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Desde que comenzó la pandemia de la COVID-19, en el mundo se han perdido 400 millones de empleos. De ese total, 15 millones corresponden a Latinoamérica y el Caribe y se suman a los 26 millones de cesantes que ya había con anterioridad, llegando a un récord histórico de 41 millones de desempleados en la región.
 
Así lo señalan dos informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que dan cuenta del sombrío panorama que el empleo está viviendo en el mundo y en Latinoamérica.
 
La enorme proporción de trabajo informal en la región y una economía mundial en recesión harán más lento el proceso de recuperación laboral, advierte el documento.
 
Solo en el segundo trimestre de 2020 en Latinoamérica y el Caribe las horas laborales descendieron en 20 por ciento, lo que equivale a 47 millones de empleos de tiempo completo. Este porcentaje es superior a la disminución a nivel mundial y que llegó a 14 por ciento.
 
La pérdida de horas laborales es una manera mucho más eficiente de medir lo que está pasando con la realidad laboral, dice por teléfono a SciDev.Net Juan Bravo, investigador del Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales (Clapes) de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
 


Ese parámetro no solo considera a las personas que están buscando trabajo, sino también a quienes dejaron de hacerlo por distintas razones, como el miedo a contagiarse por la pandemia o porque las ofertas de empleo han bajado considerablemente, explicó.
 
Según las estimaciones de la OIT, América del Sur ha sido la más golpeada con una merma de horas de trabajo de 20,6 por ciento. En América Central y América del Norte las pérdidas fueron de 19,2 por ciento y 15,3 por ciento, respectivamente.
 
“Esto es reflejo de las fisuras que tiene el sistema en los países de Latinoamérica y que vienen arrastrándose desde 30 o 40 años atrás”, asegura por WhatsApp a SciDev.Net Luciana Zorzoli, académica de la Escuela de Negocios de la Universidad de Cardiff, Reino Unido.
 
La pérdida de la protección social o la privatización de los sistemas de salud son parte de esas fisuras, pero también lo es el nivel de precariedad laboral. “Mientras que más del 50 por ciento de los trabajos son informales, estudios anteriores de la OIT dicen que seis de cada diez trabajadores viven el día a día y no pueden abstenerse de salir”, explica la especialista.
 
Ello ha sido una de las principales razones del porqué las cuarentenas en muchas partes de la región no han sido efectivas. Pero también son la principal dificultad para generar políticas de ayuda, agrega.
 
A ello se suma la gran variabilidad en tamaño que tienen las empresas. “Por ejemplo en Perú más del 90 por ciento son pequeñas, por lo que muchas tienen solo una parte de sus trabajadores contratados formalmente mientras que otras ninguno”, dice a SciDev.Net por WhatsApp María Isabel Cigüeñas, docente de la Facultad de Gestión y Alta Dirección de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
 

Lima redujo en casi la mitad el número de ocupados durante los meses del trimestre móvil marzo-mayo respecto de fines de 2019.
Crédito de la imagen: Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En ese escenario, continúa la especialista, después de la pandemia hay muchas empresas que lograrán reconvertirse e incluir a sus trabajadores en el proceso, pero un número importante no.
 
“…de ninguna manera se puede utilizar a la pandemia para precarizar el empleo, no puede ser una excusa para el empeoramiento de las condiciones laborales”, advirtió Vinicius Pinhero, director de la OIT para América Latina y el Caribe durante la presentación del informe regional, el 1 de julio.
 

Riesgo de retrocesos para las mujeres

Una preocupación que enfatiza la OIT es la situación de las mujeres y de cómo la pandemia ha hecho surgir el riesgo de que se exacerbe la desigualdad de género en el mercado laboral y se retroceda en lo avanzado.
 

“La recuperación de las tasas de participación en el mercado laboral será mucho más lenta para las mujeres, ya que los hombres saldrán con mucha más rapidez e intensidad a buscar trabajo”.

Juan Bravo, Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales, Pontificia Universidad Católica de Chile

La precariedad del trabajo de las mujeres se da por varias razones estructurales, dice Luciana Zorzoli. Por ejemplo las diferencias salariales o el doble trabajo que ellas realizan con las tareas del hogar. Pero ahora, además, se suma el que los sectores más golpeados por la crisis son los dominados laboralmente por ellas, como la alimentación, el turismo y el servicio doméstico.
 
En este último, por ejemplo, en Chile se han perdido 100 mil plazas durante la pandemia, lo que equivale a casi un tercio del total.
 
En el trimestre marzo-mayo Chile alcanzó el 11,2 por ciento de desocupación. Este número es superior al experimentado una década atrás debido a la crisis financiera internacional.
Crédito de la imagen: Organización Internacional del Trabajo (OIT).

A juicio de Juan Bravo esta diferencia se arrastrará más allá del término de la crisis sanitaria. “La recuperación de las tasas de participación en el mercado laboral será mucho más lenta para las mujeres, ya que los hombres saldrán con mucha más rapidez e intensidad a buscar trabajo”, explica.
 
Entre las medidas recomendadas por la OIT para abordar la crisis destacan ampliar la protección social y la sanidad a toda la población, prevenir la discriminación y exclusión, y fortalecer el diálogo social, la negociación colectiva y las relaciones laborales.


La actividad económica de América Latina y el Caribe para 2020 caería en 7,2 por ciento según proyecciones del Banco Mundial. Mientras que a tasa de desocupación aumentará de 8 a 12,3 por ciento.
Crédito de la imagen: Organización Internacional del Trabajo (OIT).

> Enlace al informe sobre los impactos de la COVID-19 en el mercado laboral latinoamericano.

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