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Los glaciares andinos se encuentran entre los que se derriten más rápidamente y son los que más contribuyen al aumento del nivel del mar en el planeta, según un estudio publicado en Nature Geoscience que utilizó imágenes satelitales tomadas entre 2000 y 2018. La pérdida total de hielo en ese periodo fue de 22,9 giga toneladas año, un poco más de 9 millones de piscinas olímpicas.
 
Utilizando el método geodésico, que permite representar las formas de la superficie de la Tierra, los científicos describieron el comportamiento en el tiempo de los glaciares de la cordillera de Los Andes. “Todas las estimaciones anteriores mostraban una variabilidad muy grande, por lo que esta medición interdecadal (entre décadas) nos permite llegar a un consenso sobre la pérdida de masa”, explica a SciDev.Net Inés Dussaillant, investigadora del Laboratorio de Estudios Espaciales Geofísicos y Oceanográficos (LEGOS) de la Universidad de Toulouse, Francia, y autora principal del trabajo.
 
Los glaciares de los Andes Tropicales y de la Patagonia son los que más han retrocedido en esta cordillera, lo que es relevante si se considera que en esa última región se encuentran las masas de hielo más grande de este cordón motañoso.

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El glaciar Olivares Alfa está en la cuenca del río Maipo, donde también está Santiago de Chile. En la foto se ve la gran disminución de la masa en hielo en solo 66 años.
Crédito: Luis Lliboutry, Marc Turrel.
 
El equipo también pudo determinar que, en su conjunto, el derretimiento de las masas de hielo de los Andes aporta 10 por ciento de la contribución mundial total de los glaciares de montaña al aumento del nivel del mar. “Este valor es el doble de lo que contribuyen todos los glaciares de la alta montaña de Asia. Y hay que considerar que estos últimos cubren un área tres veces mayor”, dice Inés Dussaillant.
 
Según los datos obtenidos, entre 2000 y 2010 los glaciares que están entre el norte de Chile-Argentina y la mitad de la Patagonia casi no perdieron masa, al contrario de lo que pasaba en las otras zonas de la cordillera. Pero, la década siguiente eso cambió y comenzaron a retroceder.
 
Para entender la razón de este cambio de patrón, los científicos buscaron pistas en las cuencas de la zona durante ese período. Específicamente en la cuenca de Santa, en Perú; las cuencas del Aconcagua, Maipo y Baker, en Chile; y en las de San Juan, Mendoza y Santa Cruz, en Argentina. Mientras en las cuencas del norte y sur —Santa y Baker y Santa Cruz, respectivamente— no hubo una gran diferencia en el derretimiento, sí se verificó en la cuencas del centro (Aconcagua, Maipo, San Juan y Mendoza).

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Tasas de equilibrio promedio de los glaciares de la cordillera de los Andes entre marzo de 2000 y abril de 2018. El color rojo oscuro representa las mayores pérdidas.
Crédito: Dussaillant et al, Nature Geoscience.
 
Pero además, en ese periodo comenzó lo que se denomina “megasequía”, una baja marcada de las precipitaciones que aún no ha terminado y que llegó a disminuir el caudal de los ríos estudiados en Chile entre 28 y 46 por ciento al año. Según las estimaciones del estudio, durante ese tiempo los glaciares han sido responsables de entre 3 y 8 por ciento del caudal de esos ríos. “Esto demuestra que los glaciares están actuando como un buffer (amortiguador) mitigando los efectos de la megasequía y ayudando a aliviar sus efectos”, dice Dussaillant.
 
Ese es un papel fundamental, agrega, ya que se trata de áreas densamente pobladas. Según el estudio Radiografía del Agua, de la Fundación Chile,  76% de la superficie de Chile está afectada hoy por la sequía.
 
“Estos resultados son importantes no solo porque miden la contribución de los glaciares de los Andes al aumento del nivel del mar, sino también porque permiten conocer mejor los recursos hídricos disponibles”, dijo a SciDev.Net Sebastian Mernild, director del Nansen Environmental and Remote Sensing Center (NERSC), en Noruega, y que no fue parte del estudio.

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Retroceso del glaciar Marinelli en el Parque Nacional Alberto de Agostini, en Isla Grande de Tierra del Fuego, en poco más de un siglo.
Crédito: Alberto de Agostini, Cristián Donoso, Alfredo Pourailly.

Pero también pone de relieve, continúa el científico, la importancia de los glaciares menores, presentes en la cordillera de los Andes, y no solo de las grandes extensiones de hielo. “Antes no se los consideraba de igual manera que las masas de hielo de mayor tamaño, pero ahora se sabe que su contribución es relevante”, opinó.
 
Si bien el estudio no contempló el efecto que el cambio climático ha tenido en los glaciares, Dussaillant asegura que los datos obtenidos ayudarán a hacer ese análisis. Sobre todo pensando en las políticas de manejo de los recursos hídricos, que deberían incorporar esta información.
 
Mernild coincidió: “El tamaño de los glaciares se está reduciendo cada vez más y eso significa que también lo están haciendo las fuentes de agua dulce”, advirtió. En 40 o 50 años algunos glaciares de Chile, por ejemplo, van a desaparecer y eso debe tenerse en consideración al momento de definir las políticas públicas de largo plazo de abastecimiento de agua, dice. > Enlace al estudio completo en Nature Geoscience.