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Simone Anne Marie Badal-McCreath, química jamaiquina e investigadora en cáncer, sabía que quería ser médica. Pero cuando estudió bioquímica, un profesor hizo que se enamorara de la investigación.
 
Un momento decisivo en su carrera, sin embargo, fue dos años después de terminar su PhD en Bioquímica, en 2014, cuando fue una de las cinco mujeres ganadoras del Premio 2014 de la Fundación Elsevier-OWSD, otorgado conjuntamente por Elsevier y la Organización de Mujeres en la Ciencia para el Mundo en Desarrollo. Insatisfecha con los recursos académicos que le dieron en la universidad, decidió escribir su propio texto, dijo en una entrevista realizada el 23 de octubre durante el Foro Cilac, una conferencia sobre ciencia y política que tuvo lugar en Ciudad de Panamá, Panamá. A sus 37 años, hoy dicta clases en Ciencias Médicas Básicas de la Universidad de West Indies (UWI) en Mona, Jamaica, donde tiene sus propios estudiantes.
 
¿Puede contarnos sobre su investigación?
Me gradué en 2012. Mi PhD se enfocó en investigar las potenciales propiedades anticancerígenas de productos naturales de Jamaica. También estudiamos si tenían propiedades potenciales para prevenir la quimioterapia, lo que significa si serían capaces de ralentizar, bloquear o revertir el proceso de cáncer. Así que miramos tres líneas diferentes de células cancerígenas: seno, cólon e hígado; también tuvimos la oportunidad de probar u observar células normales.
 
Al final de la investigación era claro que varios productos naturales de Jamaica eran efectivos. Algunos de ellos incluso efectivos para matar las células cancerígenas, de manera comparable a las drogas usadas para la quimioterapia, porque comparamos la eficacia con las que se usan actualmente.
 
También encontramos que algunos de nuestros compuestos eran incluso más seguros, pues mientras eliminaban las células cancerígenas del cólon, no afectaban las células normales. Y vimos que las drogas para la quimioterapia mataban tanto las unas como las otras. Así que demostramos la eficacia de nuestros productos, y el siguiente paso será un trabajo in vivo.

¿Cómo fue el proceso para obtener el Premio de la Fundación Elsevier para Jóvenes Científicos del Mundo en  Desarrollo?
El decano de la facultad me nominó. ¡Y recibí la noticia de haber ganado! El premio estaba enfocado específicamente en ciencias químicas. Representé a la región de América Latina y el Caribe. Cada ganadora recibió US$ 5.000, más el viaje, todo incluido, para atender la reunión anual de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS) en Chicago, donde se entregó el premio.
 
Fue una experiencia inolvidable. Gracias al premio, desde entonces varias puertas se me han abierto, en términos de acceso a fondos y de ir construyendo mi carrera como joven científica en el Caribe.

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Crédito: Daniela Hirschfeld.
 
¿Después del premio se vincula con la Universidad de West Indies (UWI) en Mona, Jamaica?
Después del premio me contrataron como miembro del grupo de profesores. A eso le llamamos profesor titular, lo que es equivalente a profesor asistente en Estados Unidos.
 
Llevo ya tres años en ese cargo. He sido capaz de asegurar fondos por un valor aproximado a los US$ 90.000, lo que me permitió establecer un laboratorio de cultivo de células llamado sencillamente Investigación Anticáncer de Jamaica (ACRJ Cell Culture Lab).
 
Esa es mi visión: construir una especie de centro para cáncer del primer mundo que le sirva a todo el Caribe. Un centro que pueda desarrollar medicina personalizada para tratar cánceres que afecten a hombres y mujeres caribeños. No estoy segura de verlo yo misma, pero de alguna manera espero contribuir a lograrlo: yo, a través de mis estudiantes de pregrado.
 
Cuéntenos sobre ellos…
Tengo cuatro estudiantes. Actualmente mi investigación se enfoca en desarrollar una novedosa línea de células cancerígenas. Te conté antes que mi trabajo de PhD se concentró en los productos naturales de Jamaica que combaten líneas de células cancerígenas, pero lo que no te conté es que cuando terminé el trabajo encontré que todas las líneas que estudiamos eran caucásicas. Investigué un poco más y hallé que la mayoría de líneas de células cancerígenas disponibles para los científicos en el mundo son de origen caucásico, y eso reduce la posibilidad de trasladar (los resultados) de las células que estamos probando.
 
Así que la pregunta entonces es ¿por qué no tenemos nuestras propias líneas de células cancerígenas? Mi siguiente paso, o lo siguiente que quise hacer, fue desarrollarlas. Mi primer estudiante está trabajando una nueva línea de células cancerígenas de próstata, y esperamos que pueda ser usada como una herramienta para entender el cáncer de próstata de descendientes de africanos porque las tasas de incidencia y mortalidad son las más altas entre esa población.
 
Esperamos usar esa herramienta para desarrollar medicinas personalizadas. Eso contribuye a la base de mi investigación, de tal manera que los siguientes estudiantes continúen y adelanten otros trabajos una vez tengamos éxito en esta línea de células cancerígenas; también queremos desarrollar otras líneas para cáncer de seno, la mayor causa de preocupación de nuestras mujeres.
 


Video: cortesía UNESCO.

Usted escribió su propio libro de texto. ¿Cuál es la historia detrás de este producto?
Cuando gané el premio, o antes incluso, yo había desarrollado un esquema para un libro de texto en farmacognosia (el estudio de medicinas derivadas de plantas o de otra fuente natural). De hecho, mientras adelantaba mi PhD, también enseñaba esta materia y en esa época no estaba satisfecha con los textos que me daban. Me fui a casa y le dije a mi marido: “No estoy contenta con ese libro”. Y él me respondió: “y por qué no escribes uno?” Yo me reí y le dije “¿qué se yo de escribir textos, si ni siquiera había terminado mi PhD?”
 
Pero entonces hice un boceto. Luego me di cuenta de que uno de los miembros del comité del premio era Elsevier y usé ese dato para establecer el contacto y hablar con Elsevier. Después de algunas conversaciones ellos revisaron mi esquema y les gustó. Lo mejoraron, enviaron a varios expertos internacionales en el tema y dos años después se publicó.
 
Fue en diciembre de 2016. Es una compilación de las contribuciones de 70 expertos del mundo. Es una co-edición con mi supervisor de PhD, Dr. Rupika Delgoda.
 
¿Cómo se siente ser una científica en el Caribe, en Jamaica? Jamaica es fuerte en ciencia pero otros países no lo son...
Ser fuerte es relativo. Desde mi perspectiva, tenemos aún mucho por crecer. Hay mucho de lo que es necesario hacer que no se está haciendo. Pero al mismo tiempo estamos progresando en muchas áreas.
 
Para las mujeres científicas, se siente normal, natural. Cuando estaba estudiando vi muchas profesoras. Sí, hay retos, pero suelo enfocarme en las tareas a mi alcance, qué necesito para lograrlas, así que tengo una ruta. Sé que no será perfecta. Tengo obstáculos y tengo que seguir empujando.  
¿Cree que es más difícil ser una mujer en ciencia que un hombre científico en su país?
En este momento no puedo responder ni sí ni no. Personalmente he logrado —en términos relativos— mucho en muy poco tiempo. He tenido el respaldo tanto de hombres como mujeres en ciencia. Reconozco que mi edad puede haber sido una piedra en el zapato (algunas personas pueden creer que eres demasiado joven o estás progresando demasiado rápido) pero siempre pienso “ok, esto es lo que se necesita hacer, ¿cómo lo consigo? ¿Con quién tengo que hablar? ¿Qué consejo necesito?”
 
Luego consigo los recursos no solamente para los miembros de mi familia, sino para la academia. Pero sé que hay otras personas que piensan que ser mujer científica es más desafiante. No he llegado a ese estado aún para responderte que sí, porque tengo muchos desafíos por diferentes frentes y solo me enfoco en lo que se necesita hacer.
 
¿Por qué eligió ser científica?
Cuando estaba en el colegio lo que realmente quería era ser médica, pero cuando ingresé a pregrado me enamoré de la investigación. Un profesor contribuyó a que me enamorara de la investigación. Y entonces dije “ok, tratemos, haré una maestría”, y eso también se convirtió en un desafío.
 
Lo hice, fui capaz de conseguirlo en dos años y para nosotros eso es muy rápido. También conseguí publicar en revistas revisadas por pares varios artículos por ese trabajo. Aunque experimenté numerosos retos para lograrlo, también me di cuenta que me encantaba. Me apasiona la investigación, razón por la cual no importa lo que se me presente en el camino.
 
En enero de 2017 usted creó una fundación. ¿De qué se trata?
Se llama la Fundación ACRJ y busca ayudar a la gente que ha abandonado la secundaria por cualquier razón, embarazo, expulsión por peleas, o cualquier otra.
 
Estamos apoyando que regresen y consigan el certificado del Examen de Secundaria del Caribe para que puedan obtener empleos, realicen sus sueños y no simplemente se marginen. Hemos conseguido ya US$ 90.000.
 
También ofrecemos asesoría a estos estudiantes. A medida que nos esforzamos por conseguir lo mejor en nuestras carreras, creo que es importante devolver. No son solamente (nos dirigimos a) adolescentes, es para hombres y mujeres, siempre y cuando encajen en los requisitos de elegibilidad. Tenemos un portal en la red acrjfoundation.org.jm donde pueden enterarse más y buscarnos.

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