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Una de las mayores extensiones de manglares del Caribe colombiano —el complejo lagunar de Cispatá— tiene alta contaminación con microplásticos en agua, sedimentos y peces propios de esos humedales costeros, a causa de un tratamiento deficiente de las aguas residuales y la inadecuada disposición final de residuos sólidos.

La investigación, que será publicada en Marine Pollution Bulletin (mayo) constató la presencia de microplásticos en la superficie del agua en altas concentraciones y en el tracto digestivo del 7 por ciento de los 302 ejemplares de peces estudiados, correspondientes a 22 especies.

Este porcentaje es alto si se compara, por ejemplo, con estudios sobre peces de superficie de otros sitios estuarinos, bahías y áreas costeras con diferentes intervenciones humanas en el Pacífico oriental de Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Chile, que es de 2 por ciento.

Los microplásticos son partículas menores a cinco milímetros de diámetro que provienen de la fabricación de gránulos, pellets o microesferas destinadas a las industrias cosmética o de limpieza; o resultan de la transformación de plásticos en filamentos, películas o fragmentos a causa de la radiación solar, la oxidación o la biodegradación.

Sobre la causa de esta contaminación, “cerca de 65 por ciento de los residuos generados en los municipios costeros se manejan inadecuadamente, arrojándolos directo en cuerpos de agua y en basureros satélites, enterrándolos, quemándolos y disponiéndolos en basureros a cielo abierto”, dijo a SciDev.Net Ostin Garcés Ordóñez, del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar), en Santa Marta, Colombia.


El biólogo afirma que “los manglares de Cispatá están en un área marina protegida y son de suma relevancia para el mantenimiento de especies de importancia comercial y ambiental. La contaminación por plásticos podría afectar la calidad y disponibilidad del recurso pesquero del cual dependen las comunidades locales”.

Los manglares actúan como amortiguadores naturales de las mareas y son un escudo protector frente a la amenaza progresiva del aumento del nivel del mar derivado del cambio climático.

El denso sistema de raíces que desarrollan inhibe el flujo del agua de las mareas y favorece la deposición de sedimentos ricos en nutrientes. Una vez perdidos son muy difíciles de replantar debido a los cambios en esos mismos sedimentos que las raíces ayudaron a mantener en su lugar.

Los residuos plásticos pueden transferir contaminantes orgánicos persistentes, metales pesados y otros compuestos tóxicos a la red alimentaria, y podrían servir como vector de microorganismos patógenos, advierten los autores.

Los microplásticos pueden causar daños físicos y obstruir el tracto digestivo, detalló Garcés, que también integra la Red de Vigilancia para la Conservación y Protección de las Aguas Marinas y Costeras de Colombia (REDCAM).

Además, pueden introducir sustancias tóxicas contenidas en los plásticos (bisfenoles, ftalatos, retardantes de llama) o absorbidas del ambiente (hidrocarburos, plaguicidas, metales) y también acumularse en los organismos que las ingieren y en la red trófica, “con la probabilidad de afectar la salud humana”, agregó Garcés. De los peces estudiados, la lisa (Mugil incilis) presentó la mayor prevalencia de ingestión de microplásticos en Cispatá. Otras especies analizadas de alto consumo que también presentaron microplásticos fueron el sábalo (Megalops atlanticus), el jurel (Caranx hipos) y el róbalo (Centropomus undecimalis).

“Me parece valioso que el estudio de microplásticos en los manglares del Caribe apunte a ver el impacto en distintos peces porque es necesario saber cuáles son las especies más afectadas y cuáles no están ingiriendo” estos compuestos, dijo a SciDev.Net Roxana Di Mauro, del Programa de Pesquerías de Peces Demersales Costeros del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) de Mar del Plata, Buenos Aires.

Di Mauro agregó también que “es importante que se realicen este tipo de estudios porque es un problema que recién se está empezando a conocer y todavía no se sabe cómo puede impactar en los eslabones de la cadena trófica”.

Asimismo, la especialista opinó que deben investigarse los ambientes acuáticos, con o sin presión derivada de la acción humana, ya que los microplásticos circulan con el agua y “es necesario entender no sólo lo que pasa en el sitio puntual en el que se hallan, sino cómo llegan ahí, cómo se acumulan y de qué modo interaccionan con los organismos presentes”.

Para cambiar esa situación, Garcés Ordóñez afirmó que es necesario “un cambio en los patrones de producción y consumo de productos desechables, mejorar el saneamiento básico de las poblaciones del país, inversión pública en educación para mejorar la separación de residuos, mejora en los métodos de recolección de los residuos separados, impulsar el reciclaje y el aprovechamiento de los residuos”.

Enlace al resumen al estudio en Marine Pollution Bulletin.