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[LIMA] La fuga de talentos en Venezuela está afectando seriamente a la ciencia, tecnología e investigación del país pues deja al país sin una masa crítica de investigadores y científicos que será muy difícil de restablecerse sin la ayuda de la cooperación internacional. Además, está recortando las posibilidades del país de tener generaciones de relevo, advirtieron especialistas que compartieron cifras y testimonios en una serie de encuentros y conversatorios académicos en la capital peruana entre el 25 de febrero y el 6 de marzo.

Las ingenierías —especialmente petrolera y de hidrocarburos— y las carreras relacionadas con la salud y educación son las profesiones con mayor éxodo. Sin embargo, en un contexto en que ni siquiera hay consenso sobre la cantidad exacta de emigrados —las estimaciones oscilan entre tres y siete millones— resulta más difícil establecer la cifra exacta de la diáspora científica.

El motivo de esta emigración: el deterioro de la situación económica, de los ingresos y de las condiciones de trabajo. Según la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI 2017) —elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar de Venezuela—, la pobreza pasó de 48,4 por ciento en 2014 a 87 por ciento en 2017, con un 61,2 por ciento hogares en pobreza extrema.

Existe consenso entre los expertos en que los emigrados venezolanos tienen un alto nivel de formación. “Hay un importante volumen de licenciados en las distintas ramas, así como magísteres y, en menor medida, doctores”, dice una de las conclusiones del libro “El éxodo venezolano: entre el exilio y la emigración”, que reúne diez investigaciones sobre ese fenómeno realizadas en los países latinoamericanos con mayor cantidad de migrantes venezolanos, además de España.

Chile, Uruguay, Argentina y España concentran los mayores porcentajes de migrantes venezolanos altamente calificados, señala el libro, editado por la Universidad Jesuita Antonio Ruíz de Montoya (UARM) de Perú, con el auspicio de la Organización Internacional de Migraciones y la Fundación Konrad Adenauer. Este libro fue uno de los motivos que impulsó una serie de encuentros en Lima, que reunió a más de medio centenar de académicos e investigadores.

Según este documento, en Chile, 64 por ciento de los 85.461 venezolanos residentes registrados hasta 2017 poseía título profesional o posgrado, lo que contrasta con otros grupos migrantes que, en promedio, rondan 32 por ciento en su conjunto. En Argentina, el alto predominio de profesionales ha llevado al actual gobierno a explorar políticas públicas que propicien su inserción laboral.

“Si no hay alumnos, tampoco hay investigación ni producción de conocimiento. Esto habla de la gravedad de la crisis del talento: ya no tiene condiciones para prosperar; mejor dicho, en las condiciones actuales ya no es posible producir conocimiento”.

José Koechlin, profesor, Universidad Jesuita Antonio Ruíz de Montoya.


Otro estudio, realizado por Jaime Requena y Carlos Caputo, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, estableció que hasta 2014, 13 por ciento de la comunidad de investigadores que suelen publicar con más frecuencia había emigrado. Pero los propios autores admitían que ya entonces la cifra podría ser el doble porque el estudio representaba el límite inferior del pequeño segmento que publica. 

También alertaban sobre la incapacidad del sistema para capturar talento, lo que según la ENCOVI 2017 parece estar sucediendo: entre 2016 y 2017, la cobertura de educación superior cayó de 48 a 38 por ciento. En ese lapso, 2.546 millones de jóvenes entre 18 y 24 años dejaron de asistir a clases y solo 426.000 —de un universo de más de cuatro millones— completó su formación profesional.

Stella Spattaro, quien hasta febrero de 2018 —cuando emigró al Perú— dictaba clases de pregrado y coordinaba el área de investigación y posgrado de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, en el centro-occidente de Venezuela, contó a Scidev.Net que de haber tenido 25-30 alumnos en promedio en pregrado, bajó a 3-4 estudiantes y nadie quería estudiar posgrado.

“Logré abrir siete secciones [de posgrado] convenciéndolos personalmente, uno por uno, ofreciéndoles facilidades de pago, ventajas para la investigación. Al final, por razones personales tuve que emigrar y sé que ahora la matrícula bajó muchísimo”, aseveró.

También relató que las dificultades para seguir haciendo investigación forzaron a una reorientación hacia proyectos socio-productivos, enfocándose en solucionar problemas cotidianos como falta de jabón y alimentos, “para que la gente aprendiera el proceso investigativo y al mismo tiempo ayudara a afrontar la situación que se estaba viviendo”.

José Koechlin, profesor de la UARM y uno de los editores del libro, comenta a SciDev.Net: “Si no hay alumnos, tampoco hay investigación ni producción de conocimiento. Esto habla de la gravedad de la crisis del talento: ya no tiene condiciones para prosperar; mejor dicho, en las condiciones actuales ya no es posible producir conocimiento”.

“La tarea pendiente será elaborar —cuando las condiciones del país lo permitan— un plan y una política de retorno para que los profesores universitarios, los profesionales y técnicos que se fueron puedan reinsertarse en la producción académica, científica, en las entidades de desarrollo del país”, señala. Mientras eso sucede, la inserción profesional en el país de acogida sigue siendo una de las tareas pendientes de la región. “La normalización de la situación migratoria obliga a muchos profesionales a trabajar en otras labores, incluso de menor categoría. Conozco pediatras que trabajan cuidando niños en una casa, o ingenieros trabajando de meseros”, afirma Spattaro, quien ahora dicta clases en un colegio y una universidad privada de Lima.

Hay países, como Argentina, donde los títulos y grados se reconocen casi inmediatamente, o Uruguay, que ha agilizado los trámites para la revalidación de títulos, mientras en el otro extremo está Perú, que a los trámites burocráticos para otorgar revalidaciones y homologaciones suma otros requisitos indispensables, como la colegiatura para ejercer ciertas profesiones.

“Esta crisis ha puesto en evidencia que la integración a nivel educativo profesional no funciona, que ante una eventualidad de cualquier tipo, un profesional no puede ir a otro país a desarrollarse dignamente”, señala Koechlin.

“Hay una integración muy rápida en términos empresariales, con muchos incentivos para el capital monetario, pero que no se da con el capital humano. Requerimos una integración genuina y un espacio educativo sudamericano, como en Europa, para crear una masa científica de intercambio, de ayuda, de respuesta”, precisa.

Ildeu de Castro Moreira, presidente de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia, concuerda en que sería importante una acción conjunta de las entidades científicas y sectores esclarecidos de América Latina en su conjunto para revertir esta situación, que no solo afecta al talento venezolano sino al de toda la región.

“La grave situación económica —y el no percibir que el desarrollo científico y tecnológico y la innovación son esenciales para la salida de la crisis— junto al bajo apoyo a las actividades de CTI por diversos gobiernos en América Latina, ha llevado a muchos científicos, en cuya formación los países invirtieron mucho, a dirigirse hacia el exterior, y a jóvenes a desistir de su profesión por falta de becas y por la devaluación profesional”, señala a SciDev.Net.

Moreira admite que la situación de la ciencia y de los científicos, profesores y estudiantes de Venezuela “es particularmente preocupante”, pero aclara que “la fuga de cerebros, la resistencia de jóvenes a seguir carreras científicas y la renuncia obligada a ejercer profesiones altamente calificadas en CyT para dedicarse a trabajos en otras áreas mejor remuneradas ocurre también en otros países de América Latina, como Brasil y Argentina”.