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Según la edición de 2019 del Ranking Mundial de Universidades por Carrera QS, las universidades latinoamericanas, comparativamente con otras regiones, reportan un retroceso general en el rendimiento de muchas de las profesiones que ofrecen, y sólo Colombia registra un aumento en el número de carreras ubicadas en las mejores posiciones.

Sin embargo, hay otras noticias positivas para la región. La carrera de Ingeniería de Minerales y Minas impartida en la Universidad de Chile obtuvo el octavo puesto a nivel mundial, la mejor posición conseguida por una universidad latinoamericana en el ranking. Además, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se consolida como la mejor de la región dado que aloja a más carreras entre el top-50 que cualquier otra universidad latinoamericana.

El ranking evaluó 52 carreras de 1200 instituciones de educación superior de 78 países a través de 1.25 millones de encuestas con base en criterios como su reputación académica; la opinión de empleadores globales sobre los egresados de cada institución; las citas y el factor de impacto de los artículos producidos en ellas; y el Índice H, que valora la productividad del académico medio de cada facultad.

En su mayoría, los primeros lugares del ranking global los ocuparon universidades estadounidenses (Harvard y Stanford) y británicas (Cambridge y Oxford).

De las 1200 universidades incluidas en el ranking, 75 son de ocho países de América Latina: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Perú y Venezuela. Según los resultados del reporte, de las 555 carreras latinoamericanas evaluadas, 89 mejoraron, 129 bajaron de posición y el resto no registró cambios.

No es lo mismo contar con un sistema educativo de 1000 universidades y tener 15 en el top 100, que un sistema de 50 universidades que cuenta con 10 universidades en el top 100. El peso relativo hace toda la diferencia de un análisis sistémico”.

Francisco Javier Lozano, Dirección General de Evaluación Institucional, UNAM


Entre las carreras mejor rankeadas destacan: sociología, metalurgia, arte y diseño, lengua y literatura modernas (impartidas en universidades de México); teología, administración y educación (en Chile); deportes, odontología, arquitectura, arte y diseño (en Brasil); y lengua y literatura modernas (en Argentina).

Solamente Colombia aumentó el número de carreras en el top-50, top-100 y top-200 y también fue el país que tuvo un mayor incremento en su promedio con base en la opinión que empleadores globales tienen sobre los egresados colombianos, pues pasó de 70.49 en 2018 a 74.78 en 2019.

Para Pedro Hernández Santamaría, investigador en educación superior de Colombia en la Universidad de los Andes, el éxito de la educación de su país se debe, por un lado, al fomento de capital humano de alto nivel que hizo que el país pasara de 3,8 doctores por millón de habitantes en 2009 a 12,6 en 2016; y por otro, al apoyo oficial que propició que pasara de 239 becas de doctorado y 445 de maestría, en 2007, a 872 y 5299 becas, respectivamente, para 2016, según cifras del Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología.

Pero, según el especialista, lo que probablemente ha tenido un mayor efecto ha sido una política estatal llamada “Ser pilo paga”, implementada por el gobierno de 2014 a 2018 para financiar, a modo de crédito, el 100 por ciento de la matrícula universitaria de 40.000 jóvenes de bajos recursos. Para participar, los estudiantes debían tener un alto puntaje académico y estar inscritos en una institución de educación superior registrada en el programa. Si aprobaban todos los semestres, el crédito era condonado.

Dado que la mayoría de los beneficiarios eligieron universidades privadas, el programa también propició problemas pues se convirtió en una forma de transferir recursos públicos a instituciones privadas y agudizó las necesidades económicas de las públicas. Para las privadas, el programa “les permitió no sólo mejorar sus instalaciones, sino también invertir en mejorar sus programas de bienestar, sus esquemas de apoyo a la investigación y formación docente, entre otras iniciativas que probablemente les aseguró mejoras en los indicadores en general”, afirmó a SciDev.Net Hernández Santamaría.

Esto explica que las carreras impartidas en universidades privadas incluidas en el ranking hayan superado, en cantidad, a las que se imparten en instituciones públicas (41 contra 38).

Por este tipo de matices es que, desde hace varios años, muchos países mantienen una posición crítica respecto a los rankings. En 2012, 70 universidades públicas y privadas firmaron un manifiesto advirtiendo que los rankings se basan en un “modelo predominante de universidad elitista de investigación de los Estados Unidos”, lo que implica “la consecuente pérdida de identidad de la universidad latinoamericana”.

Para Francisco Javier Lozano, Subdirector de Seguimiento Institucional de la Dirección General de Evaluación Institucional de la UNAM, “la metodología aplicada arroja como resultado enormes variaciones año con año”, por lo tanto “no proporciona elementos de juicio válidos sobre el desempeño de las instituciones de educación superior ni permite comparar avances o retrocesos a lo largo del tiempo”.

“Hay que tener cuidado en reconocer las diferencias”, afirmó Hernández Santamaría. “No es lo mismo contar con un sistema educativo de 1000 universidades y tener 15 en el top 100, que un sistema de 50 universidades que cuenta con 10 universidades en el top 100. El peso relativo hace toda la diferencia de un análisis sistémico”.

Si no se toman en cuenta las diferencias en sus tradiciones universitarias y de inversión para educación superior e investigación científica, los especialistas coinciden en que los rankings seguirán generando condiciones de comparación desventajosa para Latinoamérica.

Enlace al ranking.

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