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Cinco científicas fueron distinguidas con el premio Fundación Elsevier y la Organización de Mujeres en la Ciencia para el Mundo en Desarrollo (OWSD, por sus siglas en inglés) por su trabajo de investigación a favor del desarrollo y la calidad de vida de sus comunidades, en la reunión anual de la Asociación de EEUU para el Progreso de las Ciencias (AAAS), que se llevó a cabo en Austin, Texas (17 de febrero).

Las investigadoras Hasibun Naher (Bangladesh), Germaine Djuidje Kenmoe (Camerún), Silvia González Pérez (Ecuador), Dawn Iona Fox (Guyana) y Witri Wahyu Lestari (Indonesia) recibieron el reconocimiento y una dotación de US$5.000 por diferentes investigaciones.

Sus contribuciones incluyen la simulación de tsunamis (Bangladesh); el estudio de la fricción y el desgaste a nivel molecular para mejorar la eficiencia energética (Camerún); modelos moleculares para la creación de materiales sustentables (Ecuador); la transformación de productos de desecho en materiales con valor agregado (Guyana); y la síntesis de marcos metal-orgánicos para aplicaciones en la medicina o la protección ambiental (Indonesia).

“Si tienen las oportunidades y el apoyo, las mujeres del mundo en desarrollo pueden convertirse en líderes en su campo”.

Jennifer Thomson, presidenta de la OWSD.

Para la presidenta de la OWSD, Jennifer Thomson, las premiadas “son la muestra de que, si tienen las oportunidades y el apoyo, las mujeres del mundo en desarrollo pueden convertirse en líderes en su campo”.

El problema es que no todas tienen esas oportunidades. De acuerdo con datos de la UNESCO de 2015, a pesar de que las mujeres enfrentan obstáculos sociales, políticos y económicos para dedicarse a la ciencia en la mayor parte del mundo, aquellas que viven en países en desarrollo pueden tener, además, problemas particulares.

La pobreza, por ejemplo, es la principal causa del acceso desigual a la educación secundaria, que puede restringir la posibilidad de que las mujeres puedan obtener un título universitario en prácticamente cualquier campo.

“Tienen que sobresalir mucho para poder tener acceso a las oportunidades de estudio, que son pocas y muy competitivas, por lo que les toma más tiempo conseguir logros importantes”, dice una de las ganadoras, Dawn Iona Fox.

Otro obstáculo está relacionado con la cultura y las costumbres que preservan las diferencias entre hombres y mujeres. Según el reporte de la UNESCO de 2017, los padres con creencias más tradicionales sobre los roles de género propician en sus hijas la falta de confianza para dedicarse a una carrera científica.

“Para ser científica en un país en desarrollo, una mujer debe ser creativa y comprometida”, pues además de su trabajo académico muchas veces “está atada a responsabilidades sociales y obligaciones familiares que son cruciales en su entorno”, dijo a SciDev.Net la camerunesa Germaine Djuidje Kenmoe, una de las ganadoras del premio OWSD-Fundación Elsevier.

Fox coincide en que “las mujeres en países en desarrollo tienen una responsabilidad mucho mayor para el hogar y el cuidado de los niños. El precio social que se paga por elegir la ciencia (o cualquier carrera) por encima de los roles tradicionales no es un incentivo”. 

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Crédito: Alison Bert para Elsevier Foundation.

Por eso es importante un premio específico para las científicas que viven y trabajan en países en desarrollo, opina la investigadora de la Universidad Autónoma de México y especialista en estudios de género, Hortensia Moreno.

Con estos premios “se está subrayando la necesidad de impulsar su presencia y su acción en un territorio que les había sido vedado de manera estricta y formal —por ejemplo, con la prohibición de que estudiaran o ingresaran a la vida académica—, pero también de manera simbólica, con la construcción de mitos, estereotipos y narrativas que alimentaban la falsa noción de que las mujeres no tenemos aptitudes para la ciencia”, dijo Moreno a SciDev.Net.

Djuidje Kenmoe confía en que la ciencia y la educación pueden impulsar un cambio en su comunidad. Así que parte de su trabajo también consiste en convencer a las familias de que “deben ofrecerle a una niña las mismas oportunidades que a un niño. Las jóvenes deben saber que cuando tienen un trabajo pueden ser financieramente libres y tener un poder importante en las decisiones familiares”.

En Indonesia, Witri Wahyu Lestari también cree que su papel como mujer de ciencia implica una responsabilidad de servicio comunitario. “Podemos ayudarlas en el emprendimiento, aumentar su conocimiento científico o a ayudarles a implementarlo para manejar problemas de su entorno”.

El reconocimiento OWSD-Fundación Elsevier ocurre tras fuertes críticas por parte las comunidades científicas de varios países europeos debido a las grandes cantidades de dinero que pagan a Elsevier para publicar sus artículos y tener acceso a ellos.

A finales de 2017, 200 instituciones académicas alemanas cancelaron su suscripción a la editorial hasta conseguir una nueva negociación a nivel nacional que ofrezca pagos más justos por las publicaciones y acceso abierto para las instituciones que los producen.

Para Hortensia Moreno, los premios también representan los intereses de las organizaciones que los otorgan y pueden ser “una manera sesgada y hasta tramposa de legitimar el poderío económico”. Pero al mismo tiempo pueden tener una virtud: “permiten aunque sea una mínima redistribución de la riqueza”.

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