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En América Latina y el Caribe las mujeres representan 35 por ciento de quienes estudian carreras de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), destacadas como “empleos del futuro” y motor del desarrollo sostenible.

Por ejemplo, en disciplinas de vanguardia como inteligencia artificial y aprendizaje automatizado las mujeres representan solo 22 y 12 por ciento, respectivamente, de la fuerza de trabajo.

“Si esta situación no se soluciona con rapidez la brecha de género en STEM se ampliará durante la Cuarta Revolución Industrial”, advirtió el informe Las mujeres en Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) en América Latina y el Caribe” presentado por ONU Mujeres en un evento virtual.

En la región, Chile y El Salvador registran la mayor disparidad, donde solo representan 17 por ciento del total de graduados de esos campos.

Según el documento —que recopila datos de diferentes fuentes—, si bien a nivel mundial varios países han alcanzado la paridad en cantidad de investigadoras en STEM luego las mujeres están subrepresentadas en los niveles más altos de estas carreras.

A nivel educativo, mientras que en el mundo las mujeres lograron la paridad entre graduados de grado (53 por ciento) y maestría (55 por ciento), la brecha se verifica en el trabajo como investigadoras en STEM, donde representan solo 35 por ciento.

“Tanto en el plano educativo como en el laboral es preciso dar respuesta a necesidades que atraviesan las mujeres en áreas como ‘Ciencias biológicas y afines’, ‘Tecnologías de la información y la comunicación’ (TIC) o ‘Ingeniería, industria y construcción’”.

Alessandro Bello, especialista en políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación

Esta disparidad en el ámbito laboral evidencia la necesidad de un abordaje más sistémico para lograr cambios estructurales y alcanzar la igualdad de género en STEM, indica el documento.

En esa dirección, las universidades desempeñan un papel clave. Países de la región desarrollaron instrumentos para institucionalizar ese enfoque mediante iniciativas como el Programa de Género, en la Universidad Autónoma de Yucatán, México, o la Oficina de Equidad de Género del Instituto Tecnológico, Costa Rica.

Para Alessandro Bello, autor del estudio y especialista en políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación, “tanto en el plano educativo como en el laboral es preciso dar respuesta a necesidades que atraviesan las mujeres en áreas como ‘Ciencias biológicas y afines’, ‘Tecnologías de la información y la comunicación’ (TIC) o ‘Ingeniería, industria y construcción’”.

El informe evidencia también que “las mujeres indígenas que siguen carreras en STEM suelen ser doblemente discriminadas”. “Debemos comprender mejor las barreras sociales y estructurales a las que se enfrentan. Algunos países crearon instrumentos como el Primer Foro Anual de Posdoctorantes Indígenas STEM, o Convocatorias Programas de Fortalecimiento Académico para Indígenas de CONACYT”, en México, afirmó Bello.

Para Andrea Vera Gajardo, del Colectivo de Mujeres Matemáticas en Chile, “el documento ofrece una acabada sistematización de las iniciativas llevadas a cabo respecto de la baja representación de mujeres en STEM”. Pero “en la región todavía estamos en deuda con un estudio que incorpore preguntas sobre su dimensión cultural”, opinó a SciDev.Net.

Líder del proyecto “Anillo Matemáticas y Género”, Vera Gajardo sostiene que eso “ayudaría a entender los mecanismos culturales que operan detrás de este fenómeno, para erradicarlos y subir los indicadores de mujeres en STEM, haciendo de las comunidades científicas lugares seguros, libres de conductas sexistas y racistas”. Para Cristina Bloj, de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y autora de un trabajo de CEPAL sobre la educación técnico-profesional en Argentina, el estudio es valioso porque entre otros aportes, visibiliza la matriz y los estereotipos sobre los cuales se edifican las barreras (económicas, sociales, culturales, religiosas) que limitan a las mujeres el acceso, la permanencia y el egreso del sistema educativo, y los nexos con el mercado laboral.

Si bien el problema es grave “sin duda se está gestando un cambio en la región”, opinó Cristina Marino Buslje, jefa del Laboratorio de Bioinformática de la Fundación Instituto Leloir, en Buenos Aires.

Marino Buslje, también co-organizadora del Primer Congreso Latinoamericano de Mujeres en Bioinformática y Ciencia de Datos —evento virtual y libre realizado entre el 21 y el 24 de septiembre—, se sorprendió por las más de 800 inscriptas, “lo que denota la necesidad de espacios de intercambio de esta naturaleza”, afirmó.

Según la especialista, la voluntad de las mujeres en estas disciplinas por aglutinarse y ser protagonistas de un cambio originó agrupaciones como “[Las] de sistemas”; “Women in games AR”, “Women who Code Buenos Aires”; “Media Chicas”; “Chicas Poderosas”; “Chicas Programadoras”; “R-Ladies”; “Las Curie”; “Wie” (Women in Engineering) o “Mumuki”, entre otras.

“Aun así, queda camino por recorrer. Hoy son hombres los investigadores líderes en equipos de trabajo y cargos decisorios. También son los oradores principales de las conferencias y autores de las investigaciones”, señaló.

La brecha salarial es otra deuda. Bello opina que, igual que otros aspectos, no es un problema exclusivo de STEM. “Es necesario reclamar transparencia en salarios y cambiar estereotipos (conscientes o no) pero también realizar tutorías y generar estructuras de apoyo y monitoreo”, destacó.

Según el informe de ONU Mujeres es necesario un enfoque sistémico para lograr cambios estructurales, y promover y alcanzar la igualdad de género en STEM.
 
> Enlace al informe de ONU Mujeres

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