Republicar

Sin costo alguno, usted o su medio pueden publicar este artículo en línea o de manera impresa, gracias a nuestra Licencia de Atribución de Creative Commons. Lo animamos a hacerlo siguiendo estas sencillas instrucciones:
  1. Dar el crédito a los autores.
  2. Dar el crédito a SciDev.Net y si le es posible incluir nuestro logo y un enlace al final que lleve al artículo original.
  3. Puede también publicar las primeras líneas del artículo y luego añadir: "Lea el artículo completo en SciDev.Net" e incluir un enlace al artículo original.
  4. Si además quiere tomar las imágenes que publicamos en esta historia, deberá confirmar con la fuente original si le permite hacerlo.
  5. El modo más fácil de publicar este artículo en su sitio es usando el código que incluimos a continuación.
Para mayor información revise nuestras instrucciones de reproducción y la página de medios.

The full article is available here as HTML.

Press Ctrl-C to copy

A pesar de la crisis económica que acecha a América Latina por la pandemia, varios países intentan paliar algunos de sus efectos a través de fondos para la investigación y el desarrollo tecnológico en COVID-19, sin que eso signifique necesariamente una vinculación entre las investigaciones científicas y las decisiones políticas.

En los próximos meses la región enfrentará graves problemas económicos. Según el reporte de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la situación será especialmente desafiante debido a los problemas históricos regionales: bajo crecimiento económico, débil protección social, sistemas de salud fragmentados, gran desigualdad, altas tasas de pobreza y vulnerabilidad al cambio climático.

La secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, dijo en conferencia de prensa (7 de julio), que “la pandemia traerá como consecuencia una contracción de 9.1 por ciento en el producto interno bruto, que será la más grande del siglo” en la región.

El reporte plantea que, debido a la epidemia, en América Latina habrá 230 millones de personas en condiciones de pobreza y 96 millones en pobreza extrema; también aumentará la desigualdad para mujeres, indígenas, afrodescendientes, adultos mayores, jóvenes y migrantes.

En este escenario, algunos países han destinado recursos adicionales para proyectos de investigación en ciencias (incluidas las sociales), y para el desarrollo tecnológico y de equipos médicos y fármacos, con el anhelo de poner a sus países en mejores condiciones para responder a esta epidemia y evitar depender de desarrollos extranjeros.

Sin embargo, estos apoyos no son homogéneos ni significan necesariamente una conexión entre la investigación científica y las decisiones políticas para enfrentar la epidemia.
 

“En países como el nuestro no se entiende la utilidad de la investigación científica para tratar de buscar soluciones inmediatas. Todavía se piensa que es algo extra o que es mejor esperar a que los países desarrollados nos ayuden a entender mejor las cosas y buscar soluciones”.

Paúl Cárdenas, Universidad San Francisco de Quito, Ecuador

Por ejemplo, en Brasil, el gobierno ha destinado más de US$ 100 millones —cantidad que supera a la del resto de países latinoamericanos— para investigación en vacunas, diagnóstico, prevención y control, entre otros, y para el desarrollo de tecnologías como ventiladores y pruebas diagnósticas, de acuerdo con una nota técnica de las investigadoras Fernanda De Negri y Priscila Koeller.

Sin embargo, las investigadoras consideraron solamente los recursos del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicaciones.

La Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia estima que, en total, se asignó aproximadamente el doble del valor a la investigación en COVID, considerando otras fuentes de fondos, por ejemplo, de los Ministerios de Salud (incluida la institución de investigación Fundação Oswaldo Cruz) y Educación (incluida la agencia de financiación, Capes) y fundaciones para apoyar la investigación.

No obstante, “desde el punto de vista de asesoría científica, Brasil no parece estar utilizando sistemáticamente la experiencia científica en la formulación de políticas públicas para enfrentar la epidemia (…) el gobierno brasileño ha sustituido el personal con perfil técnico, en el Ministerio de Salud, por militares con poca experiencia en el área”, afirman De Negri y Koeller.

“En países como el nuestro no se entiende la utilidad de la investigación científica para tratar de buscar soluciones inmediatas. Todavía se piensa que es algo extra o que es mejor esperar a que los países desarrollados nos ayuden a entender mejor las cosas y buscar soluciones”, dijo por Zoom Paúl Cárdenas, investigador en microbiología de la Universidad San Francisco de Quito, Ecuador, país que no ha asignado fondos públicos para investigación.

“Si nuestras mismas autoridades no entienden la importancia de la investigación, mucho menos querrán apoyarla”, precisó.



En México, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología ha destinado más de US$ 15 millones para financiar 102 proyectos de investigación elegidos de entre más de 1.200 propuestas.

“Teníamos dos opciones: seguir siendo espectadores o realmente convertirnos en protagonistas de lo que queremos que suceda en México y en la región”, dijo a SciDev.Net Aideé Orozco, directora adjunta de Desarrollo Tecnológico e Innovación de la entidad.

En Argentina, como parte de la Unidad Coronavirus, se han distribuido US$ 10 millones para financiar 84 proyectos que buscan soluciones a corto plazo para distintos problemas generados por la pandemia.

“Ni los laboratorios ni los equipos de investigación son nuevos, pero ahora vemos la importancia de tener políticas públicas que sepan conducir esas capacidades hacia resolver los desafíos que la sociedad enfrenta”, dijo a SciDev.Net, Fernando Peirano, presidente de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación de Argentina.



También Perú ha destinado poco más de US$ 6 millones para investigación en la que participan universidades, institutos y centros de investigación públicos o privados, e incluso pequeñas y medianas empresas tecnológicas o innovadores individuales. Los proyectos incluyen desde el desarrollo de una vacuna hasta el estudio de la enfermedad en pobladores residentes en altura.

En Uruguay, la Agencia Nacional de Innovación e Investigación hizo una serie de llamados extraordinarios, denominados "Desafíos" con subvenciones de entre US$ 140.000 y 180.000 para proyectos vinculados a la pandemia. Y las donaciones de empresas y grupos de la sociedad civil están permitiendo el secuenciamiento de las cepas del virus SARS-CoV-2 que circula en el país y el diseño de políticas sanitarias.

Otros países, como Costa Rica, han hecho inversiones gracias a la intervención de universidades, empresas y fondos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo, con más de US$ 1 millón para proyectos de investigación para detección, tratamiento y control de COVID-19.

A nivel regional, el Fondo de Convergencia del Mercosur aprobó US$ 16 millones como parte de un fondo extra para la lucha contra COVID-19 en los cuatro países miembros (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). Del total, ya se han destinado US$ 5,8 millones a proyectos de diagnóstico del virus, y detección de anticuerpos en las personas para determinar cuántas ya han sido infectadas.

Sin embargo, además de los desafíos de investigación la región debe hacer frente a problemas de burocracia y limitantes fiscales.

“Si nos donan US$ 2,000 en reactivos, nos toca pagar US$ 500 en impuestos, por ejemplo”, dijo Cárdenas. Por eso, según él, no siempre es falta de dinero sino de trabas que ponen los mismos países para que sus investigadores aprovechen esos recursos.

Con reporteo adicional de Martín de Ambrosio (Argentina), Luisa Massarani (Brasil), Alejandro Portilla Navarro (Costa Rica), Gabriela Arévalo (Ecuador), Zoraida Portillo (Perú) y Daniela Hirschfeld (Uruguay)