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El informe más reciente (2019, con datos de 2017) de la UNESCO sobre la educación de las niñas y las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), menciona que la educación en estas asignaturas puede proporcionar a quienes las estudian, los conocimientos, habilidades, actitudes y conductas necesarias para crear sociedades inclusivas y sostenibles. Especialmente, cuando muchos de los empleos proyectados para el futuro (y que quizá aún ni siquiera existen) pueden derivarse de estas disciplinas.

De acuerdo con este reporte (que se basa en una revisión de datos nacionales de más de 120 países, literatura, resultados de encuestas transnacionales y otras fuentes), si bien el acceso a la educación para niñas y jóvenes ha mejorado a nivel mundial, aún persisten importantes inequidades a nivel local, de país y regional.

Por ejemplo, en el sur y el oeste de Asia, África subsahariana y los Estados Árabes, más niños que niñas completan su educación secundaria, mientras que en América Latina y el Caribe sucede lo contrario.
 
1. Matrícula de niñas
Tasa bruta de matrícula de niñas desde primaria a la educación superior en 2014, promedios mundial y regional.
Fuente de datos: IEU 2015, en Descifrar el código: la educación de las niñas y las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), UNESCO.

Particularmente en cuanto a acceso a la educación en STEM, el informe menciona que las diferencias de género en estas disciplinas se presentan en todos los niveles de educación. Al llegar a la educación superior, las mujeres representan solo el 35 por ciento de los estudiantes matriculados en el estudio de áreas relacionadas con STEM.

El documento también señala que los porcentajes de universitarias matriculadas en ciencias naturales, matemáticas y estadísticas oscilan desde 53 a 59 por ciento en Brasil, a menos del 47 por ciento, en Argentina y Chile. En México y Colombia, este rango va del 47 al 53 por ciento.

La matrícula de alumnas inscritas en programas de ingeniería, manufactura y construcción en educación superior en Brasil supera el 35 por ciento; en Honduras y Colombia, es entre 29 y 35 por ciento, y en México, entre 25 y 29 por ciento.

2. Mapas
Porcentaje de alumnas matriculadas en los programas de ciencias naturales, matemáticas y estadísticas (mapa 1) y de ingeniería, manufactura y construcción (mapa 2), en la educación superior.
Fuente de datos: IEU 2015, en Descifrar el código: la educación de las niñas y las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), UNESCO.

Gloria Bonder, coordinadora de la Cátedra UNESCO Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina, explicó a SciDev.Net que las brechas de género en las ciencias se expresan de muchas maneras, pero se entienden principalmente como desigualdades. La educación es una de las primeras etapas en donde se pueden evidenciar estas desigualdades, mencionó.

“Es cierto que las mujeres han avanzado mucho en su acceso a la educación superior, y cada vez más mujeres se inscriben en carreras que hace años eran predominantemente masculinas. Se han vuelto más ‘neutras’ en cuanto al número de varones y mujeres que optan por ellas. Sin embargo, la paridad numérica no significa que se haya logrado la igualdad de oportunidades y reconocimiento: es necesario observar qué sucede en cada una de esas disciplinas", expresó.

En sus palabras, se empiezan a ver diferencias en las ciencias naturales y exactas, pero no en todas, y no en todos los países por igual. Por ejemplo, indicó que la biología y las matemáticas tienen ahora un predominio femenino en algunos países. Pero en el caso de la física, y las ingenierías (sobre todo las relacionadas con ciencias de la computación e informática), las mujeres aún son minoría.

4. Licenciadas y doctoras
Fuente de datos: RICYT, en Las brechas de género en la producción científica iberoamericana, Observatorio CTS, OEI, 2018.

Trayectoria profesional desigual

De acuerdo con los últimos datos disponibles (junio de 2018) del Instituto de Estadística de la Unesco (IEU) sobre investigación y desarrollo experimental, América Latina y el Caribe tiene en promedio un 45,4 por ciento de investigadoras.

Si bien este porcentaje promedio muestra una relativa paridad de género en la investigación científica profesional, Bonder apunta que es necesario mirar con mayor detenimiento las condiciones en las que trabajan.

“Se ven varios aspectos; por ejemplo, a las mujeres les cuesta más llegar a los últimos escalones de su carrera como investigadoras, pues hay más hombres con puestos superiores”, comentó.

3. Trayectoria profesional mapa
Mujeres en la ciencia.
Fuente de los datos: Instituto de Estadísticas de la UNESCO.
 
Así lo señala también Augusto Rojas, profesor de la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey (México), y miembro del jurado del premio For Women in Science, otorgado por la Fundación L'Oréal y UNESCO.

“El ingreso a programas de posgrado, el inicio de la vida profesional académica y de investigación, y (eventualmente) de la vida de pareja y la maternidad, suelen concordar con un periodo de alrededor de una década, y la inequidad se evidencia particularmente en ese momento, en donde se suelen asumir más responsabilidades”, expresó Rojas.

El investigador agregó que las diferencias en el acceso a posiciones laborales pueden incidir en que muchas mujeres empiecen a trabajar en puestos no acordes a sus niveles de preparación, lo cual atrasa y afecta las posibilidades de alcanzar posiciones de liderazgo en el futuro.

5. Mujeres investigadoras
Fuente de datos: RICYT, en Las brechas de género en la producción científica iberoamericana, Observatorio CTS, OEI, 2018.
 
En términos de producción científica – entendida como los productos o resultados de la actividad de investigación –, un reporte (octubre de 2018) del Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad de la Organización de Estados Iberoamericanos (OCTS-OEI) evaluó la brecha de género entre autores y autoras de artículos publicados en revistas internacionales, agrupadas en Web of Science.

El análisis, que tomó 704.018 registros correspondientes al total de la producción iberoamericana entre 2014 y 2017, y a partir de ellos clasificó un total de 758.195 autores, mostró que el 72 por ciento de artículos de instituciones de Brasil incluyen al menos una autora de ese país.

Le siguen Argentina y Guatemala, con participación de mujeres en el 67 y 66 por ciento de sus artículos, respectivamente. “En el extremo opuesto aparecen El Salvador, Nicaragua y Chile, con mujeres participando en menos del 48 por ciento de los artículos de cada país”, señala el reporte.

En este momento la región vive una ola conservadora, que puede provocar un retroceso en los derechos para las mujeres, así como para el avance de la ciencia”.

Gloria Bonder - Coordinadora de la Cátedra UNESCO Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina.


Sin embargo, indica que existen marcadas diferencias entre países y disciplinas. Por ejemplo, solo siete países latinoamericanos contaron con más del 46 por ciento de mujeres entre su total de autoras. Resalta el caso de Paraguay, que cuenta con 60 por ciento de mujeres autoras. Entre los países con menor participación de autoras mujeres aparecen Chile, Perú, Costa Rica y México, todos con valores muy cercanos al 38 por ciento.

Según el documento, los países que han incrementado de manera significativa la participación femenina en la autoría de artículos científicos son aquellos con sistemas de ciencia y tecnología pequeños, como Paraguay, Guatemala, República Dominicana y Panamá.
 

Otras brechas menos visibles

El aspecto salarial también es un factor que genera desigualdades. De acuerdo con el informe del OCTS-OEI, la más acentuada se observa entre investigadoras e investigadores que se desempeñan en el sector empresarial, incluso en países con paridad a nivel general.

“El sector de I+D en empresas tiene una alta concentración de varones, mientras que las mujeres tienden a concentrarse en las universidades. Esto es importante, pues los salarios son distintos. Una cosa es ser investigadora en una universidad, con un salario respetable, pero en las empresas los salarios son realmente más altos”, expresó Bonder a SciDev.Net.

La experta agregó que otro factor de brechas es la baja representación de mujeres en comités de selección y evaluación de investigadores, lo cual puede ser un sesgo que repercuta en sus calificaciones o evaluaciones, así como en su promoción. Asimismo, señaló que la baja participación de mujeres en espacios de divulgación de resultados de investigación, tales como conferencias y congresos, las invisibiliza.
 

Vulnerabilidad, poder y políticas públicas

Para Bonder hay diversos factores que pueden explicar estas disparidades que, si bien han ido disminuyendo en la región, aún son sumamente particulares según el país.

“La ciencia, la tecnología y la innovación son espacios de poder. Así como la política, la academia y la investigación han sido espacios de poder masculino y prestigio. Cambiar esos patrones es afectar los intereses de quienes han ocupado históricamente esos espacios. Es difícil que se cambie; se ha avanzado mucho, pero es difícil para algunos varones reconocer la capacidad femenina para ocupar esos espacios, en igualdad de condiciones”, explicó a SciDev.Net.

En sus palabras, los estereotipos en el imaginario social también influyen, pues la imagen del científico se suele representar en figura de varones, con características particulares, y recién ahora se empiezan a visibilizar perfiles de mujeres científicas que, además, rompen con esos estereotipos. Según la UNESCO, los estereotipos de género retratados en los medios son internalizados por los niños, las niñas y los adultos, y afectan la forma en que ellos se ven a sí mismos y a los demás.

“Las mujeres científicas también resultan vulnerables al acoso sexual. En muchas ocasiones, la maternidad y la vida familiar son condiciones difíciles de conciliar con el desarrollo científico, aunque las instituciones académicas y las agencias de ciencia otorguen algunas facilidades a las mujeres. Los ambientes laborales competitivos también pueden ser un reto; he atestiguado que la mujer científica joven tiene que asumir renuncias o rupturas en muchas ocasiones, adoptar actitudes resilientes y soportar fuertes cargas emocionales”, explicó Rojas a SciDev.Net.

Medidas orientadas a promover la igualdad de género, tales como leyes de transversalidad de género o políticas como cuotas, incentivos financieros u otros, pueden aumentar la participación de niñas y mujeres en la educación y las carreras STEM, señala la UNESCO.

“En este momento la región vive una ola conservadora, que puede provocar un retroceso en los derechos para las mujeres, así como para el avance de la ciencia. Hay muchos países que han trabajado por la igualdad de género, como Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, México, Colombia, Costa Rica; es importante seguir apoyando los movimientos no solo por las científicas y las investigadoras, sino por un tema que ha afectado la agenda del discurso público, y que se resume en igualdad”, concluyó Bonder.


Más información:
  • > Lea aquí el testimonio de la especialista en genética humana Henriette Raventós, representante de la Academia Nacional de Ciencias de Costa Rica en el punto focal de Mujer y Ciencia de la Red Interamericana de Academias de Ciencias (IANAS).
     
  • “En los años 90, cuando empecé a hacer investigación, yo generalmente era la única mujer en los consorcios y colaboraciones internacionales. Y sentía la necesidad de golpear la mesa para ser escuchada. Desde hace unos 5-10 años percibo un cambio importante, principalmente en estas actividades: se hace hincapié que en fotos, conferencias, debates, juntas directivas, haya igual cantidad de mujeres que de hombres. Se han ido introduciendo mejoras como salas de lactancia y servicios de cuido, pero aún hay poca asistencia de otros grupos históricamente menos representados, como personas de países de bajo y mediano ingreso o con alguna discapacidad”.
    MC ANC científicos
    Henriette Raventós, segunda desde la izquierda, reunida con otros científicos en la Marcha de la Ciencia en Costa Rica, 2018.
    Crédito: Academia Nacional de Ciencias, Costa Rica.
 
  • > Lea aquí el testimonio de la oceanógrafa Melania Guerra, una de las siete latinoamericanas en participar de la expedición de Homeward Bound hacia la Antártica.
     
  • “El programa (Homeward Bound) simboliza un cambio disruptivo y transformador del paradigma de cómo se han estado tomando decisiones en el mundo. (Mediante interacción entre las 80 participantes y las mentoras), es insertar las voces y conocimientos que tenemos como mujeres a la hora de determinar cuáles temas son importantes en las políticas públicas y las voces de quiénes son tomadas en cuenta a la hora de actuar. Es necesario que se empodere más a las mujeres y a las niñas, y que se derriben estos estereotipos y prejuicios que las hacen no considerar los campos científicos para ellas”.
    LatinosHB3 crew
    Melania Guerra, primera a la izquierda, junto con las demás científicas latinoamericanas de la expedición.
    Crédito: Anabella Palacios.