16/10/20

Pandemia ensancha la brecha entre hogares pobres y ricos

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La informalidad laboral es un problema estructural de América Latina que forzó a muchas personas a salir a trabajar durante la cuarentena. Crédito de la imagen: Minagri Perú/Flickr, bajo licencia Creative Commons 2.0.

De un vistazo

  • 71 por ciento de encuestados en 17 países de la región tiene un miembro del hogar que perdió el empleo
  • Otro 58 por ciento informó que un miembro del hogar cerró su negocio entre marzo y abril
  • En hogares con pérdidas de empleo, riesgo de pasar hambre o empeorar dietas aumenta 25 por ciento

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El impacto económico provocado por la pandemia de COVID-19 es desproporcionadamente mayor en los hogares pobres de América Latina en relación a los de ingresos altos.

Un estudio publicado en la revista Plos One, realizado a partir de una encuesta online a 230.540 personas de 17 países latinoamericanos, encontró que en aquellos hogares en los cuales los ingresos totales de sus miembros no alcanzan el salario mínimo de cada país, el 71 por ciento de  encuestados reportó que un integrante de su núcleo familiar se quedó desempleado debido a medidas restrictivas por la pandemia.
 
En general, un 45 por ciento de participantes conviven con alguna persona que perdió su trabajo en los primeros meses de la pandemia y, entre los hogares que poseen pequeñas empresas, el 58 por ciento de los encuestados informó que un miembro del hogar ha cerrado su negocio, de acuerdo con el relevamiento realizado entre finales de marzo y abril.   

“Si bien era de esperarse que los hogares más pobres fueran los más golpeados, lo que no se esperaba era la magnitud y amplitud de la desigualdad de resultados del mercado laboral”.

Bridget Hoffmann, Banco Interamericano de Desarrollo

Estos datos contrastan con la situación informada por aquellas personas de hogares con ingresos más altos —aquellos cuyos miembros en conjunto reúnen 11 salarios mínimos o más—, donde  solo un 14 por ciento de encuestados reportó la pérdida de empleo de algún miembro del hogar y 61 por ciento el cierre de un negocio.

Una explicación para este impacto económico extendido y desigual a la vez es la informalidad laboral presente en la región, estimada en un 54 por ciento por la Organización Internacional del Trabajo. 
 
"Es una causa muy importante, pero no la única. Además de la informalidad, América Latina y el Caribe presentan muchas barreras de acceso a internet, las cuales impidieron que el teletrabajo sea una salida disponible en muchos hogares, especialmente en los de ingresos bajos”, explicó a SciDev.Net, por correo electrónico, Diego Vera-Cossio, investigador del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), coautor del análisis.
 
Solo en un 30 por ciento de hogares con salarios por debajo del mínimo oficial de cada país se trabaja a distancia, mientras que en aquellos de ingresos más altos el teletrabajo asciende al 76 por ciento, resalta el estudio.

No todos los hogares están en capacidad de implementar el trabajo a distancia.
Crédito de la imagen: Zoraida Portillo.

"Si bien era de esperarse que los hogares más pobres fueran los más golpeados, lo que no se esperaba era la magnitud y amplitud de la desigualdad de resultados del mercado laboral”, señaló por correo electrónico Bridget Hoffmann, otra de las coautoras, también del BID.
 
“Los datos muestran que la región está retrocediendo en términos de pobreza y desigualdad a causa de la pandemia. La gran incógnita es cómo será la recuperación económica y si estos efectos serán permanentes o no", expresó a SciDev.Net el economista Nicolas Bottan, profesor en la Universidad Cornell, Estados Unidos, también coautor de la publicación.
 
El estudio advierte que las posibilidades de que una familia pase hambre o experimente cambios en su dieta aumentan 25 por ciento en relación con aquellos hogares en los que no hubo pérdidas de trabajo.
 
“Si bien los empleos eventualmente volverán, políticas en los sectores de salud y educación que atenúen los impactos negativos van a ser cruciales", apuntó Vera-Cossio.

El estudio además analizó la aprobación de las políticas públicas para frenar la propagación del coronavirus. Según la encuesta, en los hogares que experimentaron la pérdida de un trabajo, el apoyo a las medidas oficiales de cierre de comercios considerados no esenciales cayó, en promedio, por debajo del 50 por ciento dos meses después de que cada país registrara su primer caso positivo de COVID-19.

Para Inés Nercesian, investigadora argentina del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, condiciones estructurales de la región, previas a la pandemia, como la informalidad laboral, la subocupación y la desocupación dificultaron la implementación y cumplimiento de las medidas dispuestas por los gobiernos tendientes a frenar la propagación del nuevo coronavirus.

A través de una comunicación telefónica, Nercesian, quien no participó del estudio, explicó que en aquellos países, como Perú, en donde se registra una alta tasa de informalidad laboral, las dificultades para implementar una cuarentena quedaron en evidencia a partir de que muchas personas tuvieron que salir a trabajar.
 
“En los hogares donde la situación ya era previamente vulnerable hay menos margen para resistir el embate de un contexto extremadamente crítico a nivel económico, social y humano”, afirmó la investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
 
“Obviamente va a haber una recuperación, pero tenemos que tener cuidado de que no sea a costa de profundizar la concentración de la riqueza y las desigualdades”, concluyó Nercesian,  quien consideró que esta clase de análisis son importantes para el diseño e implementación de medidas gubernamentales.
 
> Enlace al artículo completo en Plos One

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