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[BUENOS AIRES] La desesperante realidad de la ciencia en el país ha provocado una inédita movilización de los responsables de 140 institutos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) —que organiza a la investigación argentina— quienes  se reunieron para reclamar presupuesto y condiciones de trabajo.
 
La reunión —en la provincia de Córdoba, el 12 y 13 de abril— es solo una de las demostraciones de los últimos días. El 17 abril hubo una marcha de antorchas en Buenos Aires y el martes 22 hubo un encuentro en la comisión de ciencia de la Cámara de Diputados para exponer los alcances de la crisis. En los próximos días seguirá la campaña para dar a conocer e intentar revertir una situación que para muchos puede ser terminal.
 
Desde la asunción del actual gobierno, en diciembre de 2015, la curva del financiamiento a la ciencia y tecnología fue hacia abajo, pero se profundizó en 2018 con una mezcla de devaluaciones del peso (el valor del dólar pasó de 16 a 44 pesos argentinos) y una altísima inflación (50 por ciento anual) que paralizó los proyectos, redujo el ingreso de investigadores al Conicet y reanudó la emigración de investigadores, intensa en la década de 1990.

“Este foro de directores es muy difícil de reunir. Nunca se convocó algo así desde Conicet. Tenemos un espectro ideológico académico amplio, de distintas culturas científicas, y eso mismo pinta la gravedad de lo que pasa”, dijo a SciDev.Net Rolando González-José, director del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas.

Tras esa reunión de directores, se dio a conocer un documento corto, pero próximamente publicarán uno más extenso, con un análisis detallado de la crisis, donde exigirán un salvataje económico.

“Son tres años de caída salarial, desaparición de líneas enteras de subsidios, no actualización de gastos para insumos importados, detención de proyectos estratégicos. Todo está afectado. Desde diciembre de 2015 tenemos una caída real del salario del 35 por ciento. Ahora somos los científicos que menos ganamos en la región; y los becarios tienen ingresos por debajo de la línea de la pobreza”, añadió González-José.

Además de la cuestión monetaria se reclama por dos cuestiones administrativas igualmente importantes: devolverle su estatus al Ministerio de Ciencia, degradado a secretaría, y el ingreso de dos directores del Conicet que tendrían que haber sido designados por el Poder Ejecutivo, como Alberto Kornblihtt y Mario Pecheny, ambos opositores al gobierno nacional.

Ellos fueron elegidos en votación por las áreas de biología y ciencias sociales, respectivamente, y ahora necesitan que se apruebe oficialmente su ingreso a un directorio compuesto por ocho miembros y un presidente, cuyo nombramiento depende exclusivamente del presidente Mauricio Macri.

Necesitamos un refuerzo presupuestario de urgencia, de salvataje del Conicet para mantener los institutos en funcionamiento, que entren jóvenes y que se actualicen subsidios. Estamos cercanos a un estado terminal …

Ana Franchi, directora del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos, Universidad de Buenos Aires
 

La situación afecta mucho al día a día de la ciencia. “Cada vez que se rompe un aparato  temblamos, porque usamos insumos y equipos importados, aunque también los insumos nacionales vienen con aumentos de hasta 70 por ciento en cuatro meses, cuando hay subsidios de 2017 que aún no nos pagaron”, dice Ana Franchi, directora del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos (UBA/Conicet), que tiene un proyecto de órganos artificiales para posibles trasplantes y plataforma de nuevas terapéuticas.

“Estamos intercambiando insumos con otros laboratorios como si estuviéramos en una feria del trueque”, añade.

Pero lo peor, para ella, es la falta de perspectiva para los jóvenes a los que se formó durante catorce años y de pronto se encuentran sin futuro. “Necesitamos un refuerzo presupuestario de urgencia, de salvataje del Conicet para mantener los institutos en funcionamiento, que entren jóvenes y que se actualicen subsidios. Estamos cercanos a un estado terminal, gente que se va a ir afuera o que va a terminar haciendo cosas para las que está sobrecalificada, que podrían aportar para mejorar la vida de la gente, para cambiar el tipo de producción en la Argentina”, remarca.

Por su parte, el físico cuántico Juan Pablo Paz, director del Instituto de Física de Buenos Aires, coincide en que lo peor es la pérdida de horizontes. “La desilusión y el sentir que estamos yendo para atrás, que los jóvenes se vuelven a ir, eso es lo peor”, enfatiza.

“Teníamos en el país gente pensando proyectos de mediano y largo plazo. Nosotros armamos un laboratorio para atrapar iones, formar gente nueva, mandar jóvenes al exterior para que vuelva en dos o tres años, apostando a generar un ambiente atractivo para que vuelvan. Eso hoy es imposible y genera mucha desilusión. Antes, todos los graduados de física tenían trabajo y ahora piensan en irse”, se lamentó.

Pese a todas estas incertidumbres, debido a la inercia y por el hecho de que las medidas (positivas y negativas) tienen efecto de largo plazo, el Conicet apareció como la mejor institución de ciencia de América latina en el más reciente ranking elaborado por Scimago, este año.