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[BUENOS AIRES] Las cinco universidades latinoamericanas tradicionalmente mejor ubicadas en el ranking global que elabora la empresa británica Quacquarelli Symonds (QS) desde hace 15 años mejoraron su posición, reveló la edición más reciente (7 de junio).
 
En la lista de las 1.000 mejores universidades del mundo —encabezada por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) de Estados Unidos y con un top 10 protagonizado por ese país, Reino Unido y Suiza—, 93 son latinoamericanas.
 
La mejor ubicada es la Universidad de Buenos Aires (UBA), que este año figura en el puesto 73, luego de avanzar dos lugares en comparación con 2017. Le sigue la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que pasó del 122 al 113; la Universidad de San Pablo, Brasil que este año está en el lugar 118 (antes en el 121); la Pontificia Universidad Católica de Chile (del 137 al 132) y el Instituto Tecnológico de Monterrey, que llegó al 178 desde el puesto 199.
 
Igual que estas cinco universidades que mejoraron su rendimientos, otras nueve hicieron lo mismo, pero 28 descendieron en ranking. En tanto, otras seis universidades aparecen por primera vez, entre ellas la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Ecuador) y la Universidad EAFIT, de Bogotá, Colombia.

“En el debe creo que está lograr una mayor articulación entre el conocimiento que se produce académicamente y el sistema productivo”.

Melina Furman, Universidad de Columbia, Estados Unidos

 
El ranking se elabora a partir de variables, como las reputaciones de sus empleados y de la organización, la cantidad de estudiantes internacionales y la cantidad de citas, entre otros indicadores.
 
“En general hay un buen trabajo de las universidades latinoamericanas sobre nichos específicos, como incluir a poblaciones que tradicionalmente no accedían a la educación superior en casas de altos estudios”, evalúa Melina Furman, doctorada en ciencias de la educación por la Universidad de Columbia (Estados Unidos).
 
“En el debe creo que está lograr una mayor articulación entre el conocimiento que se produce académicamente y el sistema productivo”, dice Furman, en la actualidad profesora de la Universidad de San Andrés (Argentina).
 
A la vez que recalca que “hay dimensiones importantes que no están contempladas en el índice, como la posibilidad de incidir positivamente en el entorno local”. Por su parte, Pablo Kreimer, investigador principal del Conicet y director del Centro de Ciencia, Tecnología y Sociedad, es más crítico al señalar que el ranking “está basado en gran medida en opiniones subjetivas,”, obtenidas a partir de encuestas.
 
Para Kreimer, “el peso de indicadores objetivos es muy bajo. Si se ven otros rankings, donde las publicaciones o cantidad de graduados tienen más peso, la UBA, por ejemplo, figura muy mal. Es un peligro creer que eso es cierto y que se va por buen camino”.
 
“De todos los rankings que hay (como el Times Higher Education; Shanghai; Ranking Web of Universities), este le da una ponderación muy baja a las publicaciones, al grado de internacionalización y a las transferencias a la industria”, opina Kreimer.
 
“En cambio, 40% de la nota general es la percepción de su reputación, realizada con una encuesta, 10% es sobre la percepción de sus empleados (ídem), y otro 20% es la proporción entre estudiantes por profesor (sin distinguir si tienen dedicación simple o exclusiva). Ese mismo ranking solo le da 20% de puntaje a las citas recibidas por las publicaciones, que en otros rankings son más significativas”, agregó.
 
A nivel global, después del MIT se ubican las universidades de Stanford, Harvard y Caltech, de Estados Unidos, y luego las británicas Oxford y Cambridge.
 
Enlace al Ranking Mundial QS