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[SÃO PAULO] En más de 40 por ciento será recortado el presupuesto de este año del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicación (MCTI) del Brasil, según un decreto del gobierno promulgado el 29 de marzo.
 
La nueva asignación, de 2.947 mil millones de reales (alrededor de US$ 750 millones), equivale a una reducción de aproximadamente US$ 543 millones respecto al presupuesto aprobado para 2019.
 
Este es el presupuesto más bajo asignado al sector en más de una década en Brasil. Hasta ahora, el menor presupuesto era el de 2006, cuando se le asignaron 3,1 mil millones de reales (US$ 790 millones).
 
Para el físico Ildeu de Castro, presidente de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), la reducción de 41,9 por ciento del presupuesto del MCTI comprometerá los fondos para becas de posgrado que otorga el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq, en portugués) y los programas de estímulo a investigaciones científicas.
 
“La política económica está siendo irresponsable y comprometerá a todo el sistema de ciencia y tecnología construido a lo largo de décadas en el país”, dice a SciDev.Net. “Muchas redes de investigación de alcance internacional serán desmanteladas, mientras la compra de equipos para laboratorios será interrumpida, comprometiendo el desarrollo de las investigaciones”, asegura.
 
Señala que el presupuesto del MCTI ha venido sufriendo recortes sistemáticos desde 2013, perjudicando la formación de nuevos investigadores y de proyectos de investigación importantes para la recuperación de la economía brasileña.

La política económica está siendo irresponsable y comprometerá a todo el sistema de ciencia y tecnología construido a lo largo de décadas en el país”.

Ildeu de Castro, presidente de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia

 
Remarca que los recortes anunciados ahora por el gobierno son aún más graves porque esta vez el MCTI no podrá recurrir a fuentes alternativas de financiación, como el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico. Eso porque gran parte de su reserva también ha sido bloqueada por el gobierno para pagar la deuda pública.
 
“Los recortes van contra los compromisos asumidos el año pasado por el presidente Jair Bolsonaro de recuperar los recursos para la ciencia y tecnología", añade Castro.
 
Durante la segunda vuelta electoral, Bolsonaro prometió destinar alrededor del 3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del Brasil para la CTI, desde el promedio actual de 1,2 por ciento.
 
La medida anunciada la semana pasada es parte de un recorte más amplio. En total, el gobierno dejará de invertir más de 29 mil millones de reales (US$ 7,3 mil millones) del presupuesto general del país aprobado para este año.
 
Por lo tanto, muchas otras áreas también serán afectadas por los recortes determinados por el decreto. Por ejemplo, el presupuesto del Ministerio de la Educación (MEC) perderá el 24,7 por ciento de su asignación original.
 
Eso afectará el acceso de estudiantes a becas concedidas por la Coordinación de Perfeccionamiento de Personal de Nivel Superior, agencia de desarrollo vinculada al MEC para la investigación de posgrado en Brasil. Según el gobierno, la medida tiene como objetivo equilibrar las cuentas fiscales, que hoy tienen un déficit equivalente a US$ 35,4 mil millones.
 
El otorgamiento de los recursos recortados hasta el final del año dependerá del ingreso de recursos adicionales, argumenta el gobierno. Sin embargo, el país todavía enfrenta la peor recesión económica de su historia.
 
Según el físico Luis Davidovich, presidente de la Academia Brasileña de Ciencia (ABC), el presupuesto del CNPq originalmente previsto para 2019 ya correspondía, en dólares, a un tercio del valor de inicio en la década de 1990.
 
“El presupuesto del CNPq en 1990 era de alrededor de US$ 600 millones. En 2019, antes del recorte del gobierno, su presupuesto era de aproximadamente US$ 200 millones”, explica a SciDev.Net. “La realidad es que la inversión en CTI en Brasil se encuentra completamente desfasada”, precisa.
 
Añade que la política económica adoptada por el gobierno representa “un atentado al desarrollo y soberanía nacional”, y paralizará aún más las actividades de investigación que benefician directamente a la población en salud, alimentación y seguridad pública, entre otras.
 
Los entrevistados coinciden en que la ABC y la SBPC deberán coordinar con algunos parlamentarios para intentar revertir la medida.
 
“Estamos conversando con el ministro de ciencia y tecnología [Marcos Pontes] y otros políticos para sensibilizar el gobierno en relación a esos recortes”, dice Castro.
 
“Es preciso ampliar la visión de los políticos sobre el tema, de modo que entiendan que el presupuesto para la ciencia y tecnología no es un gasto, sino una inversión”, añade Davidovich.