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La transformación energética hacia fuentes renovables avanzó en América Latina y en el mundo durante 2017, pero sin alcanzar la rapidez requerida para lograr las metas energéticas y climáticas, concluye el Reporte sobre la Situación Mundial de Renovables 2018, publicado por la red global REN21.

En el informe, los países latinoamericanos destacan por su crecimiento en energía eólica, solar, de biomasa y con pequeñas hidroeléctricas y por suplir dos tercios de su demanda eléctrica con renovables.

Pero la transición debe ir más allá de generar electricidad limpia y también debe enfocarse en sectores como transporte, calefacción y enfriamiento, dice el informe.

“Estos sectores representan 80 por ciento de la demanda energética global. No basta con enfocarse en las centrales eléctricas si queremos alcanzar las metas del Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, explicó Rana Adib, coordinadora de investigación en REN21.

La experta destacó la bajísima penetración de renovables en estos sectores clave.

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Crédito: Presidencia Uruguay.
Potencia eléctrica

A nivel global, la generación renovable está venciendo a la nuclear y a los combustibles fósiles: 70 por ciento de las centrales eléctricas instaladas en 2017 son de fuentes de energía limpias.

Este crecimiento estuvo marcado por precios cada vez más bajos en tecnologías como paneles fotovoltaicos y turbinas eólicas.

China, Europa y Estados Unidos representaron la gran mayoría (75 por ciento) de las inversiones renovables. “Cuando miras este indicador en América Latina, ves a El Salvador, Chile, México, Honduras, Jamaica y Costa Rica entre los primeros 30 del mundo. Hay que destacar estas buenas historias”, dijo la experta.

La generación fotovoltaica creció 33 por ciento a nivel global y las fuentes eólicas 11 por ciento con respecto a 2016.

A pesar de este crecimiento, en 2017 las emisiones de dióxido de carbono crecieron (1,4 por ciento) por primera vez en cuatro años. El crecimiento está asociado a menor eficiencia energética y mayor demanda global.

“La movilidad eléctrica permite transformar un sector disperso, con ciento de miles de unidades que consumen combustibles, a lidiar solo con la generación de electricidad limpia”.

Esteban Bermúdez, coordinador del programa MOVE Movilidad Eléctrica en Latinoamérica

Calefacción y enfriamiento

El éxito en generación no se ve replicado en otros campos: las renovables proveen solo 3 por ciento de la energía empleada en transporte y 10 ciento de la usada en calefacción y enfriamiento.

América Latina destaca en este último campo, dijo Adib. En 2017, un cuarto de la producción de calor en la región, la mayoría para industrias, vino de renovables (eólica, solar, electricidad por biomasa y pequeñas hidroeléctricas).

Algunos de los países de la región superan con creces el promedio latinoamericano, como Paraguay (90 por ciento del calor industrial generado con renovables), Uruguay (80 por ciento), Costa Rica (63 por ciento) y Brasil (48 por ciento).

Sin embargo, la región registra una matriz de transporte ligada a los combustibles fósiles y una caída en eficiencia energética (cayó 3,7 por ciento entre 2011 y 2016).

Para Esteban Bermúdez, coordinador del programa MOVE Movilidad Eléctrica en Latinoamérica, una plataforma de Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la región puede aprovechar su ventaja en generación para el transporte.

“La movilidad eléctrica permite transformar un sector disperso, con ciento de miles de unidades que consumen combustibles, a lidiar solo con la generación de electricidad limpia”, señala el ingeniero.

Bermúdez destaca el caso de Chile, que planea una línea de autobuses electrificada y renovar entre 2.000 y 3.000 unidades de transporte público.

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Crédito: Fiocruz.
Progreso social

Si bien el informe 2018 destaca la inversión privada en la región, un reporte latinoamericano publicado en 2017 también por REN21 destaca los pocos espacios para la energía comunitaria.

La generación comunitaria y distribuida puede ofrecer opciones a países con altos porcentajes de la población sin electricidad, como Haití (67 por ciento; siete millones de personas) y Honduras (24 por ciento; dos millones).

Para eso, advierte Adib, es necesario que las ofertas subastadas consideren el valor agregado de la electricidad comunitaria.

“Este empoderamiento de las comunidades tiene un costo económico un poco mayor en el corto plazo, pero da enormes beneficios sociales a largo plazo”, apuntó Adib.