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En los países en desarrollo, vivir a menos de 10 km de un área protegida (AP) con turismo establecido tendría efectos benéficos sobre la salud infantil y la disponibilidad de recursos económicos familiares.
 
Las AP, como parques nacionales o reservas naturales, son espacios geográficos manejados con el objetivo de conservación a largo plazo y fundamentales para la biodiversidad. Pero suele haber dudas sobre sus impactos en quienes residen cerca de ellas y dependen de sus recursos naturales.
 
Un trabajo publicado en Science Advances encontró que los hogares próximos a las AP y que cuentan con turismo frecuente tienen 17 por ciento más de riqueza y 16 por ciento menos de probabilidad de pobreza que aquellos distantes en más de 10 km de esas áreas.
 
Por otra parte, los niños menores de cinco años que viven cerca de AP consideradas de uso múltiple tuvieron un 10 por ciento de puntuaciones mayores en altura para su edad, y 13 por ciento menos de probabilidades de tener retraso de crecimiento que sus pares de características similares que habitan fuera de ese radio.
 
"En las áreas de uso múltiple se ven muchos impactos positivos para la salud y la riqueza de las personas", dijo a SciDev.Net el antropólogo Drew Gerkey, de la Universidad Estatal de Oregón, Estados Unidos, coautor de la investigación. Añadió que en ellas, "los límites se relajan de una manera que permite a las personas locales acceder a los recursos, sin afectar el objetivo más amplio de la conservación".
 
El equipo, conformado por conservacionistas, expertos en salud, demógrafos, economistas ambientales, ecólogos, geógrafos y antropólogos, relacionó información disponible sobre salud materna y reproductiva, crecimiento infantil y bienes materiales en el hogar, con capas de datos espaciales sobre el entorno biofísico de las AP, creando una base de datos georreferenciada.
 
Para ello usaron encuestas estandarizadas de demografía y salud de alrededor de 87 mil niños en 60 mil hogares ubicados en relación a 600 áreas protegidas en 34 países en desarrollo, cuatro de ellos de América Latina (Bolivia, Colombia, República Dominicana y Perú). 
 
El autor principal del estudio, Robin Naidoo, del Fondo Mundial para la Naturaleza, en Washington, y la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, dijo a SciDev.Net: “Sabemos desde hace tiempo que parques naturales y reservas bien administrados contribuyen a conservar la biodiversidad, pero ahora podemos agregar que también inciden sobre la salud humana y los modos de subsistencia".
 
Marc Dourojeanni, profesor Emérito de la Universidad Nacional Agraria La Molina, de Lima, destaca que el estudio está muy bien hecho y llena un antiguo vacío: “Confirma con datos sólidos lo que ya sabían bien los que trabajan en AP en América Latina. En el Perú, por ejemplo, la Reserva Nacional de Paracas  permitió el establecimiento de una ciudad con más de 80 hoteles, donde antes no existía más que una miserable aldea de pescadores; hasta posibilitó la creación de un nuevo municipio. Lo mismo es bien conocido del Parque Nacional Iguazú en el Brasil”.

Sabemos desde hace tiempo que los parques naturales y reservas bien administrados contribuyen a conservar la biodiversidad, pero ahora podemos agregar que también inciden sobre la salud humana y los modos de subsistencia

Robin Naidoo, Universidad de Columbia Británica, Vancouver


Agrega que AP en lugares más alejados, como la Amazonia, han dado resultados más modestos, pero indiscutibles, como la Reserva Nacional Tambopata, o el Parque Nacional del Manu, en Perú. “Esta investigación refuta las críticas no basadas en evidencias de algunos científicos sociales que sostienen que las AP perjudican a las comunidades locales”, dice a SciDev.Net.
 
Para Ángel Bustamante González, del Colegio de Posgraduados Campus Puebla, en México, el resultado es acorde con evidencias empíricas de las AP donde las instituciones gubernamentales o las comunidades rurales han desarrollado infraestructura y actividades de servicios turísticos importantes, como la Reserva de la Biósfera Mariposa Monarca o algunos parques nacionales marinos en México.
 
“Sin embargo, en países como México, la mayoría de AP no tiene actividad turística, sino que fueron decretadas sin el consentimiento de los pobladores locales y poseen fuertes deficiencias de atención, tanto en inversión económica como en recursos humanos, con serios conflictos por el uso de la tierra y sus recursos naturales, particularmente en zonas con comunidades originarias, donde la población percibe a los decretos de AP como una expropiación disfrazada de su territorio”, dice a SciDev.Net.

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(Cuadro elaborado en base a datos de la UICN)

Considera “inadecuado, desde una perspectiva de investigación científica, sugerir que los resultados del estudio puedan coincidir con la evidencia empírica, dado que el estudio es macro, un meta análisis, y la gran mayoría de experiencia empírica es local o regional, donde es común documentar evidencias de pocos impactos positivos de las AP sobre el bienestar de la población cercana a ellas, e incluso efectos negativos”.
 
Además —añade— se soslaya que los países en desarrollo se caracterizan también por una falta de monitoreo de los efectos de las AP, no solo sobre el bienestar de la población, sino también sobre el mejoramiento de las condiciones ambientales”.
 
Desde Valdivia, Chile, Ignacio Rodríguez-Jorquera, director ejecutivo del Centro de Humedales Río Cruces, se mostró sorprendido ante SciDev.Net por la magnitud de datos analizados en la investigación, y por el  “potente impacto positivo que le confiere a la educación, según el estudio, el factor más poderoso”.  
 
La investigación encontró que el nivel educativo familiar aparece fuertemente asociado con mayor crecimiento infantil y desarrollo físico y mayor riqueza, y una probabilidad más baja de ser pobre (34 por ciento en ambos indicadores).

“Nuestro estudio apoya la idea de que las AP pueden beneficiar a la población local cuando se permite un cierto nivel de acceso y apoyo al turismo. Pero necesitamos saber más sobre las condiciones que permiten el uso múltiple y el turismo para mejorar el bienestar de las personas, y eso requerirá más investigación en el terreno”, concluye Drew Gerkey.

Enlace al estudio en ScienceAdvances