para comentarios en la web. Todo el mundo puede hacerlo. Cuando los expertos se reúnen, revisan esos comentarios y, si son interesantes, si están bien estructurados y tienen evidencia, tal vez los podemos incluir.

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Cortesía Ana María Hernández.

¿Por qué esta evaluación global enfatiza la importancia de incluir la información proporcionada por los pueblos indígenas y las comunidades locales?
IPBES se basa en una evidencia básica: los científicos no son los únicos que tienen información sobre la realidad de la biodiversidad. Por eso intentamos reunir los diferentes sistemas de conocimiento, como el conocimiento indígena y local, el conocimiento proveniente de profesionales, ciudadanos, tomadores de decisiones y, por supuesto, el de los científicos de toda una amplia variedad de disciplinas. No solo de ciencias biológicas; también las ciencias económicas, sociales, culturales, políticas.

Con esos diferentes puntos de vista, IPBES puede tener una idea más clara de lo que realmente está sucediendo con la biodiversidad. Y, por supuesto, también pensamos que el conocimiento indígena y local es esencial, porque su cultura, su territorio está integrado a la conservación y al uso sostenible de la biodiversidad.
 
Las conclusiones de esta evaluación global parecen muy negativas.
Es una evaluación real. Nadie quiere saber que no solo nos enfrentamos al riesgo de devastación, sino que somos los responsables de esa situación. Esa es la realidad. Tenemos que empezar a enfrentarnos y aprender a hacer autocrítica. No es negativo; muestra evidencia, pero también dice lo que debes hacer a continuación. Ofrecemos escenarios.

Si se pudieran cambiar algunas cosas que están generando impacto profundo en la biodiversidad en este momento, el futuro será un poco mejor para nosotros. Si entendemos y tomamos acciones, quizás algunas muy específicas, las cosas pueden cambiar.

Pero la realidad es que las acciones que son puntuales y tienen un objetivo preciso no son fáciles. Tenemos que repensarnos. Tenemos que cambiar de mentalidad y cambiar nuestros comportamientos económicos, sociales y culturales, desde lo individual hacia la perspectiva de la comunidad global. Es un desafío.

Creo que lo maravilloso de la evaluación global es que nos está invitando a aceptar ese desafío. Para mí no es una evaluación global negativa; para mí es una evaluación global real que nos invita a tomar medidas y a cambiar el futuro que realmente está en nuestras manos.
¿Qué viene ahora en su período de tres años como presidente de IPBES?
En nuestra última sesión plenaria en París no solo aprobamos la evaluación global; también aprobamos el programa de trabajo hasta 2030. Y eso me da una hoja de ruta muy clara.

Tenemos que finalizar las tres evaluaciones que estamos haciendo en este momento: la evaluación de uso sostenible, la de especies exóticas invasoras y una metodológica sobre los múltiples valores de la naturaleza.

Y luego tenemos otras cuatro evaluaciones: una relacionada con el nexo entre la biodiversidad y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS); una segunda que trata sobre las causas de la pérdida de biodiversidad y el cambio transformador; otra sobre negocios y biodiversidad que será muy interesante porque es la oportunidad de involucrar a los sectores privados en las discusiones, y la otra es un documento técnico sobre el cambio climático y la biodiversidad.

Y, por supuesto, tenemos que continuar con el desarrollo de capacidades, con la estrategia de comunicación y divulgación, con el trabajo sobre herramientas y metodologías de políticas, apoyando nuestro proceso de análisis de datos. Tenemos muchas cosas por hacer: trabajar con todos los expertos, los miembros de la oficina y la secretaría.
 
¿Qué significa ser la primera mujer como presidenta de IPBES?
Seré franca con mi respuesta: no siento que porque soy mujer tengo un poder especial para asumir esta nueva responsabilidad. Creo que me eligieron por el reconocimiento del trabajo que hemos realizado en la comunidad científica de Colombia y América Latina.

El tema más importante aquí no es el género, sino el conocimiento. Será diferente porque los presidentes anteriores de IPBES provienen de las ciencias naturales y mi enfoque proviene de la ciencia política.

Así, es ciencia, es conocimiento, pero traemos a la comunidad nuestro punto de vista diferente. La pregunta de género es una pregunta difícil. No me siento diferente porque soy mujer. Solo le diría que mis hijos están muy orgullosos de mí.

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