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La gente necesita entender las motivaciones detrás de la desinformación y las campañas de noticias falsas para poder combatirlas, dijo la física Julia Tagüeña, de la Universidad Nacional Autónoma de México, en una mesa redonda organizada por SciDev.Net.

“No es casualidad; hay un propósito subyacente”, dijo Tagüeña en la mesa, convocada para investigar formas de combatir la infodemia vinculada a COVID-19.

La infodemia se define como una sobreabundancia de información —alguna precisa y otra no— que se produce durante una epidemia, lo que dificulta que el público encuentre fuentes y orientación fiables.

[La desinformación] “tiene un impacto enorme, y el problema es que nadie recopila sistemáticamente esa información. Hay un gran impacto psicológico”.

Saiful Islam, programa de infecciones emergentes del icddr,b

El evento reunió a unos 50 políticos, investigadores y periodistas para discutir formas de combatir la infodemia.

Tania Valbuena, vicepresidenta de la Asociación Colombiana de Periodismo Científico, dijo en la reunión: “Nuestro trabajo como periodistas científicos es hacer que [COVID-19] sea comprensible para el público. Es un desafío realmente difícil en este momento”.

Previo a las discusiones, Saiful Islam, del programa de infecciones emergentes del Icddr,b, un instituto internacional de investigación en salud de Bangladesh, se refirió a aspectos planteados en su artículo “Infodemia relacionada con COVID-19 y su impacto en la salud pública: Un análisis global de las redes sociales”, publicado en American Journal of Hygiene and Tropical Medicine.

Islam dijo que desde que se inició el brote de COVID-19 en diciembre de 2019 ha habido oleadas de información errónea. “El último mes (agosto-setiembre) hemos estado observando una nueva ola de información errónea relacionada con las vacunas contra la COVID-19”, señaló.

 “La desinformación prevaleció mucho al inicio. Hubo una caída tal vez en mayo, junio, julio, pero ahora vemos información errónea relacionada con las vacunas que circula en las plataformas en línea”, comentó el experto.

Su artículo encontró que los rumores y la mala información sobre COVID-19 representaban un riesgo importante para la salud pública, pero hasta ahora ha habido pocos esfuerzos para medir las consecuencias de la infodemia, incluidos los impactos psicológicos.

“Tiene un impacto enorme, y el problema es que nadie recopila sistemáticamente esa información”, opinó Islam. Además, esa información tiene “un gran impacto psicológico”, subrayó.

En algunos casos, los resultados han sido catastróficos, según halló el equipo de investigadores de Islam. Al menos 800 personas han muerto después de seguir el mal consejo de que beber alcohol altamente concentrado mata al nuevo coronavirus. Casi 6.000 personas han sido hospitalizadas, mientras que 60 han quedado ciegas después de beber alcohol metílico, comúnmente utilizado como combustible y anticongelante.

Fuentes de noticias

Desarrollar la alfabetización en torno a la salud y a las fuentes de noticias entre los estudiantes puede ser una forma eficaz de garantizar que se comparta información precisa, señaló Islam.

Pero los periodistas también deben estar mejor educados en ciencias, agregó Mohamad Alawneh, gerente de North Star, organización de sostenibilidad, sin fines de lucro, de Jordania y coordinador de proyectos en la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Los científicos, por su parte, deberían estar mejor integrados en los procesos del periodismo, dijo.

 “La mayoría de periodistas busca las noticias más rápidas y más vistas, no verifican sus fuentes de información y están trabajando por la popularidad”, dijo Alawneh. Sin embargo, otros dijeron que los periodistas no tenían la culpa, ya que no tenían la intención de engañar a las personas y dependían de la información científica en constante cambio proveniente de las organizaciones internacionales y gobiernos.

“En Brasil, los periodistas han estado trabajando duro para combatir las noticias falsas”, dijo Vinícius Durval Dorne, de la facultad de educación de la Universidad Federal de Uberlândia de ese país.

Los políticos, los organismos públicos y los medios de comunicación deben esforzarse por crear un espacio público donde las opiniones diferentes, pero basadas en la evidencia, sean bienvenidas, agregó Olle Bergman, consultor de comunicaciones científicas.

“Se debe enseñar al público que la ciencia es un proceso en el que diferentes grupos de investigación ofrecen distintas explicaciones y recomendaciones”, dijo.

Esta información fue publicada originalmente en el portal global de SciDev.Net