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México aún enfrenta retos importantes para implementar su política climática debido, en buena medida, a que no ha logrado integrar esa política a los sectores que emiten gases de efecto invernadero, como el de energía.

Y aunque el país es la muestra de que la formulación de políticas integradas es posible, para hacerla realidad su administración pública debe avanzar también hacia la integración. Esa la conclusión de un estudio de los investigadores Heiner von Lüpke, del Instituto Alemán para la Investigación en Economía, y Mareike Well, de la Universidad Freie, ambos en Berlín, quienes realizaron entrevistas cualitativas a 39 expertos representantes de la administración pública mexicana, el mundo académico, las ONG, el sector privado y organizaciones de cooperación internacional para analizar cómo fue la política climática mexicana entre 2012 y 2018.

Según los autores, la integración es muy importante porque el éxito de la política climática se mide por la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que se pueden reducir en los sectores donde se emiten, por ejemplo, transporte, energía, bosques, agricultura, industria.

Los autores también detectan que otros países de la región podrían tener los mismos problemas que México si cumplen con dos criterios: por un lado, si la administración pública tiene límites sectoriales estrictos y, por otro lado, si el nivel político no comprende ni prioriza la política climática de manera integrada.

Es preocupante que en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo no se incluyen referencias significativas a la política climática (…) Agradecería que México continúe en el camino que había seguido durante algunos años y continúe siendo un sólido socio de cooperación internacional”.

Heiner von Lüpke - Instituto Alemán para la Investigación en Economía.


“El problema es que la política climática (en México) está coordinada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, mientras que los otros sectores tienen sus propias secretarías con sus propias políticas y normas”, afirma Heiner von Lüpke, autor principal del estudio.  
Algunos de los principales problemas detectados por los investigadores alemanes y que impiden esta integración son las intenciones, el lenguaje y las motivaciones que tienen los actores en los sectores climático y energético.

“Los actores de la política climática hablan principalmente de CO2 y jerga específica del clima, mientras que los del sector energía hablan de la capacidad instalada de energía renovable o ahorro de emisiones”, explicó Von Lüpke en entrevista a SciDev.Net.

Esto va más a allá de la incompatibilidad lingüística: propicia que no se usen métricas comparables (megawatts vs emisiones, por ejemplo), lo cual impide comprender, dirigir y monitorear la implementación de políticas energéticas de acuerdo con los objetivos climáticos, afirman los académicos en el artículo.

Los autores afirman que para que exista esta integración es necesario contar con indicadores y métricas comparables para dirigir conjuntamente un programa político hacia el objetivo común de reducir las emisiones en el sector de energía.

Ángel de la Vega Navarro, investigador de la Facultad de Economía, UNAM, se refiere a las consecuencias de una falta de integración entre los temas energéticos o climáticos.
Video: Aleida Rueda.

Según el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, las emisiones de gases de efecto invernadero por parte del sector energía representan actualmente el 70 por ciento de las emisiones totales de México.

En los dos sexenios anteriores se emprendieron diversas estrategias que buscaban, al menos en el discurso, colocar a las energías en sintonía con la política climática.

Desde 2012, con la Ley General de Cambio Climático se intentaron regular las acciones para la mitigación y adaptación ante el cambio climático; un año después nacía la Estrategia Nacional de Transición Energética, que buscaba promover las energías renovables y la eficiente energética. También en 2013 surgió la Estrategia Nacional de Cambio Climático, un compendio de acciones para enfrentar el fenómeno durante los siguientes 40 años.

A pesar de que todas estas estrategias pusieron a México en una posición de liderazgo global, no fue suficientemente clara la forma de implementarlas. “En el sexenio anterior, la mayoría de los documentos y planes de política eran erráticos ya que no incluían indicadores relacionados con el CO2 porque los encargados de formular políticas consideraban que era tarea de la Semarnat ocuparse de eso”, afirma Von Lüpke. Ángel de la Vega Navarro, especialista en economía de la energía de la Facultad de Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México, afirma que la incapacidad mexicana para integrar políticas en clima y energía ha respondido a una ignorancia técnica por parte de legisladores y tomadores de decisiones.

Según el especialista, la desarticulación de organismos reguladores así como una suma de intereses económicos también han limitado la acción del gobierno para generar energías renovables de forma contundente.

“La integración entre energía y clima es una conexión obvia y natural (…) en términos de desarrollo industrial y tecnológico, pero es endeble. Por eso si no se logra esta conexión creo que habría consecuencias graves para el desarrollo de México”, afirmó De la Vega.

Aunque no fue una conclusión de su estudio, una preocupación personal de Heiner von Lüpke es que la nueva administración de Andrés Manuel López Obrador no tenga la política climática como una prioridad.

“Es preocupante que en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo no se incluyen referencias significativas a la política climática (…) Agradecería que México continúe en el camino que había seguido durante algunos años y continúe siendo un sólido socio de cooperación internacional”, opinó.

Enlace al resumen del artículo.