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[BUENOS AIRES] Científicos argentinos que viven en el exterior están circulando una carta pública de auxilio para intentar rescatar a la investigación del país de la profunda crisis que vive por los ajustes presupuestarios, los cierres de programas, el aumento del precio del dólar —que hace imposible pagar ciertos insumos— y la degradación del ministerio de ciencia a una secretaría de gobierno.
 
En la carta se sostiene que “después de doce años de crecimiento continuo y expansión (hasta 2015), el sistema científico y tecnológico argentino está en colapso debido a recortes presupuestarios y de personal, de becas comprometidas pero no entregadas y de la eliminación de la cooperación internacional”.
 
Asimismo, que “el Conicet está al borde de la parálisis (…) con salarios que en apenas dos años pasaron a ser los más bajos de la región”.
 
A fines de agosto la inflación en Argentina llegó a 24,3 por ciento y se calcula que podría superar el 42 por ciento anual; mientras que el valor del dólar se multiplicó dos veces y media (de 18 pesos por dólar aproximadamente a 42 pesos). Ello impacta negativamente en el poder de compra de diversos insumos para la investigación.
 
Pese a su gran difusión en redes sociales y sitios web de diversas entidades de ciencia, tecnología e innovación del país, e incluso de la región, la carta no había suscitado ninguna reacción de parte de las autoridades competentes hasta el cierre de esta nota. Los intentos de SciDev.Net de obtener alguna declaración también fueron infructuosos.

En Argentina… en la gran mayoría de casos los grados académicos fueron obtenidos en la universidad pública y gratuita. O sea, el país se desangra a costa del Estado, que forma a la gente y luego la expulsa, literalmente”.

Silvia Braslavsky, investigadora del instituto Max Planck, Alemania.

 
El sector de ciencia y tecnología viene enfrentando recortes presupuestales desde 2016 en diversos organismos del sistema, como el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria , la Comisión Nacional de Energía Atómica, y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
 
Un temor de la comunidad científica, plasmado también en la carta, es que la arremetida contra el sector propicie una nueva fuga de cerebros, como la que sufrió Argentina en distintas oleadas: 1966, 1976, principios de los años 90 y 2001.
 
“Si bien es cierto que hay muchos científicos y profesionales de muchas nacionalidades trabajando fuera de sus países, en pocos países ha habido tal brain drain a lo largo de varias generaciones, como en Argentina donde, además, en la gran mayoría de los casos los grados académicos fueron obtenidos en la universidad pública y gratuita. O sea, el país se desangra a costa del Estado, que forma a la gente y luego la expulsa, literalmente”, comenta a SciDev.Net Silvia Braslavsky, investigadora del Instituto Max Planck de Alemania, exiliada en 1976 por persecución política y una de las promotoras de la misiva.
 
Ana Franchi, investigadora del Conicet y directora del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos, afirma que “prácticamente ya no se puede hacer ciencia experimental y para los jóvenes nuevamente el camino es (el aeropuerto internacional de) Ezeiza”.
 
“Lo que tememos, en realidad es lo que ya vivimos —prosigue—: salarios bajos; con las becas de investigación apenas se puede subsistir con dificultades, porque están en la línea de la pobreza; subsidios que no se pagan y que están totalmente desactualizados por la devaluación (la mayoría de nuestros insumos son importados) y por la inflación, falta de sostenimiento de los institutos, etc.” Franchi fue una de las impulsoras de la carta a nivel local. “La propuesta consistía en traducir la carta de reclamos que habían firmado 243 directores de la Argentina y pedir adhesiones en otros lugares del mundo. La idea es que el apoyo internacional ayude a nuestros pedidos por la situación de la ciencia en nuestro país”, relata.
 
Externamente se aprovecharon las Redes de Científicos en Alemania, Francia, Italia, Inglaterra, los Países Bajos, los países escandinavos y Estados Unidos.
 
“Esas redes tuvieron más fuerza y estructura desde la creación del ministerio de ciencia (2007) y permitió proyectos en colaboración que ahora languidecen”, relató Braslavsky a SciDev.Net.
 
Otro de los firmantes, Horacio Rotstein, de la Rutgers University en los Estados Unidos, dice que la carta busca “que nuestros colegas en Argentina se sientan apoyados, especialmente por quienes en forma sistemática tratamos de colaborar con el sistema científico argentino”.
 
“Este tipo de iniciativas suelen surgir en forma razonablemente espontánea, sin buscar algo específico, sino expresar una opinión y alertar a la población”, indica. Pero, lamenta que el apoyo de una carta abierta sea “más moral que práctico”.


Enlace a la Carta al Presidente argentino Mauricio Macri contra de la destrucción del sistema científico argentino en español / en inglés.

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