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[SANTIAGO] En Chile, octubre concluirá con la cuarta renuncia consecutiva de un presidente de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt) en los últimos cinco años. Esto, luego de que Mario Hamuy presentara su dimisión al presidente Sebastián Piñera, a contar desde el 31 de octubre, y la hiciera pública el 19 de ese mes, en una carta a los funcionarios de la repartición.

En la misiva, el astrónomo —durante el anterior gobierno de Michelle Bachelet y que había asumido con amplio apoyo de la comunidad científica— destaca como uno de los logros en sus 30 meses de gestión “la elaboración y promulgación de la ley que crea el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación”.

Este hito, agrega, “señala para mí el fin de un ciclo y ahora corresponde que sean las nuevas generaciones las que construyan la nueva institucionalidad y necesarias políticas de Estado” en este ámbito.

El anuncio llegó una semana después de que el ministro secretario general de la Presidencia, Gonzalo Blumel, anunciara que “en las próximas semanas tendremos ministro o ministra de ciencia”, y a días de que un informe del Senado detallara que en el proyecto de Ley de Presupuesto 2019, ingresado por el Ejecutivo para su discusión legislativa, se recortó en 4,6 por ciento el presupuesto para Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) respecto de 2018, quedando así en US$965 millones.

Hay un discurso que le escuchamos al presidente y al ministro de Hacienda sobre la importancia de invertir en ciencia pero cuando hay que tomar medidas no se respeta. (…) cómo vamos a tener un ministerio que funcione si se recortan los fondos para CyT

Cecilia Hidalgo, Academia Chilena de Ciencias

Esto significa $32.340 millones (US$47 millones) menos que en 2018, año para el cual el presupuesto ya se había reducido en 2,2 por ciento. La inversión en I+D del país equivale solo a 0,38 por ciento del PIB.

Algunos de los mayores recortes se registran en Corfo (-20,8 por ciento) e InnovaChile (-24,7) —entidades del Ministerio de Economía que apoyan la innovación y el emprendimiento— y en el Plan de Apoyo a las Energías Renovables No Convencionales del Ministerio de Energía (-59,3), mientras que para Conicyt el presupuesto prácticamente se mantiene en US$ 487.000.

La propuesta presupuestaria fue de inmediato rechazada por el mundo científico, mientras que los presidentes de las comisiones Futuro del Senado y de la Cámara Diputados, Guido Girardi  y Giorgio Jackson, respectivamente, anunciaron que no la aprobarán cuando se vote en noviembre.

Asimismo, en una declaración pública el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas señaló (26 octubre) que el recorte refleja “indiferencia, irresponsabilidad y una falta de conciencia pública de las autoridades que deben tomar decisiones” y acusaron al ministerio de Hacienda de “dejar abandonada la ciencia, la innovación, el conocimiento y la producción de nuevo conocimiento”.

“Hay un discurso que le escuchamos al presidente y al ministro de Hacienda sobre la importancia de invertir en ciencia pero cuando hay que tomar medidas no se respeta. Me parece pésimo. La gran interrogante es cómo vamos a tener un ministerio que funcione si se recortan los fondos para CyT”, dice a SciDev.Net Cecilia Hidalgo, vicepresidenta de la Academia Chilena de Ciencias.

En su carta, Hamuy señala que “no basta con afirmar que el país debe duplicar la inversión. Primero debemos tener definido el ‘para qué’,  es decir, cuál es el impacto social de la inversión en investigación”.

Coincide con este análisis Andrés Couve, director del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica (BNI). “Esperábamos un mayor compromiso con la ciencia, pero creo que esta variación en los presupuestos anuales y falta de compromiso tienen que ver con que no hay un plan de lo que queremos hacer, para qué lo queremos hacer y los fondos que necesitamos para eso”.

Esa tarea, añade, les corresponderá a las nuevas autoridades del ministerio y la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo. “Deberá ser un equipo político a nivel ministerial con dos labores: plantear esta visión de hacia dónde vamos y para qué hacemos ciencia y, a través de eso, inspirar al gobierno y al resto de la sociedad a que nos sintamos comprometidos con este proyecto país”.

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