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[KATOWICE, POLONIA] Con un reglamento acordado a último momento después de dos semanas de negociaciones tensas, América Latina emergió de la COP24 —que congregó a unos 200 países— como una región de contradicciones para observar de cara a la siguiente reunión sobre el clima, en enero de 2020.
 
Después de que el electo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, dejara en claro su postura en contra del cambio climático luego de nombrar a varios funcionarios escépticos del clima como parte del nuevo gabinete, la decisión de retirar a su país como anfitrión de la próxima ronda de conversaciones sobre el clima no fue una sorpresa.
 
Los observadores en Polonia se preguntaron si la nueva reorganización política en América Latina podría desestabilizar el futuro del Acuerdo de París uniéndose a las filas de la administración del presidente estadounidense Donald Trump.
 
Sin embargo, al final, el equipo de la Casa Blanca —que participó en las negociaciones pese a su retirada del Acuerdo de París anunciada por Trump—  trabajó de manera constructiva con opositores tradicionales como China para salvar las diferencias entre los países desarrollados y en desarrollo. Como resultado, las conversaciones lograron un progreso sustancial en el tema de la transparencia en el informe de emisiones, un tema clave en la agenda de este año.
 
A la inversa, Brasil fue el centro de un punto muerto diplomático que no pudo resolverse y tuvo que posponerse para el próximo año. El aspecto más técnico de los trabajos de la COP24 está vinculado con los mecanismos de intercambio de cuotas de emisiones de CO2 —el llamado mecanismo de mercado de carbono— que se menciona en el Acuerdo de París como una manera para que los países cooperen intercambiando créditos de carbono u otras fichas de emisiones.

Cop24 Katowice banner
Crédito: © cop24.gov.pl.

La definición de estos “resultados de mitigación” fue intencionalmente mantenida genérica por sus arquitectos para permitir la máxima flexibilidad, al mismo tiempo que logra el objetivo específico de evitar el 'doble conteo' cuando se trabaja a nivel internacional, es decir, el ahorro de emisiones tanto en el país como en el extranjero.
 
Después de la oposición de Brasil a la redacción propuesta en ese capítulo, las negociaciones se detuvieron. El próximo año queda por ver cómo hará el gobierno de Bolsonaro para manejar los mecanismos de carbono.

En otros sectores, en tanto, se hicieron progresos, como en lo vinculado a la transferencia de tecnología y en las finanzas posteriores a 2020, cuando los países deberán actualizar sus objetivos de contribución y el llamado “inventario global”, un sistema para evaluar el puntaje de reducción de emisiones colectivas del mundo.
 
Enrique Maurtua Konstantinidis, coordinador regional del proyecto Latino Adapta impulsado por el Centro Regional para el Cambio Climático la Toma de Decisiones, dijo a SciDev.Net que “América Latina es como la clase media del mundo”. “No es la más pobre, tampoco la más rica, y por eso [los donantes] dicen ok, como no son los más pobres pongo mi apoyo en otro lugar”. Sin embargo, subraya, los países en la región necesitan apoyo.

Para Konstantinidis, si bien muchos países latinoamericanos están “haciendo sus deberes” en lo que respecta a reportar sus emisiones, aún necesitan políticas y políticas de adaptación más sólidas, ya que la región alberga varios puntos críticos de vulnerabilidad. El país de origen de Konstantinidis, Argentina, por ejemplo, sufre desertificación e inundaciones, una paradoja que hace que el país se ahogue en demasiada agua a veces y se seque poco después.
 
Juan Francisco Rosas Perez, de la Universidad ORT Uruguay y y también integrante del Centro regional, dijo a SciDev.Net que como académico quiere “apoyar a los negociadores en toda la región para que puedan concretar el trabajo que están haciendo”, porque con demasiada frecuencia las políticas y el mundo académico no se comunican.
 
Esto crea una brecha en la implementación que, tanto en las conversaciones sobre el clima de la ONU como a nivel de país, “debe cerrarse. Se crean políticas pero no valen nada si no se implementan en la vida real”.
 
Si bien esta COP24 ha brindado una ventaja sólida en este frente, los expertos coinciden en que habrá mucho trabajo por hacer para el próximo año para resolver algunas de las preguntas clave que quedaron abiertas.
 
Y la COP25 seguirá siendo latinoamericana, porque a pesar de que Brasil retirara su candidatura, después de una breve ronda de conversaciones, Chile ganó el concurso para organizar la siguiente reunión y puso una agenda latinoamericana sobre la mesa.