Republicar

Sin costo alguno, usted o su medio pueden publicar este artículo en línea o de manera impresa, gracias a nuestra Licencia de Atribución de Creative Commons. Lo animamos a hacerlo siguiendo estas sencillas instrucciones:
  1. Dar el crédito a los autores.
  2. Dar el crédito a SciDev.Net y si le es posible incluir nuestro logo y un enlace al final que lleve al artículo original.
  3. Puede también publicar las primeras líneas del artículo y luego añadir: "Lea el artículo completo en SciDev.Net" e incluir un enlace al artículo original.
  4. Si además quiere tomar las imágenes que publicamos en esta historia, deberá confirmar con la fuente original si le permite hacerlo.
  5. El modo más fácil de publicar este artículo en su sitio es usando el código que incluimos a continuación.
Para mayor información revise nuestras instrucciones de reproducción y la página de medios.

The full article is available here as HTML.

Press Ctrl-C to copy

A través del mundo, empresas de tecnología y desarrolladores de software están incorporando plataformas digitales en infraestructura humanitaria y comercial. Están Jembi y Hello Doctor para el sector de salud; SASSA y Tamween para política social, y M-farm, i-Cow, Esoko entre muchas, para la agricultura.

Mientras estos sistemas proliferan, es momento de hacernos algunas preguntas acerca de quién está controlando estos datos y a quién benefician. Hay un peligro de que la ‘plataformización’ aumente la brecha de conocimiento entre empresas y científicos en países pobres y aquellos en las economías más avanzadas.

Las plataformas digitales sirven para tres propósitos. Mejoran la interacción entre proveedores de servicios y usuarios; recogen datos transaccionales acerca de esos usuarios, y los empujan hacia comportamientos, actividades y productos considerados ‘virtuosos’, rentables o valorados, a menudo porque generan más datos. Esta información puede ser extremadamente valiosa para los generadores de política interesados en el desarrollo de intervenciones, para investigadores que están estudiando tendencias socio-económicas, y para empresarios que buscan nuevos mercados.

Pero el desarrollo y uso de estas plataformas no es siempre benigno.

Conocimiento y poder

Las tecnologías digitales son tecnologías de conocimiento porque registran la información personal, bienes, comportamientos y redes de las personas que las usan.

El conocimiento, de alguna manera, tiene una imagen gentil de un bien global que se comparte abiertamente y de manera uniforme en todo el mundo. Pero en realidad, es muy competitivo.

Puesto de manera simple, el conocimiento modela la rivalidad económica entre países ricos y pobres. Influye en quienes tienen el poder por encima de las reglas del juego económico, y lo hace de tres formas clave.

En primer lugar, las empresas usan el conocimiento y la tecnología para ser más eficientes y competitivas en lo que hacen. Por ejemplo, un agricultor puede escoger comprar semillas mejoradas tecnológicamente, fertilizantes, y herramientas para procesar su cultivo.

Esta transferencia tecnológica no es automática –el agricultor debe primero invertir tiempo en aprender cómo usar estas herramientas. En este sentido, la competencia económica entre los países tiene que ver con qué tan bien equipados estén sus habitantes en utilizar la tecnología efectivamente.

La segunda forma en la que el conocimiento impacta la competencia económica global depende de ver el desarrollo como un cambio a partir de la producción agresiva de un bien hacia actividades que traigan mayores ganancias y salarios.

En la agricultura, por ejemplo, el desarrollo significa salir de una producción de cultivos solamente a tener mayor control sobre el potencial de la agricultura, y más involucramiento en la distribución o mercadeo de bienes y servicios agrícolas.


Digital Divide sept 2018 - article image 

Así, el conocimiento importa porque, a través de la innovación, crea nuevas barreras para ingresar a una posición más competitiva. Los países ricos mantienen su ventaja competitiva a lo largo del control sobre la tecnología, y las plataformas digitales son parte de este sistema.

En tercer lugar, el conocimiento modela las percepciones públicas sobre la tecnología y la formulación de políticas. Aquellos con ‘evidencia’ tienen influencia desproporcionada por encima de las reglas del juego: ejercen presión en cómo las economías se entienden y regulan, y sobre cómo se rigen los derechos de propiedad sobre el conocimiento. Aquellos con dinero pueden financiar investigación que produzca evidencia, y pueden restringir a otros el acceso al conocimiento.

En el mundo real

Este es un ejemplo de cómo la producción competitiva del conocimiento se da en el mundo real.

En un reciente encuentro virtual de la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas en Ginebra, representantes de economías poderosas promovieron con fuerza una agenda de comercio digital que encerraría el flujo libre de datos a través de las fronteras y prohibiría la localización de datos (archivando los datos ciudadanos dentro del país). Invitaron a ‘expertos’ de empresas de tecnología líderes para hablar acerca de las virtudes de esta visión, y estas presentaciones patrocinadas dominaron los debates.

En contraste, muchos países en desarrollo fueron más cautelosos, buscando tomar más tiempo para entender las implicaciones antes de aceptar reglas multilaterales –por lo que invitaron a sus propios ‘expertos’ para hacer un llamado a la precaución y a investigar más. Cada parte movilizó su propio ‘conocimiento’, ‘datos’ y ‘marcos analíticos’ para influenciar una mayor parte del proceso de negociación.
El caso de las economías del conocimiento africanas, aún recuperándose de una inversión baja de largo plazo, es otro ejemplo.

En 1986, el Banco Mundial apuntó que la educación terciaria era un ‘lujo’ que los países africanos no podían asumir, insistiendo en que, en cambio, se enfocaran en la educación primaria y secundaria. Su ventaja competitiva radicaba en la agricultura, argumentaban, así que lo que necesitaban eran agricultores letrados, no científicos ni ingenieros. El financiamiento para la educación superior fue recortado, y las universidades tuvieron que buscar maneras para sostenerse a sí mismas. Cada vez más, los investigadores africanos fueron obligados a asumir el papel de recolectores de datos en proyectos de investigación diseñados y conceptualizados en el extranjero.

En campos tales como la salud y la agricultura, la producción de conocimiento se ha remodelado de otras maneras como resultado de Programas de Ajuste Estructural. Los servicios de salud han sido subcontratados gradualmente con ONG y proveedores privados, por ejemplo, haciendo que los trabajadores africanos se vuelvan cada vez más dependientes de tecnologías producidas en el extranjero. Mientras tanto, las presiones de comercialización en los países ricos conscientes de los costos están cambiando la forma como se realiza la investigación en los países pobres. La agencia de desarrollo USAID del gobierno de los Estados Unidos de América fomenta las alianzas entre universidades y empresas privadas, las cuales se cobijan bajo los intereses comerciales de los Estados Unidos con esfuerzos por mitigar la pobreza. El Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido cambió recientemente hacia una agenda de ‘ayuda para el comercio’, destinando dicho presupuesto para explícitamente promover los negocios del Reino Unido en el exterior.

Estos cambios significan que, mientras los donadores ofrecen asistencia, son reacios a interrumpir las jerarquías que dan a sus propios productores de conocimiento una ventaja tecnológica en el mercado global. La pobreza debe ser abordada a través de tecnologías de propiedad producidas por firmas innovadoras de economías poderosas.

Controles éticos

Mientras que las tecnologías digitales pueden hacer más eficientes y productivos a productores en países en desarrollo, deberíamos ser conscientes de quién está controlando estos procesos de innovación. Las infraestructuras digitales construidas hoy, ¿podrán facilitar o dificultar que las economías en desarrollo evolucionen de la mera producción de mercancías hacia un desarrollo competitivo? ¿Cómo podrían los formuladores de políticas africanos prevenir que las plataformas digitales se conviertan en plataformas puramente extractivas?

Tener controles más estrictos sobre el uso de los datos es una opción. Investigadores extranjeros, empresas u ONG que utilicen tecnologías digitales para recoger datos deberían someterse a procedimientos de acreditación ética con preguntas acerca de cómo serán utilizados estos datos, y cómo contribuirán al desarrollo de ese país o a la creación de capacidades. En parte, debido a estos procedimientos éticos, la medicina es el campo con la mayor representación y participación de jóvenes académicos de países pobres en investigación colaborativa internacional.

Y debería ser tiempo de que las organizaciones internacionales de desarrollo empezaran a escuchar las preocupaciones de los diplomáticos africanos y de organizaciones como la ONG india ITforChange, acerca de los peligros de seguir una agenda dirigida solo por las voces fuertes de las compañías digitales.


Laura Mann es profesora asistente en el departamento de Desarrollo Internacional de la Escuela de Economía de Londres (LSE) en el Reino Unido. Gianluca Iazzolino es investigador del Centro Firoz Lalji para África en el LSE. Mann puede ser contactada en [email protected] o vía Twitter @balootiful, y Iazzolino en [email protected] y @giazzolino.