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Los bosques del Caribe podrían no ser capaces de soportar los huracanes de mayor intensidad que se prevé serán predominantes en las próximas décadas bajo el cambio climático global, lo que traería consecuencias negativas para los ecosistemas y la biodiversidad (bosques más pequeños y homogéneos) así como también en términos de dióxido de carbono emitido a la atmósfera.
 
Así se desprende de un estudio que analizó el paso por el Caribe de los huracanes Hugo (1989) y Georges (1998), de categoría 3, en comparación con María (2017), de categoría 4 en la escala Saffir-Simpson.
 
María llegó a tener ráfagas de 250 kilómetros por hora –justo el límite de la categoría 5, la más alta– y desencadenó lluvias de 500 milímetros en 24 horas, hechos que implicarían una diferencia no solo cuantitativa sino también cualitativa con eventos similares del pasado.
 
“María destruyó más del doble de árboles que Hugo y para todas, excepto dos especies (la palmera Prestoea acuminata montana y el árbol conocido como yagrumo hembra), rompió entre dos y doce veces más tallos que las otras dos tormentas”, señaló María Uriarte, investigadora de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y autora principal del trabajo publicado en Nature Communications (25 de marzo).

Como los ciclones toman su energía del calor de los océanos, se prevé que su intensidad aumente con el cambio climático; por ahora, el incremento más significativo fue en el Atlántico Norte. A su vez, el calentamiento ha llevado a mayor humedad atmosférica, por lo que se espera que aumente las lluvias de los ciclones tropicales en todo el cinturón ciclónico”.

María Uriarte, Universidad de Columbia, Estados Unidos

 
Los autores –que trabajaron en la zona puertorriqueña de Luquillo, donde existen datos del paso de los huracanes desde hace décadas– afirman que los árboles ya no tienen capacidad para resistir este tipo de tormentas y que la diferencia entre el impacto de María respecto de los anteriores fenómenos no puede ser explicado por diferencias en los tamaños de diámetro de los árboles al momento del impacto.
 
“Durante Hugo las especies de árboles con madera de alta densidad fueron resistentes a ser sacadas de raíz y a la consecuente mortalidad, pero no durante María. Y pasó lo mismo con los árboles más grandes”, añadió Uriarte.
 
Esta pérdida de árboles, que impacta negativamente sobre los bosques añadiría, además, más emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, advierten los investigadores.
 
Los autores también estudiaron si lo que sucedió en Puerto Rico durante el paso de María podría extenderse al resto del Caribe e incluso a los trópicos atlánticos.
 
“Como los ciclones toman su energía del calor de los océanos, se prevé que su intensidad aumente con el cambio climático; por ahora, el incremento más significativo fue en el Atlántico Norte. A su vez, el calentamiento ha llevado a mayor humedad atmosférica, por lo que se espera que aumente las lluvias de los ciclones tropicales en todo el cinturón ciclónico”, explicó la investigadora. Sin embargo Irina Katchan, a cargo del Observatorio Climático en el Centro Nacional de Alta Tecnología de Costa Rica, cree más bien en la excepcionalidad de María y por ahora no ve a los bosques caribeños y centroamericanos en serio riesgo.
 
“Es exagerada la alarma. El mismo estudio menciona que desde 1928 no hubo afectación tan fuerte de un ciclón tropical como ocurrió en 2017 con María. Además de que el Atlántico estaba más cálido de lo normal, hubo otras variabilidades climáticas que propiciaron el desarrollo de este ciclón”.
 
Si fuera como plantea el estudio, dice Katchan, “las islas del Caribe ya no tendrían bosques desde hace tiempo”.
 
Según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático y otras investigaciones, la intensidad de los huracanes en el Caribe está aumentando y lo seguirá haciendo como consecuencia del cambio climático, aunque existen discrepancias entre los investigadores respecto de si la frecuencia también subirá.

Enlace al artículo completo en Nature Communications