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Tras dos años de estancamiento, las emisiones globales están aumentando nuevamente, lo que reduce aún más las escasas posibilidades de mantener el calentamiento global en 1,5°C por encima de los niveles preindustriales, revela un informe dado a conocer durante las conversaciones climáticas de la ONU (COP24) que se realizan en Katowice, Polonia.
 
El Proyecto Global de Carbono 2018, un esfuerzo de investigación que captura las emisiones y las tendencias de consumo de energía, encontró que para finales de este año los humanos habrán liberado a la atmósfera 2 por ciento más de gases invernadero que en 2017. Esto sugiere que la región de América Latina, que alberga uno de los principales sumideros de carbono del mundo, podría enfrentar una responsabilidad aún mayor para preservar sus bosques, en un momento en que la deforestación está siendo mayor. 
 
El marcado aumento en el consumo de carbón en China y Estados Unidos está impulsando la tendencia, pero el problema se agrava porque otros países no están logrando reducir sus emisiones como lo prometieron, dice la autora principal del informe, Corinne Le Quéré, científica del clima y experta en políticas climáticas de la Universidad de East Anglia del Reino Unido.
 
Si bien el fuerte aumento en el uso de energía renovable da razones para el optimismo, "los esfuerzos no se han expandido al resto de la economía, por lo que las emisiones del transporte, los edificios y la industria no están disminuyendo", señala.

Launch Nature Commentary COP 24
La investigadora Corinne Le Quéré comenta en la COP24 en Katowice datos sobre el Proyecto Global de Carbono 2018.
Crédito: © cop24.gov.pl.
 
Las cifras por países muestran un fuerte crecimiento en la producción de energía renovable en Brasil entre 2012 y 2017, pero una combinación de petróleo, gas y carbón sigue dominando el mix energético de ese país por un amplio margen. La deforestación también aumentó 14 por ciento en 2018 en comparación con el año anterior, según el instituto nacional de investigación espacial de Brasil, INPE.
 
Los hallazgos de Le Quéré se basan en otra nueva investigación que destaca algunos contratiempos inesperados. El Informe de la Brecha de Emisiones de la ONU, que mide la diferencia entre la trayectoria de emisión necesaria para lograr el objetivo internacional de mantener el calentamiento global a 1,5°C y las actuales tendencias de contaminación de los gases de efecto invernadero, encontró que los dos caminos están divergiendo más de lo que se pensaba anteriormente.
 
Si bien los compromisos globales climáticos combinados reducirían las emisiones entre 53 y 56 gigatoneladas de CO2 equivalentes (GtCO2e) para 2030, prevenir un aumento de temperatura por encima de 1,5°C implicaría reducirlas a 24 gigatoneladas (GtCO2e). Estas cifras abstractas están en el centro de los cambios brutales que el mundo ya está enfrentando y que afectarán especialmente a los países más pobres.
 
En poco más de una década se espera que el cambio climático provoque una reducción de los rendimientos agrícolas en África y el sur de Asia, aumentando el precio de los alimentos y exacerbando la pobreza.
 
Un nuevo informe de The Lancet encontró que un planeta más cálido probablemente incrementaría la incidencia de enfermedades transmitidas por vectores, así como otros riesgos para la salud relacionados con el estrés por calor en todo el mundo.
 
Taryn Fransen, especialista en políticas climáticas del Instituto de Recursos Mundiales y coautora del informe de brecha de emisiones, explica que los nuevos hallazgos son más pesimistas porque los grandes estudios publicados este año han hecho a los científicos "más cautelosos sobre el potencial de implementar tecnologías de emisiones negativas". Mientras que los modelos anteriores dependían en gran medida de la capacidad tecnológica para extraer el CO2 de la atmósfera, se está haciendo evidente que tales soluciones aún no son viables ni financiera ni técnicamente. "Eso significa que tenemos que reducir las emisiones mucho más rápidamente", anota Fransen.
 
Este crudo recordatorio se da en un momento trascendental para América Latina y para Brasil en particular, pues el país debe lidiar con una nueva administración escéptica del cambio climático. En una reciente entrevista a Climate Diplomacy, Carlos Rittl, secretario ejecutivo del Observatorio de Cambio Climático de Brasil, dijo que "si todo lo que Bolsonaro ha prometido se implementa, la tasa anual de deforestación podría triplicarse en cuatro años; sería un desastre".
 
Jair Bosonaro, un militar de reserva, ultraderechista no cree en el cambio climático y ha prometido seguir el ejemplo del presidente estadounidense Donald Trump en esta materia y retirar a su país del Acuerdo Climático de París. Su plan de gobierno en el tema ambiental supone una enorme amenaza a las conquistas alcanzadas en las últimas décadas en el país en cuanto a legislaciones y políticas ambientales.
 
El consecuente nombramiento del diplomático Ernesto Araújo —otro escéptico del cambio climático— como ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, así como la decisión de retirar la postulación de su país para albergar la ronda de conversaciones climáticas de la ONU el próximo año (COP25), son indicios de una sólida agenda contra el ambiente que preocupa a los observadores internacionales.