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[SANTIAGO] En países de ingresos medios y bajos, el nivel educacional de los padres ya no tiene la influencia que tuvo en el pasado sobre la salud infantil, dejando paso a otras variables que podrían ser más relevantes en el diseño de políticas públicas.

Entre los factores que han atenuado la relación entre nivel educacional y salud infantil se encuentran el estándar de vida familiar, la fertilidad y la residencia en áreas urbanas, lo que se asocia a mejor atención de salud e infraestructura. 

Así lo plantea un estudio publicado en el International Journal of Epidemiology (7 de agosto) en el que se analizaron datos de mortalidad y nutrición infantil en 43 países, entre 1991 y 2016, cruzándolos con nivel educacional de los padres.

Según los autores, “el papel de la educación parental sobre la salud infantil se ha atenuado considerablemente con el tiempo en entornos de bajos recursos”.

El estudio —que incluyó ocho países de América Latina y el Caribe: Bolivia, Colombia, Honduras, Haití, Guatemala, Perú y República Dominicana— indica que en el período estudiado la influencia de cada año adicional de educación materna se ha atenuado en 56 por ciento para la mortalidad infantil en menores de 5 años, en 15 por ciento para el retraso del crecimiento, 30 por ciento para el bajo peso y 24 por ciento para la emaciación (peso bajo para la talla).

En el caso del nivel educativo del padre, la asociación se ha atenuado en 53, 8, 4 y 19 por ciento respectivamente para las mismas variables.

A la luz de estas cifras, los autores sugieren que los tomadores de decisiones “deberían considerar esta debilitada asociación al diseñar políticas tendientes a mejorar la salud infantil en la agenda de desarrollo post 2025”.

Las Metas Mundiales de Nutrición 2025 de la OMS contemplan, entre otros objetivos, reducir la cantidad de niños menores de 5 años con retraso de crecimiento en 40 por ciento, y reducir y mantener por debajo de 5 por ciento la emaciación infantil. “Puede haber factores dentro de las comunidades que determinan tanto el nivel educacional de los padres como la salud de sus hijos, pero en forma independiente entre ambos”, dice a SciDev.Net Omar Karlsson, investigador del Centro de Demografía Económica de la Universidad de Lund (Suecia) y autor principal del estudio.

“Por ejemplo, añade, en comunidades donde hay escuelas es más probable tener atención de salud y buena infraestructura, lo que mejora la salud infantil independiente de la educación de los padres”.

El investigador señala que si bien “la educación tiene enormes beneficios a nivel individual, hay políticas más eficiente para reducir la mortalidad y malnutrición de los niños”.

“Reducir las muertes neonatales —que concentran de manera creciente la mortalidad en menores de cinco años— requiere cuidados de salud antenatales y perinatales efectivos y personal de salud capacitado”, señala.

En cuanto a la nutrición, destaca como “particularmente importantes” la prevención y respuesta a enfermedades infecciosas, mientras que “el desafío fundamental que deben resolver muchos países en desarrollo es el acceso a agua y alimentos limpios y seguros”. 

Para Manuel José Irarrázaval, director del Instituto de Políticas Públicas en Salud de la Universidad San Sebastián, en Chile, los resultados del estudio no llaman la atención.

“Aunque separarlo de otras variables es complejo, es comprensible que hoy el nivel educacional de los padres sea menos potente que en los últimos 25 años”, señala.

A juicio del especialista, mejor alimentación, mejorías sanitarias en las comunidades, campañas de vacunación infantil y programas de salud pública “son indudablemente políticas más eficientes para mejorar la salud infantil”.

Enlace al resumen del estudio en el International Journal of Epidemiology

Referencias

International Journal of Epidemiology, dyy158, https://doi.org/10.1093/ije/dyy158

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