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Tras dos décadas del establecimiento del movimiento que promueve el acceso libre y gratuito a la literatura científica, el llamado Acceso Abierto ha tenido un impacto significativo en el sistema de comunicación científica en todo el mundo. Algunas evidencias de ello son la cantidad creciente de periódicos y repositorios de acceso abierto disponibles, el aumento de la literatura y de los foros de discusión sobre el tema y la implementación de legislaciones y políticas para inducir y consolidar el movimiento.

Por otro lado, la viabilidad financiera de esta propuesta democrática de diseminación del conocimiento sigue siendo un obstáculo para su plena consolidación. Incluso las grandes potencias económicas, responsables de la mayor parte de la producción científica global, han tenido dificultades para cumplir sus metas de acceso abierto.

Para estos países, las grandes editoriales científicas son hoy uno de los principales escollos. Como controladoras del mercado mundial de publicaciones académicas, editoriales como Elsevier, Springer y Taylor & Francis continúan cobrando precios abusivos por el acceso al contenido de sus periódicos y para permitir su libre circulación.

En la Unión Europea, el compromiso asumido por sus Estados miembros de poner a disposición todos los artículos producidos en la región de forma libre y gratuita a partir de 2020 ya está sobrecargando el presupuesto de sus instituciones de enseñanza e investigación.

Por eso, desde 2016, las universidades del bloque negocian con editoriales científicas las condiciones más ventajosas para tener y dar acceso a la producción científica bajo su control. Las negociaciones avanzaron en algunos países, con algunas editoriales. En Alemania, sin embargo, un impasse con Elsevier dejó 60 universidades sin acceso a los periódicos de la editorial en 2017. Aún no se sabe cómo será en 2018.

América Latina, a pesar de destacarse en el Movimiento del Acceso Abierto por lo pionero de algunas iniciativas y por la cantidad de periódicos en acceso abierto, todavía gasta montos exorbitantes de dinero con la firma de periódicos internacionales.

En un momento de crisis generalizada de la ciencia de la región, el acceso a esa literatura, fundamental para la producción de nuevos conocimientos, corre riesgo.

No en vano, los países del bloque, con menos poder de negociación que los europeos, observan atentos las negociaciones internacionales, con la expectativa de que un nuevo modelo de publicación académica, más justo y menos oneroso, pueda surgir como resultado de ellas.

Mientras tanto, países como Brasil, Argentina, Perú, Colombia, México y Chile se esfuerzan por mantenerse actualizados y activos en el debate global sobre el acceso abierto.

Al mismo tiempo, buscan insertarse en el movimiento más amplio de la ciencia abierta, que va más allá de la disponibilidad irrestricta de resultados y datos de investigación, englobando la construcción colaborativa del conocimiento, la participación del público, la exploración de software y hardware libres, y otras prácticas que buscan una ciencia más transparente, igualitaria y conectada con las necesidades de la sociedad. Para la región, sin embargo, los desafíos sobrepasan las cuestiones financieras.
Pionerismos y avances
En América Latina no existe una industria de publicación científica. La mayoría de los periódicos de la región son editados por instituciones de enseñanza e investigación, administradas por los propios investigadores y sostenidos por ellas con el apoyo de agencias de fomento.

Si bien, por un lado, este modelo tiene aspectos y efectos negativos, como la inestabilidad de la periodicidad de las revistas, la morosidad del proceso de publicación y la limitada circulación del conocimiento en ellas publicado, por otro, ha facilitado el establecimiento de iniciativas de libre acceso en el medio científico latinoamericano.

Latindex y Scielo fueron los precursores. Creados en 1997, el primero en México y el segundo en Brasil, estos portales reúnen centenares de revistas de acceso abierto de países de America Latina, además de Portugal y España (Scielo incluye además revistas de África del Sur). Fruto de una prolífica colaboración regional, ambos son financiados con recursos públicos de países desarrollados y reciben apoyos parciales de organizaciones internacionales.

El modelo de libre acceso adoptado por las revistas reunidas en Latindex y Scielo, conocido como “vía dorada” —que ofrece libre y simultáneamente en la web todo su contenido—, es el más difundido en América Latina. A pesar del libre acceso, la vía dorado no garantiza automáticamente la visibilidad de la producción científica de la región. Pero el establecimiento de determinados padrones y las exigencias impuestas por esos portales a las revistas indexadas han proporcionado el aumento de su visibilidad internacional, mayor calidad del proceso editorial y mejor control de las métricas relacionadas con su impacto.

Atento al movimiento global de la ciencia abierta, Scielo acaba de anunciar que en marzo de este año alcanzará la meta de que 75% de las revistas que integran la plataforma sea publicado en inglés, lo que promete aumentar la circulación de sus artículos.

El portal también prevé para julio la adopción del llamado preprint, es decir, la publicación del artículo en un repositorio, donde podrá recibir comentarios de otros investigadores antes de ser enviado a revistas científicas. Esto posibilita el acceso abierto e inmediato a los artículos y mayor velocidad en la publicación.

La “vía verde” de acceso abierto, la más recurrente hoy entre las potencias científicas, es una opción más reciente para los países latinoamericanos. En este modelo, el autor archiva en el banco de datos de su institución, abierto al público, una copia de su trabajo publicado en periódicos cerrados. Pero para ello necesita el permiso de la revista, que puede cobrar tasas extras para el acceso abierto a sus artículos o estipular un período de embargo para la disponibilidad de su contenido en esos repositorios.

El Directorio de Repositorios de Acceso Abierto registra cerca de 350 de ellos en América Latina. Brasil, con 97, encabeza la lista, seguido por Perú (48), Colombia (47) y Argentina (44). Administrados por las propias instituciones, estos bancos de datos abarcan textos completos de tesis, disertaciones y artículos científicos, además de otros documentos institucionales.

A través de la tendencia europea, América Latina ya ha comenzado a establecer redes para integrar, regional e internacionalmente, sus repositorios institucionales, destacándose en este ámbito La Referencia. Pero las negociaciones entre instituciones de investigación de la región —que tienen una parte importante de su producción científica publicada en periódicos cerrados— con las editoriales científicas internacionales para la puesta a disposición de esa producción en sus repositorios todavía están en pañales.

Fragilidad y desafíos
La implementación de repositorios de datos brutos de investigación, un paso importante en el movimiento de la ciencia abierta, también camina de forma más lenta en América Latina, con apenas algunas iniciativas en curso.
 
En la esfera legal, los avances son igualmente lentos; pocos países tienen legislaciones específicas sobre acceso y ciencia abierta, siendo Perú, Argentina y México algunas de las raras excepciones.

En términos de infraestructura digital, todavía hay dificultades técnicas que deben ser solucionadas, desde ampliar el acceso a internet hasta garantizar la interoperabilidad entre sistemas nacionales, regionales e internacionales de acceso abierto.

Así, podemos constatar que, aunque el ambiente es favorable a los movimientos del acceso y de la ciencia abierta en América Latina, con varias iniciativas importantes y carreteras abiertas, incluso con parte del camino ya marcado, la región todavía necesita enfrentar muchos desafíos para convertirse en protagonista de estos procesos.

Priorizar y fortalecer las revistas nacionales, incorporar el uso de indicadores de acceso abierto como parte de la evaluación de los investigadores, incrementar las cooperaciones internacionales y negociar con las grandes editoriales mejores contratos para acceder al contenido de las revistas internacionales y también para hacer más accesible sus contribuciones en esas publicaciones, son acciones fundamentales para el avance de estos movimientos en América Latina.

Por último, está claro que necesitamos menos políticas institucionales dispersas y de más políticas de estado centralizadas, con diferentes mecanismos para impulsar el acceso abierto en la región.

Una discusión más amplia y una mayor diseminación de los conceptos y objetivos de la ciencia abierta también son esenciales para que la comunidad científica se apropie de hecho del movimiento. A largo plazo, sin embargo, lo que resulta realmente necesario es cambiar la lógica de la producción y circulación del conocimiento científico; eso si lo que está en juego es una ciencia verdaderamente abierta, transparente, accesible y conectada con las demandas de la sociedad.