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Mientras que internamente en Chile existe consenso sobre la necesidad de un nuevo pacto social para disminuir la desigualdad e inequidad que ha dado lugar a un estallido social sin precedentes, los científicos chilenos hacen un mea culpa por lo que dejaron de hacer: una ciencia que sirva a la gente, y se ponen a disposición del país para comenzar a trabajar.
 
Las protestas que se iniciaron el 7 de octubre pasado con el alza de casi 4 por ciento en las tarifas del metro de Santiago ya llevan más de dos semanas sin que el país pueda retornar a la normalidad, y una de las muchas consecuencias ha sido la cancelación de la cumbre de la APEC y de la COP25, que iban a realizarse en Santiago.
 
Uno de los focos que tenía la APEC era la pesca ilegal y la contaminación de los mares. Entre otras medidas, trabajadas previamente, se había decidido generar una guía de instrumentos existentes en las economías de la APEC que monitorean, evalúan y controlan las fuentes terrestres de residuos que contribuyen a los desechos marinos. Por ello el trabajo no está perdido. La próxima cita será en 2020 y se desarrollará en Malasia.

De otro lado, la COP 25 se realizará en Madrid, en la fecha original, del 2 al 13 de diciembre, anunció el 31 de octubre Patricia Espinosa, Secretaria Ejecutiva de Cambio Climático de la ONU. Además, confirmó que la presidencia de la cita seguirá a cargo de Chile.
 
En cuanto al papel de la ciencia en la crisis interna, Leopoldo Soto, físico de la Comisión Chilena de Energía Nuclear y secretario general de la Sociedad Chilena de Física, dice a SciDev.Net que “de alguna manera, los mismos científicos hemos contribuido al modelo de desarrollo económico (neoliberal) que hoy la sociedad chilena pone en entredicho”.

“Tenemos que pensar cómo reformar el vínculo con la política. Es muy difícil producir un diálogo basado en evidencia que efectivamente contribuya con las políticas públicas”.

María Luisa Méndez - Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social.

 
“Dada la forma en que se asignan los fondos, hemos tenido que volvernos emprendedores o microempresarios para administrar nuestros proyectos de investigación, y con ello hemos trabajado de la misma forma que genera desigualdad en el resto de las actividades del país”, asegura.
 
Para María Luisa Méndez, académica del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica e investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, existe una asimetría entre el financiamiento a las llamadas ciencias duras con respecto al de las ciencias sociales y humanidades, algo que, en su opinión “se debería corregir”.
 
“Existe investigación de punta en desigualdad, estratificación social, segregación urbana, territorio y conflicto. Tenemos una masa crítica de investigadores en estas áreas pero no se les da el espacio suficiente”, agrega.
 
Sin embargo, hay consenso en la necesidad de que la ciencia encuentre vías apara aportar directamente al desarrollo del país. “Una forma es participando más directamente de la formación académica de los futuros profesores, pero también de ingenieros, agrónomos, y otras profesiones”, opina Cecilia Hidalgo, premio Nacional de Ciencias y presidenta de la Academia Chilena de Ciencias.
 
“Hay un compromiso con el país que no había antes, por lo menos no tan masivo, y no solo de las ciencias más duras, sino también de las ciencias sociales y humanidades”, reconoce.
 
Un ejemplo de esta disposición es la alta participación de científicos que han tenido las reuniones de la Comisión Futuro del Senado de Chile, que ya lleva dos citas desde el estallido de la crisis. Allí, los participantes están trabajando una hoja de ruta para cristalizar el aporte de la ciencia a la sociedad y, entre otras iniciativas, debaten la posibilidad de constituir un consejo científico, transversal y con participación de distintas generaciones y especialidades de mujeres y hombres de ciencia. Otra forma que los científicos han encontrado para demostrar su preocupación por el país es mediante declaraciones de distintos centros de investigación, haciendo público su rechazo al estado de emergencia que decretó el gobierno —y que permitió, durante una semana, implantar toques de queda nocturnos y tener a la fuerza militar custodiando las ciudades— y los apremios ilegítimos contra civiles que esta situación generó.
 
Entre esas declaraciones destaca una carta, publicada originalmente por científicos chilenos que estudian en el extranjero, y que a la fecha tiene más de cuatro mil firmas de investigadores y académicos de todas partes del mundo.
 
“Estamos trabajando 24/7 para levantar los temas de la nueva agenda que la sociedad está estableciendo a través de cabildos abiertos y de otros mecanismos por definir. Pensando en cómo desde la academia podemos ayudar a generar los mecanismos de escucha de la participación social, con nuevos instrumentos técnicos y aportando con capacidades”, señala a SciDev.Net Héctor Carvacho, académico de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica.
 
Además de ponerse al servicio de la sociedad, la ciencia tiene otra gran tarea. “Tenemos que pensar cómo reformar el vínculo con la política. Es muy difícil producir un diálogo basado en evidencia que efectivamente contribuya con las políticas públicas”, precisa María Luisa Méndez.
 
Parte de ese trabajo debe partir por casa, agrega Leopoldo Soto. “Como comunidad científica tenemos que repensar las formas de relacionarnos internamente, pero también hacia afuera”, opina. Pero por sobre todo, la ciencia tiene que aprender a escuchar. “Tenemos que volver a hacer ciencia para el bien público”, termina.

Lea aquí la carta de solidaridad de los científicos de todo el mundo.

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