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Autos autónomos, programas de reconocimiento facial, redes sociales que ofrecen contenido a gusto del cliente son solo algunas de las aplicaciones de la inteligencia artificial (IA) que invadieron nuestra vida cotidiana. La IA es un área de la computación orientada al desarrollo de sistemas que pueden ser enseñados para pensar y actuar de forma “inteligente” en contextos específicos. Impulsada por el aumento de la generación de datos, la capacidad de procesamiento de los ordenadores y la expansión de Internet en todo el mundo, no solo llegó para quedarse sino que ya está cambiando nuestras vidas.
 
Países como Estados Unidos, Inglaterra, Japón y China ya entendieron el papel estratégico que el área desempeñará —en un futuro cercano— en el desarrollo económico, científico y social, y están tratando de invertir fuertemente en el campo.
 
Se estima que la IA puede aportar hasta 15,7 billones de dólares a la economía global en 2030. A la vista de este enorme potencial de mercado, las grandes empresas de tecnología, como Google, Facebook y Microsoft, están entrando con todo en la carrera por desarrollar las mejores aplicaciones en el área. La cantidad de patentes en el sector está en auge.
 
Aunque gran parte de este movimiento en torno a la IA está ocurriendo al norte del globo —donde las condiciones son más compatibles con el tamaño del emprendimiento—, no se puede negar el enorme potencial del área para el desarrollo del sur global, y particularmente para América Latina.
 
Según un estudio realizado por Accenture, empresa de consultoría del sector de la tecnología, la IA tiene el potencial de aumentar las tasas de crecimiento anuales en América Latina hasta un punto porcentual en 2035. Los servicios financieros, las industrias de commodities, el comercio mayorista y los servicios públicos serían, según la empresa, los sectores más beneficiados por el desarrollo de esta tecnología en la región.

“Para cosechar los frutos de la ebullición de la inteligencia artificial, y para no quedar atrás en la carrera científica y tecnológica una vez más, América Latina necesita correr. Y rápido. ¡Hay mucho por hacer!”

 
Además de estos nichos, las aplicaciones prometen aprovechar descubrimientos científicos, mejorar diagnósticos médicos, aumentar la productividad agrícola e incluso equilibrar el acceso a la educación. Pero, ¿cómo transformar todo ese potencial en una realidad?
 
 La verdad es que el escenario actual es de grandes limitaciones para el desarrollo de AI en América Latina y en los países en desarrollo de en general. Para empezar, no hay suficiente inversión. Pero ese está lejos de ser el único problema. Faltan bases de datos, infraestructura de investigación y de redes; falta personal capacitado y articulación con la industria.
 
Para cosechar los frutos de la ebullición de la inteligencia artificial, y para no quedar atrás en la carrera científica y tecnológica una vez más, América Latina necesita correr. Y rápido. ¡Hay mucho por hacer!

Señales de humo
En medio de las limitaciones, iniciativas basadas en la inteligencia artificial comienzan a brotar con más vigor en América Latina, indicando un mayor interés reciente por el campo en algunos de sus países. Veamos algunas de ellas.
 
A fines de febrero se lanzó en Brasil el Instituto Avanzado para la Inteligencia Artificial (AI2), con el objetivo de promover, mediante la colaboración entre los sectores académico y privado, avances en el campo de la IA en el país. La idea es que el medio académico contribuya con la experiencia en investigación básica, y el sector privado, a su vez, identifique problemas desafiantes y dé el apoyo financiero para que sean abordados. Sin sede fija, el AI2 funcionará en espacios compartidos de trabajo en las instituciones participantes, conectados por un servicio de videoconferencia.
 
 Por el momento, ocho universidades de San Pablo integran el consorcio, además de cinco startups y ocho empresas, nacionales e internacionales, entre ellas Intel, Petrobras e IBM, que también se prepara para instalar un centro de investigación en Brasil. La iniciativa está abierta a la integración de otros socios, de Brasil y del exterior, y tiene potencial de crecer y convertirse en una red de referencia de IA en América Latina.
 
En el marco del programa AI for Earth, Microsoft financia diversos proyectos que conjugan inteligencia artificial y sostenibilidad en América Latina. Lanzada en Julio de 2017, la iniciativa contemplo a fines de 2018 cuatro instituciones latinoamericanas con recursos para el desarrollo de proyectos en una de sus áreas de actuación: agricultura, agua, biodiversidad y cambio climático.
 
En Argentina, el Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales utilizará IA para medir el impacto del uso actual y futuro de la tierra en la calidad del agua en la región. El Centro Humbolt, en Nicaragua, proporcionará a las comunidades de regiones forestales algunas herramientas técnicas y científicas basadas en IA para defender sus activos y territorios comunes.
 
La Universidad de Columbia, en Puerto Rico, está usando IA para medir la salud de los bosques dañados por tormentas y huracanes, y evaluar cuánto tiempo tardan en recuperarse.
 
En México, por su parte, el Centro Intercultural para el Estudio de los Desiertos y Océanos se apoya en un modelo de IA para analizar los efectos de los medios de comunicación en la percepción pública sobre el cambio climático y, con ello, pretende ayudar a los gobiernos a crear estrategias de adaptación. Además de las detalladas hay más acciones en curso en América Latina, que contemplan otros sectores y aplicaciones de la IA, algunas más y otras menos consolidadas. En el área de salud, por ejemplo, se están usando algunas tecnologías inteligentes en el diagnóstico de enfermedades, en la previsión y en el control de epidemias, e incluso para reducir la estadía de los pacientes en los hospitales, lo que contribuye a optimizar los gastos con la salud pública.
 
En el sector de la seguridad pública y la gestión de desastres naturales, también hay proyectos en desarrollo, pero todavía muy incipientes. La expectativa es que con el auge del tema en América Latina surjan iniciativas de IA más consistentes en éstas y en otras áreas.
 
Entre beneficios, limitaciones y riesgos
A pesar del gran potencial de la inteligencia artificial y de las expectativas generadas en torno a ella, es importante resaltar que, como todas las tecnologías de alto impacto, en un mundo capitalista, marcado por acentuadas desigualdades sociales y económicas, el desarrollo de la IA involucra una serie de riesgos e inspira cuidados, como advierte el documento elaborado por el Centro de Investigación para el Desarrollo Internacional (IDRC) sobre AI y desarrollo humano.
 
El uso antiético de las tecnologías inteligentes, o la distribución desigual de sus usos y beneficios, puede reforzar injusticias y prejuicios, amenazar los empleos y favorecer la manipulación de datos para fines oscuros, como por ejemplo el uso de algoritmos para ganar elecciones.
 
La falta de capacidad institucional para proteger los derechos de las personas —en términos de privacidad, por ejemplo—, también puede ser un problema, sobre todo en los países en desarrollo. Esos riesgos y limitaciones no deben impedir los avances de esas tecnologías en América Latina, pero es necesario que esas naciones encuentren una forma ética, inclusiva y segura de promover su desarrollo.
     
Así, la implementación de la IA en la región requiere esfuerzos coordinados y monitoreo permanente. En primer lugar, es necesario aumentar la capacidad técnica del área, con inversión en investigación, en la formación de recursos humanos y en la instalación de infraestructura. También es necesario identificar y priorizar los intereses locales, en lugar de reproducir las aplicaciones de las naciones desarrolladas. En el ámbito de la investigación se debe invertir en evaluaciones de impacto y en estudios de riesgo para entender qué es lo que funciona, para quién y en qué contextos.
 
La debida reglamentación del sector también es fundamental para proteger a los individuos del mal uso de las tecnologías surgidas de la IA. Es importante que las legislaciones confieran responsabilidad y penalizan la toma de decisiones erróneas, tendenciosas o discriminatorias, y establezcan mecanismos de reparación. Los países desarrollados ya se están movilizando en ese sentido.
 
Por último, es importante que la sociedad esté involucrada y preparada para discutir y decidir sobre las nuevas (y actuales) aplicaciones de la IA, que incluye cuestiones nada triviales y están lejos de ser meramente científicas. Parte del desarrollo del campo dependerá de cómo la gente vea sus costos y beneficios. En América Latina, todavía estamos lejos de un debate fructífero sobre este tema.