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[BUENOS AIRES] Archipiélagos del Pacífico, como el de Galápagos, son eslabones clave en las rutas océanicas que colaboran en la dispersión de los manglares del planeta, conectados biológicamente mediante el transporte de frutos y semillas flotantes a través del Atlántico, el Pacífico y el Índico.
 
Este fue uno de los hallazgos de un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (30 de diciembre) que analizó la interconexión de estas zonas tropicales que se ubican en la desembocadura de los ríos sobre los océanos, y en las que crecen árboles y arbustos pese a la salinidad del ambiente.
 
Los resultados de la investigación pueden ayudar a guiar las acciones globales para proteger a estos ambientes que sirven como criaderos y viveros para las pesquerías costeras y marinas, protegen las costas y colaboran con el secuestro de carbono a través de su vegetación. Por estas y otras funciones ecosistémicas resulta importante protegerlos de amenazas relacionadas con el cambio climático.

Para desarrollar su trabajo, los expertos se valieron de información satelital y, mediante un modelo computacional, calcularon cómo se dispersarían por el planeta las semillas y frutos de la vegetación que producen los manglares durante un año.

“Los manglares son altamente susceptibles al cambio climático dado que prosperan en la interfaz entre tierra y océanos. De esa manera el aumento del nivel del mar, la erosión costera, los cambios en los usos de la costa y demás impactan directamente en ellos”, señaló a SciDev.Net Dustin Carroll, oceanógrafo del Instituto Tecnológico de California y coautor del paper “Global-scale dispersal and connectivity in mangroves”. Si bien ya había trabajos respecto a cómo los manglares modifican su ubicación en respuesta al cambio climático, saber dónde y cuándo pueden trasladarse es vital en función de los esfuerzos de conservación.

“La información sobre la escala y los patrones de dispersión de semillas de arbustos es necesaria para comprender la dinámica de los manglares y para estimar si podrían colonizar un nuevo hábitat. Podría darse el caso de que hubiera sitios disponibles pero las semillas y los frutos no los alcanzaran debido a que las corrientes oceánicas no puedan transportarlos hasta ahí”, agrega Tom Van der Stocken, también autor del estudio.

Van der Stocken resaltó la importancia de los manglares que se destacan por su capacidad de almacenar cuatro veces carbono por unidad de área en comparación con bosques terrestres y que pueden verse amenazados por el aumento del nivel del mar. “Además, los manglares protegen a las costas de tormentas, erosión, amortiguan la energía de las olas y el viento, y proveen hábitat para la reproducción de peces y crustáceos”.

Salvatore Siciliano, investigador de la Fundación Oswaldo Cruz (Brasil), destacó el valor del estudio y el hallazgo de que, “según las predicciones del trabajo, los manglares de la costa norte de Brasil, la más larga del mundo en extensión, tienen limitada habilidad para dispersar frutos y semillas debido a las corrientes oceánicas”.

Aunque Brasil tiene un área total de manglares de 7.591 km2 y representa el cinturón continuo más grande del mundo, recibe una pequeña contribución de África, y los frutos y semilla solo llegan a las Guayanas. Algo similar ocurre con las Galápagos, cuyos manglares solo están parcialmente conectado con otras islas del Pacífico.

En tanto, Norman Duke, investigador en manglares del Centro de Investigación para los Ecosistemas Acuáticos y las Aguas Tropicales (TropWater), vinculado a la Universidad James Cook, de Australia, estimó que se trata de un trabajo importante para el proceso de dispersión, diversificación, evolución y especiación de las plantas de manglares, pero le encuentra un punto débil: “Representa un punto singular en el tiempo, el mundo tal como está hoy. El problema es que las plantas de manglares han evolucionado y dispersado por un período de al menos 50 millones de años”.


Enlace al artículo completo/resumen del artículo en PNAS