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“Siempre se habla de los patrones culturales masculinos de liderazgo. Ahora bien, como mujeres en ciencia, ¿debemos repetir esos patrones, cambiar esa manera de liderar o incluso eliminar la palabra liderazgo?”

La pregunta de la física argentina Silvina Ponce Dawson, investigadora del Conicet local, fue una de las muchas que se oyeron durante las Jornadas “Género, Ciencia, Tecnología e Innovación: conocimientos estratégicos para el desarrollo sostenible”, organizadas por la Cátedra Regional UNESCO Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina en Buenos Aires 28 y 29 de noviembre.

La reunión contó con participación de alrededor de medio centenar de académicas e investigadoras del continente, con diversos paneles y presentación de trabajos de investigación en el formato póster.

Ponce Dawson hizo también otras preguntas: “Queremos más mujeres en ciencia, pero ¿para qué? ¿Para subir el Producto Bruto Interno (PBI)?”

“La noción de liderazgo es individual, remite a individuos. El mundo tiende a la jerarquización de equipos de trabajo. La idea de que las mujeres no podemos encabezar equipos o que no podemos trabajar juntas es un prejuicio propio de estructuras que han favorecido históricamente a los varones en puestos de jerarquía. Y es funcional en tanto prejuicio”, dijo a SciDev.Net Carolina Duek, doctora en ciencias sociales e investigadora del Conicet de Argentina, que también formó parte de las jornadas organizadas por la Cátedra, un espacio creado en 2001 a partir de las recomendaciones del Foro Regional Mujeres, Ciencia y Tecnología en América Latina (Bariloche-Argentina, 1998) y de la Conferencia Mundial «Ciencia para el Siglo XXI: por un nuevo compromiso» (Budapest- Hungría, 1999)”.

“No es suficiente que haya mujeres en ciencia para que la ciencia o la tecnología sean más feministas o contribuyan a que las mujeres tengan mayor acceso a sus derechos o mejoren sus vidas, sino que esas mujeres puedan también reflexionar críticamente sobre su realidad en tanto que trabajadoras del sector y en tanto que mujeres”.

Jesuana Azcorbe, CNEA (Argentina).


“Las mujeres tienen que capacitarse mucho más para llegar a los mismos puestos gerenciales”, remarcó a SciDev.Net Jesuana Azcorbe, ingeniera de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de Argentina. “Y cuando lo logran están expuestas a las críticas más extremas”, agregó.

Azcorbe es la autora de una investigación sobre la discriminación y las brechas salariales que sufren las mujeres en esa institución, donde son apenas 30 por ciento de los casi 4.000 investigadores, la mayoría en puestos de menor relevancia. Eso sirve como muestra de las inequidades que persisten.

“No es suficiente con que esas personas ingresen al sistema de ciencia para que éste cambie; es necesario que esas personas sean críticas con respecto a lo establecido”, dijo Azcorbe a SciDev.Net.

“No es suficiente que haya mujeres en ciencia para que la ciencia o la tecnología sean más feministas o contribuyan a que las mujeres tengan mayor acceso a sus derechos o mejoren sus vidas, sino que esas mujeres puedan también reflexionar críticamente sobre su realidad en tanto que trabajadoras del sector y en tanto que mujeres”, destacó. El hecho de que persiste lo que se conoce como “techo de cristal” es algo que se ve claramente en los datos del sistema científico argentino, y también en la enorme mayoría de los países del mundo. En el sistema, a medida que se sube en el escalafón, va disminuyendo la cantidad de mujeres, al punto de que entre los investigadores superiores (punto más alto de entre los cinco del sistema argentino) solo están representadas en 25 por ciento.

Sin embargo, como remarcó Anabella Benedetti, investigadora de la Cátedra UNESCO Mujer, este porcentaje era 18 por ciento en 2003. Otro número en ascenso como para tener un relativo optimismo.

Ese dato indica que la situación parece estar cambiando, algo beneficioso no solo en términos de justicia e igualdad, sino para la sociedad en su conjunto y la ciencia en particular. No obstante, persisten muchas situaciones difíciles como las que describe Azcorbe, sobre todo en las ingenierías, computación y tecnologías en general, áreas históricamente más populares entre los varones.

Asimismo, los pedidos y reclamos de las mujeres exceden lo meramente numérico y van hacia cambios profundos. Como remarcó Judith Zubieta, doctora en sistemas y docente en la Universidad Nacional Autónoma de México, “los obstáculos para la mujer son sociales, estructurales y normativos, no solo es cuestión de más o menos matrículas, más o menos investigadoras, porque siguen (existiendo) los estereotipos funcionando. Por eso, tenemos que fortalecer nuestras redes científicas y también incorporar a los hombres”.

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