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La explotación de recursos naturales de los bosques genera una reacción en cadena que incluye tanto la construcción de grandes obras de infraestructura como las violaciones de derechos humanos, concluyeron los autores de un artículo científico publicado en la revista PNAS (3 diciembre).
 
Los investigadores analizaron imágenes aéreas y datos sobre deforestación y actividades económicas en los bosques tropicales en la región de la Amazonia, Indonesia y Mesoamérica (entre México y Panamá) desde 2000 a 2014.  
 
Así observaron que proyectos como minería, extracción de petróleo y gas, y también actividades agropecuarias tienen un impacto ambiental directo, que a menudo es superado por el impacto ambiental de las obras de infraestructura asociadas a ellos, como la construcción de carreteras para acceder a las regiones.

“La extracción de recursos, construcción de infraestructura y violaciones de derechos humanos no son asuntos separados”.

Anthony Bebbington, Universidad de Melbourne (Australia)

 
El acceso más fácil a estas zonas provoca aún más deforestación y amenaza a comunidades locales del bosque, y también a las personas que trabajan con esas poblaciones, como los activistas ambientales. En 2017 se registraron 207 asesinatos de integrantes de estos grupos, según la ONG Global Witness.
 
“La extracción de recursos, construcción de infraestructura y violaciones de derechos humanos no son asuntos separados”, explicó a SciDev.Net el autor principal del artículo, Anthony Bebbington, de la University of Melbourne, Australia.
 
“En los próximos años hay planes para aumentar la inversión en las áreas de bosques e invertir en agronegocios, minería, producción de energía. Esto siempre sucedió, pero lo que se está planificando para los próximos años está en una escala sin precedentes”, alerta.

Bosques trocipales PNAS2018.jpg
Pérdida boscosa en Perú y la Amazonía, 2000-2014 (en inglés).
Crédito: PNAS.
 
“Lo que suceda en los bosques de la Amazonia, Indonesia y Mesoamérica en los próximos 20 años dependerá de cuál es la demanda que prevalece en el contexto del uso de la tierra. Entre ellas, las demandas de la minería, hidrocarburos y la expansión de la agroindustria y la infraestructura tendrán más peso sobre el bosque si sigue la tendencia”, afirma el estudio.
 
Por ejemplo, en la Cuenca Amazónica existen 327 lotes con potencial para explotación de gas y petróleo, que totalizan 108 millones de hectáreas (15 por ciento del área de la Amazonia). El área con potencial para minería llega a 160 millones de hectáreas (21 por ciento).
 
Bebbington argumenta que hay que actuar en diversos frentes. En primer lugar, fortaleciendo los movimientos sociales que protegen no solo a las comunidades que viven en los bosques, sino también a los activistas ambientales.
 
También a través de divulgación y concientización del público, al mismo tiempo desarrollando alianzas con empresas, inversores y grupos independientes en busca de reglamentar el uso de las áreas forestales. “En la Amazonia, las obras de infraestructura, como carreteras, atraen grandes migraciones”, observa Paulo Moutinho, investigador senior de la ONG Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (IPAM), en Brasil. “Esto genera más deforestación, y también violaciones de derechos humanos, en poblaciones donde hay personas en busca de tierras y recursos naturales, pero sin la presencia del estado”.
 
“Avanzar con la deforestación es perforar el regador gigante de la agricultura brasileña, que es 60 por ciento dependiente de la lluvia, pues no hay un sistema de riego”, explica. “La disminución de las lluvias va a tener un impacto directo en la producción agrícola, y también en la generación de energía, afectando a las hidroeléctricas”, agrega.
 
“Es posible desarrollar infraestructura responsablemente, haciendo consultas y planificación necesaria. Pero para eso hay que tener voluntad política”, observa Aaron Bruner, economista senior de la ONG ambiental Conservation Conservation Fund (CSF). “Este artículo ofrece una perspectiva importante, mostrando que cuando eso no sucede, además de los costos ambientales, existen también los costos humanos”.