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[BUENOS AIRES] Una de las predicciones de la ciencia del cambio climático es la mayor recurrencia y la potencia de los eventos climáticos extremos: sequías, inundaciones, aludes. Pero esos sucesos de alto impacto no afectan a todos del mismo modo. De hecho, a mayor índice de desarrollo humano y socioeconómico, menos impacto directo de desastres naturales.

Un trabajo publicado en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health corroboró esa idea. El estudio se enfoca en América Latina y remarca que aquellos países que cuentan con más inversión en salud pública —como Chile, Uruguay, Costa Rica, Panamá, Argentina, Paraguay, Brasil y México— tienen más resiliencia ante catástrofes de origen climático.

“La falta de equidad, de alerta, preparación, respuesta, causan tanto o más impacto humano en el bienestar y la salud que los eventos en sí mismos”.

Gustavo Nagy, Universidad de la República (Uruguay)


En cambio, pese a sus esfuerzos, países como Honduras y Nicaragua, que combinan alta frecuencia de eventos climáticos extremos y bajo desarrollo tienen una alta vulnerabilidad e impactos humanos directos.

“La falta de equidad, de alerta, preparación, respuesta, causan tanto o más impacto humano en el bienestar y la salud que los eventos en sí mismos”, dice Gustavo Nagy, investigador del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Universidad de la República (Uruguay) y coautor del trabajo.

“Hecha la salvedad de que existen eventos frente a los que no se puede hacer nada, hay que diferenciar exposición y gente en riesgo, la vulnerabilidad que se asocia a esto más la pobreza, alerta preparación y respuesta. Una cosa es la cantidad de gente en riesgo real, de afectados (por ejemplo, desplazados), de aquellos que sufren heridas y muertes. La condición socioeconómica, sanitaria y la respuesta reducen considerablemente los heridos y fundamentalmente los muertos, así como las consecuencias posteriores”, puntualiza en diálogo con SciDev.Net. El trabajo también hace algunas sugerencias acerca de cómo adaptarse a este tipo de eventos climáticos extremos y destaca el sistema de alerta temprana para la ciudad de La Paz (Bolivia).

Allí se elaboró un mapa de riesgo para zonas de lluvias luego de un alud fatal ocurrido en febrero de 2002 que ocasionó 63 muertos y 14 desaparecidos, además de daños materiales. Cuando ocurrió otro evento similar en 2011, dice el estudio, se activó el sistema, se pudo evacuar a los habitantes en riesgo y no hubo muertes.

Para Matilde Rusticucci, investigadora del Conicet en el Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos (Universidad de Buenos Aires), “el trabajo es interesante y tiene mucha información recopilada, pero le falta un autor que tenga expertise en climatología ya que no considera por ejemplo que las olas de calor ocasionan muertes”.


Enlace al estudio en International Journal of Environmental Research and Public Health